—¿Lista para irnos? —¿Por qué la impaciencia? —enarca su ceja—. ¿Algún motivo en específico? —¿Y todavía me lo preguntas? —acorto la distancia—. No sé qué carajos tiene tu perfume, pero me tiene con la boca hecha agua. Así que, si aún te quedan dudas, te las aclaro una vez más, cría del carajo —sostengo su mentón y me acerco a sus labios—. Quiero. Follarte. Duro. Rápido. Despacio —puntualizo cada palabra en leves susurros—. No te imaginas lo que me he contenido para no hacerlo aquí mismo, pero si sigues probando mi cordura, créeme que no me importará un carajo quién nos vea. Me mira con sus ojos dorados sin darme réplica como al comienzo. Me encanta dejarla en estos casos sin saber qué decirme al respecto. Puede que mi leoncita tenga una lengua viperina, pero cada vez que le digo lo que

