Capitulo 3

1112 Words
*Leonard* Su mirada hacia mí no es fría, es helada, sin emoción alguna. Sinceramente no es lo que esteraba que pasaría cuando nos encontráramos. Aunque con ella nunca es como lo planeo. Por casi una hora, solo hablamos de manera muy profesional sobre la empresa y el servicio que nos va a prestar, me sorprende mucho el grado de seriedad con que se expresa, parecemos dos desconocidos hablando de negocios. -Entonces, eso será todo, Señor Fisher – me extiende la mano. Anhelaba su tacto, sus manos siguen igual de suaves como las recuerdo, intento extender el contacto, pero ella se aleja. La reunión ha concluido y no me ha mirado ni una vez, con algo mas que no sea profesionalismo, solo de vez en cuando, desvía la mirada a su computador, pero es todo. ¡Estoy harto! -Samantha... - ella me mira y mi valentía se esfumo de golpe – Yo... -¿Si? – alza una ceja. Es jodidamente hermosa. Tiene un brillo diferente, aunque se le vea más delgada, imagino que debe ser el estrés de la oficina. Mi hermosa reina, ¿Qué ha pasado contigo todo este tiempo? -¿Aceptarías ir a almorzar conmigo? – pregunto con cautela. Lo piensa unos segundos. ¿Por qué lo duda tanto? -Es mejor mantener una relación estrictamente profesional, Fisher. – habla seca. ¿¡Que!? ¿Cómo puede pedirme algo así? Si lo que más anhelo es volverla a tener en mis brazos.  -Samantha, no soy un maldito desconocido – golpeo la mesa haciéndola sobresaltarse. -No vuelvas a hacer eso. – gruñe. Suspiro tratando de suavizar mi expresión. Se que con gritos no voy a ganar nada con ella. Mas bien hare que se moleste y me mande a la mierda. -Solo acepta, un almuerzo, solo eso – murmuro con suavidad. Rueda los ojos con fastidio. ¿No se alegra de verme? -Está bien, pero solo eso, ¿Ok? -Si – asiento. La miro tomar su bolso y rodear su escritorio. ¿Son ideas mías, o sus senos están mas grandes?  Seguro es el tiempo que tengo sin verla. No puedo negar que aun me calienta con solo verla. La llevo a un restaurante cercano, más que todo porque no conozco mucho esta cuidad y las veces que he estado aquí, es por negocios, lo que significa que solo me la paso encerrado en la oficina todo el día. Nos dan una mesa al aire libre, en un balcón muy bonito lleno de flores y plantas de todo tipo. El ambiente es agradable, el olor a flores inunda el espacio, pero a ella no parece gustarle. Hace una mueca de dolor al sentarse, lo que hace que las alarmas en mi cabeza comiencen a sonar. -¿Te sientes bien? – es imposible no preocuparme. Esta muy pálida, casi verde se podría decir. No creo que se sienta bien. -Estoy bien – suelta de golpe. No es cierto, la conozco. -Dime la verdad, Samantha – la riño, aunque se que puede molestarse. -¿Podemos cambiar de mesa? – se pasa la mano por la cara. Hago una seña al mesero y en cuestión de minutos nos encontramos en una mesa lejos del balcón y ella manda a retirar las flores del centro de mesa. Me parece un poco raro, pero es lo que menos me importa ahora, solo me preocupa que se sienta bien. -Tráiganos filetes con verduras y su mejor botella de vino – ordeno al mesero, pero ella levanta la mano para detenerle. -No quiero carne. Quiero una ensalada de maíz – pide – Tampoco quiero vino, solo agua. El mesero asiente y se va por nuestra orden. No puedo dejar de mirar a Samantha, se está comportando muy raro, ella y yo siempre comemos lo mismo. Al menos ya no está pálida y eso es buena señal. -¿Segura que te sientes bien? – cuestiono. -Si – murmura sin mirarme. Pasamos unos segundos sin hablar y ella tiene la mirada perdida en un punto fijo de la mesa, pero yo aprovecho su distracción para observarla detalladamente. -¿Por qué me miras tanto? – escupe. -Porque eres hermosa – me apresuro a responder. Rueda los ojos y fija su vista en ventana a nuestro lado. ¿En qué tanto piensa? -¿Cómo esta Liliana? – pregunta de golpe. Al fin tenemos una conversación normal. -Esta muy bien, la deje con sus hermanas en mi casa – sonrío. Me dedica una mirada confundida. Oh, tranquila que no la deje en Nueva York. -Tengo una casa aquí en Barcelona – explico rápido – Tuve que traerla a todas porque Amanda esta con su nuevo amante en Roma. En realidad, dijo que se fue de compras, pero eso no se lo cree ni ella. -Entiendo – sonríe. ¿Es todo? ¿No vas a hablar más? Vuelve a hacer una mueca de dolor. -¿Te duele algo? – pregunto. Respira profundo y niega con la cabeza. -Samantha, te conozco. Por favor confía en mi – ruego tomando su mano. Esta helada. Definitivamente no esta bien. -Ya no tengo hambre, ¿me llevarías a mi oficina? -No, si tengo que llevarte a algún lado, que sea a un hospital – gruño. Su expresión se endurece, esta a punto de gritarme algo, pero algo la interrumpe. Miro en la dirección hacia donde lo hace ella y puedo ver a Miller entrar al restaurante, acompañado de unos hombres, a simple vista sus amigos. En cuanto nos ve, su rostro se oscurece y se acerca a nosotros. -Samantha ¿Qué significa esto? – pregunta molesto, pero sin hacer escándalo. -Ahora no, Miller – masculla ella. Esto es una típica escena de celos, pero ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué esta él aquí? -¿Qué haces aquí Miller? – pregunto irritado. Me estoy perdiendo de algo y me estoy empezando a molestar. -Esa pregunta debería hacértela yo a ti – escupe con furia. -¡Suficiente! – Samantha se levanta de golpe – No estoy de humor para esta clase de espectáculo. Intenta caminar, pero de repente se desvanece, por suerte Miller la sujeta a tiempo. Ambos nos miramos preocupados. -¡Mesero! – grito - ¡La cuenta y un poco de Alcohol, por favor! – ordeno rápido. Tratamos de despertarla con un poco de alcohol en su nariz, pero solo se retuerce, mas no despierta- -¡Llévala al hospital! – ordeno a Miller, quien está muy preocupado como para protestar mis órdenes. En el camino allí, solo puedo pensar en ella. Sabia que no se sentía bien, debí obligarla a ir al hospital, espero que este bien. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD