*Samantha*
-Jhon, puedo caminar sola – espeto irritada.
Acabamos de llegar a la casa después de pasar tres días en el hospital. Fue una total tortura estar todo el día acostada sin saber nada de mi empresa, ni de los contratos que tenemos pendientes.
-La doctora dijo que tenias que guardar reposo absoluto, así que no te dejare ni caminar sola.
Ruedo los ojos con fastidio. Ya me siento mucho mejor, pero Miller es un exagerado.
Me carga en brazos desde el auto hasta mi cama. Cabe destacar que es un trayecto muy largo, no se como logra soportar mi peso.
-Tengo hambre – anuncio.
-Te traeré comida – sonríe y me deposita un beso en mi frente para luego irse.
Aprovecho que estoy sola para levantarme de la cama y buscar mi laptop, tengo mucho trabajo acumulado, la oficina debe ser un caos ahora mismo.
Vuelvo a sentarme en la cama, leyendo por encima los correos electrónicos, las citas canceladas y las futuras video conferencias programadas.
-Te dije que nada de trabajo, Samantha – la voz de Miller me sobresalta.
¿En que momento entro?
Lleva en las manos un emparedado y un jugo.
-Tengo mucho trabajo acumulado por tu culpa. No se que te costaba llevarme la laptop al hospital – espeto.
Vuelvo los ojos a la pantalla, para teclear furiosa.
-La doctora dijo que nada de estrés – cierra el aparato de golpe y lo quita de mi regazo.
Lo miro furiosa. ¿Qué mierda le pasa?
-¿Por qué me la quitaste? ¿No ves que estaba ocupada? – grito.
-Nada de estrés – repite firme.
-AQUÍ EL ÚNICO QUE ME ESTRESA ERES TÚ – gruño apretando los puños.
Se esta volviendo insoportable. Siento una punzada en la cabeza que me hace cerrar los ojos y respirar profundo.
-¿Dónde quedo la Samantha que odiaba trabajar? – pregunta frunciendo el ceño.
Ruedo los ojos.
-Maduró. Ahora estoy a cargo de C&B, no puedo dejar que todo se caiga – cubro mi cara con las manos.
-¿Y qué hay de ti? Debes cuidarte, Samantha. Tienes a nuestro hijo en tu vientre – escupe molesto.
Paso mis manos por mi cabello, tratando de tranquilizarme. ¿Por qué se empeña en discutir por todo? Parece que el que estuviera lleno de hormonas fuera él.
-¿Sabes qué? Estoy cansada, déjame dormir – subo la cobija hasta mi cuello y me volteo para darle la espalda.
Escucho que se levanta de la cama y sale de la habitación dando un portazo. Se esta comportando como un inmaduro, todo quiere que se haga a su modo. Se le olvida quien soy yo.
**************
Unas suaves caricias en mi rostro hacen que me despierte. Me remuevo en la cama hasta toparme con algo o mas bien con alguien. Abro los ojos poco a poco y lo miro frente a mí, sonriendo como un niño cuando tiene un dulce.
Maldito bipolar.
-Despierta, bella durmiente – besa mi frente.
Solo le gruño en respuesta y vuelvo a cerrar los ojos.
-Te traje dulces – susurra en mi oído.
Abro los ojos de golpe, hace mucho que no como dulces. Espero que no haya traído chocolates.
Me incorporo en la cama y él saca una caja con golosinas en su interior. Prácticamente se la arranco de las manos, devorando cada dulce como si no hubiese un mañana.
-Calma, come despacio – murmura.
-No me digas que.... – no acabo de terminar la frase cuando las nauseas me hacen correr al baño.
Vacío todo en el retrete mientras mi esposo sujeta mi cabello para no ensuciarlo. Me dejo caer en el piso para respirar unos segundos y luego me levanto a lavarme los dientes.
-¿Entiendes por qué quiero que te quedes en casa? – reprocha.
Ruedo los ojos mientras camino de vuelta a la cama.
-¿Hasta cuándo tendremos esta discusión? – reclamo.
Resopla – Hasta que entiendas de una vez que no puedes ir a trabajar – espeta severo.
Bufo. No quiero seguir discutiendo ¿Por qué me lo sigue reclamando?
-Escucha – se sienta a mi lado - ¿Por qué no buscas un director?
Lo miro horrorizada. No pienso hacer que alguien mas se haga cargo, y mucho menos un desconocido.
Pienso por un par de segundos lo que le voy a responder, para dar por terminada la conversación, sinceramente ya este tema me esta aburriendo.
-Bien, si yo no puedo ir a trabajar entonces lo harás tu por mi – espeto
-¿¡Que!? – abre mucho los ojos.
-Así mismo. No pondré a un desconocido a manejar mi empresa – gruño – si tanto quieres que me quede, entonces deja de dar clases y ocúpate de mis asuntos.
Se pasa la mano por el cabello, esta entre la espada y la pared. Él no va a dejar su pasión de lado por encerrarse en un despacho.
-Sabes que las oficinas no son lo mío – frunce el ceño.
-Entonces déjame tranquila – ruedo los ojos.
Se queda pensando por unos minutos, parece estar planeando algo, o no sabe como decir las cosas para que no me enoje, cosa que es inútil, soy un mar de hormonas, cualquier cosa que diga me irrita.
Respira profundo – Te amo, Samantha. No quiero que ni tu, ni nuestro hijo estén en peligro. Por eso te pido que dejes la terquedad y accedas a contratar un director, o sédele el control a uno de tus socios – murmura
Ya estoy cansada de esto, se como callarlo de una buena vez.
-Está bien – me encojo de hombros y me mira asombrado. – Entonces le pediré a Fisher que se encargue. – hablo firme.
Su rostro se vuelve oscuro, su mirada se llena de furia, pero yo lo sigo mirando seria. Estoy hablando muy en serio, si no me deja ir a la oficina, le pediré a Leonard que se encargue.
-¡¡NO HARÁS ESO!! – grita histérico. -¡¡QUIERO A ESE HIJO DE PUTA LEJOS DE MI FAMILIA!!
Lo miro asombrada ¿En serio me gritó?
-Entonces déjame volver a la oficina – gruño. -Tienes dos opciones, Miller.
Se pasa la mano por el cabello y camina de un lado a otro.
-Bien, pero no te quiero cerca de él. Yo arreglare todo – escupe y sale de la habitación dando un portazo.
Dejo salir el aire que no sabia que estaba aguantando. Ni siquiera estoy segura de que Leonard vaya a aceptar, imagino que esta enojado conmigo, solo pretendía persuadir a Jhon, pero no funcionó. Dice que no quiere que me someta a estrés, pero el es quien me estresa, definitivamente embarazarme fue la peor de mis ideas.