Manizales- Colombia. Carlos permanecía paralizado, sentado en una esquina, temblando, sudando frío, al momento que abrieron la puerta de aquella siniestra y helada celda de castigo. La psicóloga se acercó aprisa hacia él, al verlo sin moverse, escogió de su playlist uno de los mantras para ayudarlo a relajarse; conectó sus audífonos y se los colocó hincándose frente a él, volteó a ver el lugar se dio cuenta de las condiciones insalubres que se encontraba el sitio. —Estoy con usted doctor Duque —pronunció con voz serena Aitana, dejando que la música comenzará a hacer su efecto, lo tomó de una de sus manos y acarició de esta. —¿Me escucha? ¿Puede mirarme? Carlos advirtió la dulce voz de la psicóloga, hizo contacto visual con ella; sin embargo, en sus ojos aún se podía percibir la angusti

