Terminaron de desayunar y salieron para la reserva de osos, un asistente la había avisado a Aydan que tenía un oso enfermo, estaba herido por una trampa que habían puesto cazadores ilegales, el viaje en la camioneta fue silencioso; Aydan estaba avergonzado, sentía que por su culpa la relación con Koral se había deteriorado, mientras conducía pensaba en la forma de disculparse con ella, quería demostrarle que su arrepentimiento era genuino, no sabía porque pero para él era importante volver a ver el brillo de sus ojos que en el momento estaban apagados.
Llegaron a una cabaña que tenía al lado una gran jaula, un fuerte rugido se escuchó a lo lejos, en cuanto estacionaron una chica de los auxiliares del refugio se aproximó corriendo.
- Doctor Arlez, el oso está agresivo, ya casi rompe la puerta, la ha golpeado desde temprano, hemos intentado retenerlo pero no hemos podido, ya le hemos dado tres disparos y no hemos podido dormirlo, ahora nos da miedo darle más.
- Ok, ya llegamos, vamos a mirarlo, no te preocupes alista lo de la curación.
- Si señor – Cuando el auxiliar volteó para ponerse en marcha se encontró con que Koral estaba ingresando a la jaula del oso – Por Dios que hace esa mujer allí. – Aydan levantó la mirada y sintió un gran peso en el corazón.
- ¡¡¡KORAL!!! – gritó con todas sus fuerzas mientras corría hacia la jaula, ella lo miró fijo para tranquilizarlo, entonces escuchó la voz de Hugo.
- Papá, no te preocupes, ella hizo contacto, mira, los ojos del oso perdieron el brillo agresivo. – Aydan no estaba seguro.
- Pero… - Hugo le tomó la mano a su padre.
- Confía en ella – luego de un momento él asintió aunque se paró cerca de la puerta apuntando al oso con el rifle y su auxiliar le apuntaba con una pistola de tranquilizantes.
Koral no hizo nada, levantó su mano y sonrió, el oso estaba en dos patas y descendió para luego caminar despacio hacia ella, cuando llegó agachó la cabeza y la puse bajo la mano de Koral, ella le acarició detrás de las orejas y sintió un gran bulto, asintió y luego le dio un gran beso cerca a la boca, el oso la abrazó lo que puso tenso a Aydan.
- Koral, ¿Estás bien? – ella sólo asintió mientras le acariciaba la espalda al oso como dándole consuelo.
Aydan entró suavemente dejando el rifle parado al lado de la puerta, se acercó hasta que tocó a Koral, se sorprendió un poco cuando escuchó unos gruñidos, pero se quedó donde estaba porque después de hacer contacto con Koral entendía lo que esos gruñidos querían decir.
- ¿Abejas? –
- // Picaduras de abejas, un panal, Beto puso un panal cerca de su comida y luego se burló de verlo corriendo para intentar quitárselas de encima mientras estaba encerrado. // -
- Entiendo, dile que se recueste para revisarlo, además hay que hacerle curación en la herida y puede que duela – ella asintió y miró al oso a los ojos, él hizo caso sin problema, tenía varios aguijones en la piel, entre Koral, Hugo y Aydan se los retiraron y desinfectaron las pequeñas heridas que ya estaban muy inflamadas, luego le hicieron curación en su pata, aunque gruñó varias veces y miraba a Aydan como si se lo quisiera comer, permitió que le dejaron un vendaje y Koral le advirtió que debía venir dentro de tres lunas a hacerse la nueva curación para que no se infectara, además le prometió estar con él ese día pero debía venir por su cuenta, el oso asintió y salió del refugio sin mirar atrás, aunque al pasar por el lado de Beto que estaba a ciedrga distancia le gruñó y se levantó en dos patas, miró a Koral quien lo reprendió con la mirada y luego salió corriendo por la ladera, Aydan miró a la auxiliar.
- Anita, vamos a ver las cámaras, dile a Beto que lo espero en la oficina. –
- ¿Las cámaras?, doctor Aydan, ¿pasa algo? –
- Por favor Anita hazme caso – ella salió en busca de su compañero, Beto llevaba varios años trabajando en el refugio y aunque a veces su comportamiento era infantil era buen trabajador, por eso le extrañaba la actitud de su jefe, aún así ella llevó a Beto a la sala de cámaras.
- Jefe, usted nunca revisa las cámaras, por qué hoy… - Beto fue interrumpido por Aydan, quien señaló la escena que estaba viendo.
- Allí, mira, ¿Qué estás haciendo? – Beto se puso pálido y tartamudeó sin poder decir nada.
- Yo….. – Aydan lo miró con ira, aún no podía creer lo que estaba viendo.
- Recoge tus cosas y vete, no puedo creer que hayas hecho esas canalladas a un anim@l indefenso. –
- ¿Indefenso?, apuesto que si le doy oportunidad me mata. – Respondió el otro casi sin poder respirar.
- El oso actúa por instinto, tu tienes raciocinio, piensas, usas el cerebro; vete y no se te ocurra volver ni aquí ni a ningún zoológico o criadero, porque voy a pasar estas imágenes a todos ellos. – el hombre salió de la oficina dando pisotones, Aydan se sentó de forma ruidosa en su silla resoplando, Koral se puso de cuclillas frente a él y le tocó el dorso de su mano suavemente y le habló con temor.
- // Gracias // - él la miró a los ojos.
- Gracias ¿por qué? –
- // Por creerme, por permitirme ayudar // -
- Estuve muy asustado – Volteó su mano y apretó la de ella – te conozco hace dos días y ya no sé que haría si te pasa algo – ella sonrió pero soltó su mano, sentía su rostro caliente y tenía vergüenza de que Aydan la viera sí, por lo que se levantó de donde estaba y salió hacia el patio del refugio.
Estuvieron en el refugio todo el día, comieron algo que llevaban en una canasta y durante la tarde atendieron otros anim@les que estaban heridos, Aydan dejó encargada a Anita de la curación de estos anim@les que extrañamente estaban más dóciles que de costumbre, se habían comprometido con Koral a dejarse tratar sin dar problemas, hasta una serpiente cascabel que habían encontrado hace días enredada en un caucho de latas de cerveza y estaba muy herida, esta vez no intentó atacar, al contrario, se enroscó en Koral y le acarició la mejilla con la cabeza, Hugo estaba maravillado, nunca pudo acariciar ninguno de estos anim@les por peligrosos, pero ahora hasta había jugado con el puerco Espín sin que lo atacara.
En la noche regresaron a casa y Aydan y Hugo volvieron a preparar la cena, el niño se encontraba en vacaciones escolares por lo que no tenía ninguna otra obligación que no fuera pasar el tiempo con su papá y ahora con Koral que aunque estaba feliz, había algo que la estaba afectando y padre e hijo lo sabían, pero no podían acercarse lo suficiente a ella para que se los contara.
Al día siguiente después del desayuno decidieron ir a la playa, así Koral podía restaurar energía, había una playa en la reserva que estaba tan adentro del bosque que nadie la frecuentaba; hicieron las curaciones que estaban pendientes muy pero muy rápido y luego se dirigieron al acantilado donde estaba el pasaje para entrar a la playa, aunque caminaron casi media hora e iban en silencio, no era un silencio incómodo, al igual que cuando fueron al mercado Koral iba en medio de padre e hijo sujetándoles la mano para poder hablar con los dos, Hugo hizo muchas preguntas, Aydan unas pocas, pero aunque no preguntara escuchaba con mucho cuidado lo que Koral le decía a su hijo.
Estaban en una gruta formada por dos peñascos, era atravesada por una arrollo de agua dulce el cual tenía un poso en el que cabía una persona, después de pasar esta gruta y caminar otros 100 metros aproximadamente llegaron a una hermosa playa prácticamente virgen, limpia e increíblemente hermosa, Hugo se soltó y corrió más cerca del mar.
- Papá, ¿por qué nunca me trajiste?, es hermosa - Aydan se encogió de hombros.
- // Nunca he venido, es precioso, se parece a la isla Azul // Ella corrió y chapoteó el agua del mar.
- ¡¡Tengan cuidado!! – Advirtió Aydan desde la playa, niño y sirena soltaron la carcajada ante esa advertencia.
- Ten cuidado tú – dijo Hugo – yo tengo una experta en nado para salvarme, ¿Quién te salva a ti? –
- Pues moriré sólo – dijo quitándose la camisa y resoplando.
- Jajaja, tranquilo Pá, yo le digo a mi amiga sirena que te salve - dicho esto se retiró la camisa y saltó al agua, era buen nadador, sin embargo como era una playa desconocida Aydan miró a Koral y ella entendió su intención, por lo que se retiró el pantalón y lo dejó en la orilla, se dejó la camisa aunque fuera incómoda por que sabía que para los humanos el pecho femenino era un tema delicado y Hugo era apenas un alevín.
En cuanto saltó al agua una hermosa cola azul con brillos plateados se vio salir a los pocos metros y el cabello gris azulado ondeó en el agua, cuando Aydan la vio, sintió un apretón en el corazón que hacía mucho tiempo no sentía y eso lo asustó, mucho.