Prologo
Alai Montemar
Era el día más feliz de mi vida. Me sentía la mujer más dichosa del universo.Me casaría con el gran amor de mi vida, Alejo. Desde que tengo memoria, él había sido parte de mí: primero como casi un hermano mayor protector, luego como el hombre que amaba con todo mi corazón.
Me encontraba en su casa, aprovechando que su padre estaba en un viaje de negocios. Mi madre creía que estaba en casa de una amiga, pero la verdad era que quería pasar un rato a solas con él antes de la boda.
Me miraba al espejo ansiosa en el cuarto de Alejo, con el delicado vestido blanco que me había enviado antes de tiempo. La emoción fluía en mí cuando la puerta se abrió.
Al ver al pelinegro de ojos oscuros, mi corazón se estremeció de amor.
—Mi amor, no puedes verme así… —susurré, sonriendo con timidez.
Su risa ronca llenó la habitación.
—Eres la mujer de mi vida, Alai. Nada va a arruinar nuestra suerte. En un mes serás mía para siempre.
—Ya lo soy —respondí, y me puse de puntillas para depositar un beso suave y tierno en sus labios.
Él correspondió con dulzura, abrazándome con cariño.
—Te amo —murmuró contra mi boca—. Me encanta lo hermosa e inocente que eres.
Sonreí, perdiéndome en sus ojos.
—Amor, hace días estás un poco raro. Estabas tan feliz por tu ascenso… —le comenté, preocupada.
Estaba a punto de responder cuando un fuerte golpe se escuchó desde la cocina. Los empleados tenían el día libre.
—¡Quédate aquí, mi amor! —ordenó con urgencia—. Enciérrate.
Lo vi tomar su arma y salir rápidamente. Esperé nerviosa varios minutos hasta que los disparos rompieron el silencio. Alarmada, bajé las escaleras corriendo. Mi corazón se detuvo al ver a cinco hombres armados y encapuchados apuntando a mi novio.
—¡Maldito traidor!
—No sé de qué están hablando. —respondió Alejo con firmeza.
Dos de los hombres me vieron en lo alto de las escaleras y subieron. Me atraparon y me bajaron a la fuerza, colocándome frente a Alejo.
—¡Corre, Alai, corre! —gritó él desesperado.—Por favor, ella no tiene nada que ver.
El líder, vestido con traje n***o y corbata blanca, la capucha cubriendo su rostro, se acercó. Sus ojos recorrieron mi cuerpo lentamente, con un deseo oscuro y evidente.
—Tu novio no quiere hablar, Alai —dijo con voz profunda y calmada—. Y tú… eres demasiado hermosa para desperdiciarte con esta rata.
—Te repito que te estás equivocando —insistió Alejo.
El líder suspiró y se quitó la capucha con lentitud, revelando un rostro atractivo pero frío.
—El hijo de puta de tu novio me traicionó y ahora debe pagar.
Alejo palideció.
—¡Se confunden de persona! ¡Yo no soy quien buscan! ¡Esto es un error!
El líder lo miró con desprecio y luego volvió sus ojos hacia mí. Una sonrisa lenta y peligrosa se dibujó en sus labios mientras me observaba de arriba abajo.
—Quizá tengas razón… o quizá no. Pero no estoy dispuesto a arriesgarme. —Se acercó a mí, tan cerca que pude sentir su aliento cálido en mi rostro—. Voy a matarlo ahora mismo, Alai. Aquí, delante de ti. A menos que… tú me satisfagas. Completamente. Si me das lo que quiero, dejaré que tu novio siga respirando un rato más.
Mis ojos se llenaron de lágrimas. Miré a Alejo, que me observaba con desesperación y dolor. Sus labios temblaban, pero no dijo nada. El miedo y el amor me ahogaban.
— No quiero morir.
Con la voz rota y las lágrimas corriendo por mis mejillas, asentí lentamente.
—Está bien… lo haré —susurré, casi sin voz.
El líder sonrió satisfecho. Me tomó de la mano con firmeza pero sin lastimarme y me llevó hacia el despacho del padre de Alejo. Cerró la puerta detrás de nosotros.
—Buena chica —murmuró con voz ronca, cargada de deseo.
Sin decir una palabra más, me empujó suavemente contra el amplio sofá de cuero. Sus manos grandes y calientes recorrieron mi cuerpo por encima del vestido. De un solo tirón fuerte, arrancó la parte superior del vestido blanco, rasgando la tela con facilidad y dejando mis pechos firmes y desnudos expuestos ante su mirada hambrienta.
—Joder… qué hermosas tetas tienes —gruñó con admiración, sus ojos brillando de lujuria.
Bajó la cabeza y chupó uno de mis pezones con hambre, lamiéndolo y succionándolo mientras su mano apretaba el otro pecho con posesión. Sus dedos eran firmes, pero no brutales. Me acariciaba con un deseo controlado y ardiente.
Sus manos bajaron luego por mis caderas, y de otro tirón arrancó el resto del vestido y mi ropa interior, dejándome completamente desnuda frente a él. Su mirada recorrió cada curva de mi cuerpo con avidez.
—Eres aún más perfecta de lo que imaginaba —susurró mientras se desabrochaba el pantalón, liberando su v***a gruesa y dura.
Me tomó por la cintura y me recostó en el sofá. Se colocó entre mis piernas, rozando su m*****o caliente contra mi entrada. Con un movimiento lento pero profundo, entró en mí, llenándome por completo.
—Ahh… tan apretada —gimió contra mi cuello mientras comenzaba a moverse dentro de mí con embestidas largas y deliberadas—. Este coño virgen ahora va a aprender a complacerme.
Gemía con cada embestida, sus caderas chocando contra las mías con ritmo constante y profundo. Sus manos recorrían mis pechos, mi cintura y mis muslos, apretando y acariciando mientras me follaba con deseo intenso.
—Así… buena chica —susurraba con voz ronca—. Muévete conmigo. Quiero que sientas cómo te estoy marcando.
Mis lágrimas seguían cayendo en silencio mientras su cuerpo se movía sobre el mío, penetrándome una y otra vez. Era caliente, dominante y claramente excitado por tener el control total de la situación.
Cuando finalmente llegó al clímax, soltó un gruñido bajo y se corrió dentro de mí, llenándome con su semen caliente. Se quedó unos segundos más enterrado en mi interior, respirando agitado, antes de salir lentamente.
Me miró con una sonrisa oscura y satisfecha.
—Nunca olvidarás esta noche, preciosa. Te hice mujer… y esto apenas comienza.
Me levantó del sofá, todavía desnuda, con su semen resbalando por el interior de mis muslos. Me llevó de vuelta a la sala principal, donde Alejo seguía de rodillas, custodiado por los otros hombres.
Alejo me miró con los ojos llenos de dolor y culpa al verme así.
El líder se colocó detrás de mí, rodeando mi cintura con un brazo posesivo.
Me levantó del sofá, todavía con el vestido desgarrado. Me llevó de vuelta a la sala principal, donde Alejo seguía de rodillas, custodiado por los otros hombres.
El líder se colocó detrás de mí, rodeando mi cintura con un brazo posesivo.
—Tú dijiste que lo dejarías vivir… —dije con la voz quebrada, mirando a Alejo, quien lloraba en silencio.
—Por favor, no me maten… es un error… —suplicó Alejo, desesperado.
El jefe se quitó la máscara con lentitud. Ahí pude ver su rostro: cabello oscuro, ojos azules intensos y rasgos duros pero atractivos.
—No lo mires, Alai… —me gritó Alejo con voz rota—. Quien ve su rostro muere.
Instintivamente giré la cara, pero el líder me agarró de la cintura con fuerza y, con la otra mano, le disparó en la cabeza a Alejo.
—¡Alejo! ¡No! —grité desgarradoramente.
El disparo resonó en toda la sala. El cuerpo de Alejo cayó sin vida.
El líder me tomó del cuello con firmeza, pero sin lastimarme, y me obligó a girar el rostro hacia él. Sus ojos azules me miraron con una mezcla de deseo y triunfo.
—Bella Alai… —susurró con voz baja y ronca, su aliento rozando mis labios—. Ahora sí eres solo mía.
Me soltó lentamente y dio un paso atrás, observándome.
—No te llevaré hoy —dijo con calma, una sonrisa peligrosa curvando sus labios—. Pero algún día volveré por ti. Cuando menos lo esperes… volveré a buscar lo que ahora me pertenece.
Se inclinó ligeramente hacia mí, su voz convertida en un susurro:
—Hasta entonces, recuerda bien esta noche. Cada vez que cierres los ojos, sentirás cómo te follé. Cada vez que te mires en el espejo, sabrás que ya no eres la misma inocente que eras antes de que yo entrara en ti.
Luego se dirigió a sus hombres:
—Vámonos. No hay que dejar testigos… salvo ella.
No solo murió Alejo esa noche.También murió Alai. Mi inocencia, mi corazón… y cualquier esperanza de un futuro feliz.
Notas del Autor:
Buenos dias, bellos lectores ✨
Para los que recién llegan, bienvenidos a mi nuevo universo.Yo escribo romance oscuro, erótico y de mafia: historias intensas donde el deseo y el peligro caminan de la mano, donde el amor nace entre sombras y promesas prohibidas.
Aquí encontrarán personajes oscuros y relaciones tóxicas, pero también pasión que quema, protección obsesiva, deseo prohibido y un amor que surge de las cenizas de la traición y la violencia.
¿Están listos?