Capítulo 5.

2691 Words
Grace. Cuando sonó la alarma en la mañana, apenas podía despegar los ojos. Aún así, la apagué de inmediato y me puse en marcha, con más animo que nunca, para empezar la jornada. Corrí al baño para lavarme la cara y meterme directo a la ducha. Mientras el agua caliente me limpiaba el cuerpo, no podía evitar librar una dura batalla contra el sueño, debido a que la noche anterior no había escatimado en tiempo para hablar con Oliver a través de mensajes. Me había acostado casi a las dos y media de la madrugada y ahí me encontraba, a las ocho de la mañana luchando contra el sueño en una ducha que ya llevaba más tiempo de lo normal y amenazaba con hacerme llegar más tarde de lo que ya llegaba. Cerré la llave y me vestí lo más rápido posible para poder subirme al auto y prácticamente rezar porque hubiera buen tráfico camino al instituto. A pesar de que me encontraba retrasada, desarreglada y un poco estresada, me sentía extrañamente feliz, ansiosa por comenzar la jornada y todo se debía a un solo motivo: Oliver Murphy. Por alguna razón, la idea de estudiar juntos en mi casa me sonaba extraña, pero no me disgustaba, al contrario, me atraía. Aquel pensamiento no me había dejado dormir la noche anterior y era el culpable directo de las ojeras que decoraban mi rostro y de mi retraso aquella mañana. Aparqué el auto como pude y me bajé apurada, con mi mochila trágicamente abierta y con mi chaleco todo desordenado. No fue hasta que recuperé el control de mí misma cuando noté una excesiva ola de miradas encima de mí mientras cruzaba los pasillos para poder llegar a mi salón. Fruncí el ceño. Normalmente era bastante común tener un par de miradas encima por culpa del estatus que gozaba, sin embargo, estas miradas no eran las mismas en esta ocasión. Tuve que tocar la puerta del salón para que me dejaran entrar y tuve tan mala suerte que el mísmisimo señor Rogers fue quien la abrió. ― Vaya, vaya…qué sorpresa. ― Lo siento. ― Al menos lo sientes. ― Abrió un poco más la puerta y con la cabeza hizo un gesto para que entrara. Apenas crucé el alero de la puerta encontré todas las miradas de mi salón puesta en mí desde que entré hasta que me senté en mi lugar. Esto era una emergencia. Saqué mi cuaderno y un par de lápices, anoté la fecha y un par de cosas para que pareciera que estaba trabajando. Cuando la mirada de Rogers dejó de estar sobre mí saqué mi teléfono y me metí de inmediato a la página de chismes del instituto en i********:. Había una publicación de la mañana, mientras yo dormía plácidamente, que no había visto, pero ya sabía de que se trataba. Era una foto mía y de Oliver hablando fuera de la biblioteca, estrechando nuestras manos, yo firmando su libreta y posteriormente dándole un papel con números. Levanté la mirada y miré al vacío por un momento mientras asumía lo que esto significaba. Podría parecer estúpido, pero esto generaba un montón de problemas para mí: Josh, Oliver, la gente.  “Ya saben a quien pedirle el teléfono de la única e incomparable Grace Jones”  La descripción era el remate de la construcción del próximo chisme que rondaría en los pasillos por meses y el inicio de todos mis problemas. Los comentarios me confirmaron lo anterior. “Adiós Josh” “Pago $10 a quien me de el numero de GJ” “nombre del chico por favor, detrás de las gafas hay una joya” “Oliver rey del baile” Esto era un desastre. El resto de la clase estuve ausente y cuando tocaron el timbre para salir al patio me levanté casi como un robot. No pude salir mucho, Josh ya estaba fuera de mi salón con su teléfono en mano. ― ¿Qué mierda es esto?  ― Cálmate, hablemos fuera. ― Lo tomé de un brazo y lo empujé por los pasillos hasta cruzar la pista de atletismo y poder sentarnos a hablar en las gradas. ― ¿Y bien? ― Tuve que hacer horas extras en la biblioteca, de hecho, hoy todavía me toca. ― Expliqué. ― Está sacado de contexto. Josh frunció el ceño y negó con la cabeza. ― ¿Crees que soy estúpido? ¿Sacado de contexto? ¿Por qué le darías tu número a ese idiota? ¡Me golpeó! Suspiré pesadamente. ― Mónica nos pidió coordinarnos. ― Mentí. ― Te dije que tengo que quedarme hoy también y quizá cuanto tiempo más. ― ¿Por qué aceptaste? Te lo digo de nuevo, ¡Me golpeó! Ese idiota me humilló ante todo el instituto y tú vas y le das tu número, ¿es una puta broma? ― ¿Y qué? ¿Le decía simplemente que no quería a la bibliotecaria, que tiene autoridad sobre nosotros? A veces creo que lo olvidas, pero no eres más que un chico lindo en un instituto, no eres dios, no puedes hacer todo lo que quieras. ― Exploté. Aproveché su cara de impacto para poder cerrar todo el vómito verbal que se me había escapado. ― Mira, cree lo que quieras, ya te he explicado todo y si quieres deprimirte por lo que dice una estúpida página, hazlo, no pienso participar. Me levanté, di media vuelta y simplemente me fui. Josh salió tras de mí casi al minuto después y logró encontrarme antes de que entrara al edificio. ― ¡Espera! Lo siento, ¿está bien? Te creo, además el tipo es un idiota, no tengo de qué preocuparme. ― Josh sonrió, pero yo no hice lo mismo. ― ¿Vendrás a mi partido mañana? Puso un puchero y simplemente asentí para que me soltara y así poder asistir a mi próxima clase. La hora se pasó volando y finalmente llegó la hora de ir a la biblioteca, la cual aquel día estaba extrañamente llena de chicas en diferentes secciones. ― Hola Grace, que bien que llegaste, tenemos mucho movimiento hoy, han llegado muchas voluntarias. Fruncí el ceño.            ― ¿Voluntarias?                ― Sí, voy a armar un grupo para que les indiques que hacer al igual que Oliver. ― Señaló de forma distraída hacia la sección B, donde Oliver se encontraba rodeado de un séquito de chicas que lo miraban sin despegar la mirada de sus ojos y soltaban risas tontas.  Para cuando pude superar la sensación de enojo en mi pecho, no tuve tiempo como para reaccionar y Mónica ya me había encargado un grupo de chicas que apenas me miraban. Con fastidio, las llevé a la sección C, justo al lado de la sección de Murphy y les expliqué todo de una forma rápida. Las chicas se comenzaron a mover y tomé la oportunidad para sacar mi télefono y mandarle un mensaje a Oliver. “Podemos hablar?” Tardó un minuto en contestar. “Sección A” Inteligente, lejos de las voluntarias y cerca de Mónica. ― Hola Grace. ― Me saludó una vez que nos encontramos de frente. ― Hola. ― Lo saludé. ― Supongo que supiste lo que pasó. Él frunció el ceño y negó con la cabeza. ― No la verdad, ¿Qué pasó? Solté un suspiro, rendida y saqué mi teléfono para enseñarle la foto. ― Vaya, eso explica todo esto. ― Indicó hacia sus seguidoras con la cabeza. Rodé los ojos. ― Necesito que me hagas un favor. ― ¿Otro más? ― Preguntó, con las cejas alzadas. ― Por favor. ― Te veo desesperada. Está bien. ― No le digas a nadie que tienes mi número o que estuve en tu casa. Oliver asintió lentamente. Quizá no lo leí bien o fueron ideas mías, pero pude jurar un reflejo de tristeza en sus orbes azules. ― Las cosas la gente las malinterpreta fácil. ― Complementé. ― Está bien, no te preocupes. ― Terminó por aceptar. ― Pero nuestra tarde de estudio sigue pendiente. ― Le recordé. ― ¿Te parece si te recojo en la esquina siguiente del instituto, al lado del parque? El castaño asintió. ― Está bien. Sin decir nada más, el ojiazul se dio media vuelta y volvió con sus ansiosas alumnas. Volví a soltar un respiro. Esto iba a ser más difícil de lo que pensé. No había pasado ni media hora y lo único que podía escuchar mientras movía cajas de un lado a otro era lo hermoso que encontraban los ojos de Murphy. Era extraño como de un segundo a otro, Oliver estaba convirtiéndose en un nuevo blanco de interés en el instituto siendo que antes apenas le daban la hora cuando se cruzaban con él en los pasillos. ― Oliver, ¿Podrías ayudarme a colocar estos libros? No alcanzo a llegar a la letra que corresponde. ― Dijo una chica. Me asomé discretamente por un espacio entre los libros. La chica era rubia y de lentes al igual que Oliver, se encontraba de puntillas y con el libro pegado a su pecho, en una perfecta interpretación de una damisela en apuros. Ugh. ― Claro. ― Vi como Murphy aparecía en escena y tomaba el libro entre sus manos para colocarlo en su lugar sin mayor dificultad. ― Gracias, Oliver. ― No hay de qué. ― Me preguntaba si estabas ocupado más tarde, quizás podríamos… salir, no lo sé. ― Dijo la chica tímida. No lo podía creer, lo estaban invitando a salir ahora que lo habían visto conmigo. Increíble. ― Lo siento, tengo planes para esta tarde, pero si quieres podríamos salir otro día. ¿Qué? Algo de mí no se sintió bien con esa información, menos con la entusiasmada respuesta de la chica que le faltó poco para derretirse en el piso. ¿Qué significaba esto? ¿Por qué me importaba con quien Oliver salía o le prestaba una gota de atención? Era ridículo, pero era real. ― ¡Genial! Aquí tienes mi número. ― La chica no se demoró ni medio segundo en entregarle un papel con dígitos en él. No quise escuchar ni un segundo más, por suerte, Mónica dio fin a la jornada y pude acercarme a su escritorio, buscar mis cosas y alejarme lo más posible de las nuevas y molestas fans de Oliver. Ofuscada, caminé al estacionamiento y sin pensármelo dos veces aceleré hasta el punto prometido con el nerd de ojos azules que, para ese punto, ocupaba mi cabeza prácticamente todo el día, pero yo era muy ciega para verlo y muy orgullosa para admitirlo. Aún me faltaba un último golpe. Tras esperarlo diez minutos, me comencé a impacientar y finalmente lo pude ver por el espejo retrovisor, despidiéndose de un par de chicas que seguían su camino suspirando por él. ― Al fin llegaste. ― Celebré cuando entró al auto. ― Lo siento, esas chicas no me dejaban ir. ― Comentó mientras se colocaba el cinturón de seguridad. Detuvo su mirada en mí y frunció el ceño. ― Ponte el cinturón. ― ¿Y si no quiero? ― ¿Y si tenemos un accidente? Póntelo o me bajo y no te ayudo. Resoplé y me puse el cinturón para comenzar a conducir hacia mi casa. ― Mandón, te crees mucho porque ahora tienes a un par de chicas tras de ti. ― ¿Celosa? ― ¿Yo? No tienes idea de lo que hablas, ya quisieras. ― Entonces no veo el problema. ― Te quieren porque te vieron conmigo. ― Señalé. Oliver frunció el ceño y negó con la cabeza. ― ¿Por qué crees que todo gira en torno a ti? Eres muy egocéntrica. ― Respondió. ― Quizás quieran que seamos amigos. Solté una risa. ― Se nota que no lo entiendes. ― ¿Tú sí? ― Claro que sí, yo he estado ahí. ― Hay una diferencia, tú eres una popular y yo no. ― Es lo mismo, te estás haciendo popular. Oliver me miró directamente. ― ¿Eso se puede? ¿No es esto un sistema de castas? Rodé los ojos. ― Idiota. ― No puedo convertirme en popular, eso es para gente linda o que hace deportes o lidera algún equipo de debates. ― Yo creo que tienes los requisitos y el potencial. ― Respondí. ― ¿Gracias? ― Solo te digo que tengas cuidado, mucha de la gente que te rodea estás por conveniencia. Oliver soltó una carcajada que mereció una mirada seria de mi parte. ― ¿Y tú no? ― No, sino no me estaría jugando el cuello por traerte a mi casa sin que Josh se entere. ― Sentencié mientras estacionaba. ― Llegamos.  Abrí la puerta y extrañamente todo era pacífico, por suerte mis padres no se encontraban en casa. ― Pasa. ― Tu casa es enorme. ― Dijo, mientras limpiaba sus pies en el tapete de la entrada. ― Ni se parece al departamento en el que vivimos Sam y yo. ― ¿Quién es Sam? ― Mi mejor amigo, no lo viste cuando estuviste en mi casa, pero vivimos juntos. ― Ah, genial. Yo vivo con mis padres, al menos por ahora, pronto mi padre se irá de casa y me quedaré con mi madre. ― Vaya. ― Está bien, es lo mejor para todos. ― Dije, cerrando el tema. ― Arriba está mi habitación, ven. Subimos a mi cuarto y tiré mis cosas a un lado. De la estantería saqué mi cuaderno y libro de matemáticas mientras Oliver se distraía observando su entorno. En ese momento, Bruno entró en escena y se le tiró a los pies a Murphy para mostrarle su estomago, algo extraño en él porque ni siquiera lo hacia con mis padres a los cuales ya conocía desde hace más tiempo. ― ¿Cómo se llama? ― Preguntó. mientras lo tomaba en brazos. ― Bruno. ― Contesté distraída mientras comparaba mi cuaderno con el suyo en cuanto a materia y los ejercicios que había anotado el profesor para el examen. Demonios, estaba muy atrás. Esto se veía muy difícil. ― Es lindo. ― Después de que te miraba en el bar, casi lo arrollo y me lo traje a casa, ahora somos inseparables. ― El gato finalmente saltó de los brazos del ojiazul a la cama, donde pude hacerle cariño. ― Bueno, ¿Te parece si empezamos? ― Me parece. Pasamos dos horas seguidas estudiando y repitiendo las cosas una y otra vez. Oliver era un excelente profesor. Mientras estudiábamos, llegó mi madre y comenzó a servir un té para el invitado, quien se vio tan presionado a comer que no tuvo otra alternativa que compartir con mi familia. A mamá le encantó, él no dudó ni un segundo en ganársela diciendo que sabía tocar la guitarra y que en el instituto le iba excelente. Le agradeció el hecho de que me estuviera haciendo mejor persona y realmente pensé en eso, en que desde su llegada me estaba preocupando mucho más de mi comportamiento y mis notas, pero mucho más que eso, de aprender quien soy y  a mejorar todos los infinitos defectos que tengo. Después de alrededor de las ocho y media Oliver me dijo que se le hacía tarde y debía volver a su casa. Mi mamá lo despidió con bombos y platillos y le pidió que no se alejara de mí, Oliver aceptó entre risas y yo, sonrojada, tuve que escoltarlo a la salida.   ― Gracias por todo, Oliver. ― No hay problema. ― Siento ser una desgraciada a veces. ― Me lamenté. ― Estoy intentando mejorar, es algo nuevo para mí. ― Está bien, no hay problema. ― Asintió. ― Nos vemos. ― Oliver. ― Lo llamé. El chico se volteó a verme. ― Ten cuidado en quienes confías ahora que eres popular. El chico rodó los ojos. ― Está bien, gracias por el consejo. ― Nos vemos mañana. ― Nos vemos. Me quedé mirándolo irse hasta que desapareció de mi vista. Subí a mi cuarto y me tiré a la cama agotada mentalmente y con la mente enfocada en una sola cosa: los ojos azules de Oliver Murphy. 
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