Capítulo 8: La Tinta del Fantasma

2359 Words

El clic del picaporte era metálico y frío. Isabella empujó la puerta. El aire que la toque no fue el de una confrontación. Fue el aire viciado y estéril del gobierno. La sala 304 B no era una oficina de juez. Era una sala de conferencias barata, sin ventanas, iluminada por un tubo fluorescente que zumbaba, un zumbido agudo que se clavaba directo en el cerebro. El olor a polvo y café quemado de la mañana (el mismo del vestíbulo) era más fuerte aquí. Había una mesa larga de madera laminada, rayada con años de firmas y aburrimiento. En la cabecera, se sentaba un funcionario público de aspecto cansado, con una corbata mal anudada, que miraba su computadora como si fuera el enemigo. Y en el lado derecho de la mesa... No había un fantasma. No había un cobarde. No había un hombre. Había do

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