La doctora Robles reconocía de sobra ese tipo de actitudes que los pacientes solían usar y Carlos se estaba resistiendo a hablar debido a los mecanismos de defensa que utilizaba para protegerse. —Qué pena doctor Duque, que desperdicie su tiempo intentando evadir esta primera entrevista, pero no se preocupe cuando usted se sienta preparado para venir a hablar sobre su vida vamos a trabajar de manera correcta —comentó Aitana, de manera serena. —Doctora, qué pena decepcionarla, si usted espera que yo venga por mi cuenta, se va a cansar. —No, Carlos, yo no me desilusiono, ni emito juicios, yo no estoy en su situación, solo usted sabe que es lo que lleva cargando consigo mismo. Puedo escucharlo y ayudarlo a trabajar con lo que usted tenga, pero solo por voluntad propia —recomendó la doctora.

