El portarretratos se sintió como un bloque de hielo en su mano. El silencio en la habitación del Ala Este era absoluto, denso. El único sonido era el murmullo lejano del sistema de ventilación y el latido de su propio corazón, que golpeaba con fuerza contra sus costillas. Alexander estaba parado en el umbral. Inmóvil. Una estatua de furia helada. Su mirada no estaba en Isabella. Estaba clavada en la foto. En la sonrisa de su madre. En la risa de Isabella. En el abrazo. —"¿Cuántas otras... omisiones... has estado guardando?" La pregunta seguía vibrando en el aire. Isabella no podía respirar. Trató de hablar, de explicar. Las palabras no salían. Él dio un paso dentro de la habitación. Luego otro. Se movió con una lentitud deliberada, depredadora, que la aterrorizó más que cualquier g

