—...de que la puerta de comunicación entre ambas habitaciones esté abierta. La voz de Alexander Vance fue un martillo de terciopelo. Serena, fría y absolutamente innegociable. El gerente del Dolder Grand, un hombre suizo acostumbrado a los caprichos de los multimillonarios, palideció visiblemente. —Herr Vance, la Suite Zúrich... es una suite completa. No es un anexo. La puerta de comunicación es para... para familias. —Exacto —dijo Alexander, sin mirarlo. Tomó la tarjeta dorada de su suite—. La señorita Rossi es... familia corporativa. Isabella se quedó sin aire. Familia . La palabra, en su boca, sonó como una sentencia. —Señor... —intentó protestar ella, su voz apenas un susurro. La humillación era pública. El gerente, los botones... todos la miraban ahora con esa mezcla de lástima

