Las veo, las analizo, las repelo. Ambas mujeres vienen directas a mí con caminar un poco torpe, pero seguro. Veo a mi padre aparecer detrás de ellas con mirada impasible. Está obstinado porque resulta que yo he llamado y esas dos mujeres justo están alcoholizadas. Estaban muy relajadas esperando para seguir con su velada en la cena y yo he llamado para estropearla con Siena inconsciente en la cama. Los ojos azules de mi amigo están tan abiertos como los de Mali. A ella también la he llamado y aunque llegó mucho antes y más calmada, por supuesto que me soltó la reprimenda la muy obstinada. Igual que aquella vez en esa sala de emergencias, al parecer, las cosas no cambian. «¿Pero qué carajos hacen todos ellos aquí? ¿Era necesario toda la familia para esto?» El tío Arnold con la tía Lucia

