Capitulo 5

1058 Words
*Leonard* ¡¡Voy a explotar!! Salgo de la habitación lo más rápido que puedo. Me siento traicionado, con el corazón partido y con unas ganas incontrolables de matar a alguien. ¿Por qué Miller? ¿Por qué se casó con él? ¿Porque a él si le va a dar un hijo y a mí no? ¿Qué tiene el que no tenga yo? La furia consume mis venas, quiero partirle la cara a Miller por atreverse a tocar a mi mujer. Controlándome lo mejor que puedo, camino a paso apresurado hacia la salida, encontrándome casualmente a Miller entrado al hospital con un envase de comida en las manos. -¡¡Eres un hijo de puta!! – golpeo su cara con mi puño, haciendo que caiga al piso. Las pocas personas que se encuentran en el living se sobresaltan por la escena que estamos armando. Levanto a Miller del piso, tomándolo por el cuello y lo saco del hospital a empujones. -¿Qué mierda te pasa, Fisher? – grita exaltado. Vuelvo a estampar mi puño en su cara, esta vez le rompo el labio y escucho un gemido lastimero de su parte. La ira me ciega, quiero acabar con él de una puta vez. Saco el arma que siempre traigo en mi saco y la apunto en su frente mientras permanece en el suelo. -Dame una razón para no volarte la cabeza de una vez – escupo con furia. Su mirada inspira temor. Esta aterrorizado, pero no se defiende, eso me da más rabia todavía. -Solo hazlo – me reta – Pero ella no te lo va a perdonar. Quito el seguro del arma y cierra los ojos para esperar el disparo. No lo haré. ¡Maldita sea! Él tiene razón. Samantha jamás me va a perdonar que mate al padre de su hijo. No dejare que se altere estando embarazada. Respiro profundo y bajo el arma poco a poco. Por último, vuelvo a golpearlo en la cara y me alejo. Necesito calmarme, porque soy capaz de regresarme y matarlo. A este paso voy a terminar llorando como un bebe y es lo menos que quiero. ******* Camino a paso apresurado para entrar en el despacho de Alan Cooper, necesito que me firme los papeles de compra de un edificio. Toco la puerta tres veces y la abro al escuchar la voz de Alan. -Buenos días, Leonard ¿Qué te trae por aquí? – pregunta muy serio. Recorro el despacho con la mirada, encontrándome con unos hermosos ojos cafés, que me miran con curiosidad y se podría decir que con inocencia. -Ya esta listo el contrato del Empire State – digo sin dejar de mirarla. Es mucho menor que yo, le calculo unos quince años cuando mucho, pero es hermosa. Su cabello n***o cae en su espalda como una cascada y sus anteojos le dan un aire intelectual que me deja encantado. -Muy bien, dame para firmarlos – pide. Le extiendo el contrato rompiendo el contacto visual con la hermosa joven y ella vuelve su mirada a un libro que tiene en sus piernas. ¡Dios, que piernas! -Leonard, deja de mirar a mi hija. La incomodas – me riñe Alan. Es su hija ¡Qué maravilla! -Disculpa, es que nunca la había visto – digo quitándole importancia. Carraspea y me entrega los documentos. -Hija, te presento al Señor Fisher – habla a la joven. Esos ojos cafés vuelven a mirarme y yo trato de parecer calmado. Le extiendo la mano y ella me devuelve el gesto. -Un placer, Samantha Cooper – su voz es melodiosa, clara y muy dulce. -El placer es mío – tomo su mano. Esta muy fría, como si estuviera nerviosa, pero en su mirada no hay miedo, solo fascinación. Jamás olvidare esos hermosos ojos. Abro los ojos para mirar el techo, estuve toda la tarde recostado en mi cama, recordando el día en que la conocí. Eso se ha pasado por mi mente una y otra vez desde que llegue del hospital. Me enamoré de Samantha desde el primer momento en que la vi. Su precioso cuerpo, su inocencia, la forma de mírame, todo de ella me pareció fascinante y totalmente adictivo. Ruedo en la cama buscando una posición cómoda para dormir, pero los recuerdos sobre ella no paran. Samantha se ve jodidamente hermosa con su uniforme del colegio. Su falda corta deja ver sus largas y sensuales piernas, su camisa tiene un ligero escote que deja ver un poco de sus senos, sin que parezca atrevido. Me tiene hipnotizado, es como una fantasía andante. Hoy he venido a la oficina a buscar unos papeles y me la encontré en el ascensor, seguramente ira a ver a su padre también. En cuanto ella entro en el confinado lugar, el ambiente se impregno de un exquisito olor a coco y vainilla. -¿Cómo estas, Samantha? – intento crear una conversación. -Muy bien, ¿Y usted? – responde de manera automática y sin mirarme. Tengo mucha curiosidad en saber su edad, parece muy joven, pero desde aquí puedo ver sus pechos redondos saludando desde el escote que le proporciona la camisa, por haber quitado varios botones. -¿Puedo preguntar que edad tienes? – cuestiono con cautela. Puedo ver que frunce el ceño. -No se ofenda, pero ¿A que debe esa pregunta? -Simple curiosidad. ¿Por qué no me titubeas? – dibujo una sonrisa. -Porque usted no me lo ha pedido – sonríe de vuelta – Y tengo 15 años. Sabía que era joven, le llevo diez años. El ascensor se abre, dando por terminada la conversación y justo cuando pensé que iríamos a la misma oficina, ella se desvía hacia otra parte, dejándome solo en el pasillo. Debí dejarla en paz, no volver a verla, así no estaría sufriendo ahora. Daría lo que fuera para que ella estuviera embarazada de mi y no de otro sujeto, para que fuera mi esposa y no de él. Esto me esta pasando por cobarde, porque pude venir a buscarla y no lo hice. Pensé que sería como la última vez, que ella regresaría y estaríamos juntos. Fui un ingenuo y ahora la he perdido, pero esto no se queda así, voy a recuperar al amor de mi vida, cueste lo que cueste, porque en el fondo se que ella aun me ama. 
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