Me desperté con treinta minutos de atraso, pero eso no impidió que me quedara otros diez intentando despegar mis ojos.
Dios, por mí me quedaría en la cama el resto del día, durmiendo y siendo felices, pero la maldita escuela me llama y si falto, mis padres podrán dejar sus peleas de lado y empezar a joderme a mí. Definitivamente, no quiero eso, prefiero que sigan molestándose entre sí y que me dejen en paz, tranquila, como siempre he estado.
Entré a la ducha para un corto baño bajo el agua caliente. Me vestí casual, le dejé comida a Bruno y me encaminé al instituto lo más rápido que pude dando por perdida la clase de biología que me tocaba a primera hora. Llegué al instituto después del termino del primer bloque, en medio del descanso. Aproveché el desorden para mezclarme con los demás y lograr llegar hasta mi casillero, recoger mis cuadernos y esperar en el patio hasta que tocaran el timbre.
El día fue lentísimo y no incluyó ninguna novedad hasta la llegada del taller de danza, el cual se canceló debido a un accidente de la profesora y generó la celebraciones de todos, excepto de mí, debido a que todavía tenía que pasarme por la biblioteca para avanzar esos malditos ejercicios. La verdad, podía simplemente irme, pero no tenía otro lugar donde ir y regresar a casa no era una opción. Quizás mis padres estaban peleando otra vez y yo no tenía ánimos de escucharlos.
Caminé por el pasillo y llegué a la biblioteca. Había un chico con lentes que llevaba una pila de libros que parecía pesada y que además, amenazaba con caérsele encima en cualquier momento. No me detuve a mirarlo por demasiados segundos y acto seguido intenté buscar a Mónica, pero no se encontraba en ningún lado. Las únicas almas que estaban en la biblioteca en ese momento éramos el chico de los libros y yo. Suspiré y me acerqué para preguntarle: ― ¿Sabes dónde está la sección de química?
El chico se volteo, acomodó sus gafas y me miró de arriba abajo. ― Claro, por aquí. ― Se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia los estantes para posteriormente, moverse entre ellos como un bibliotecario profesional. ― Por cierto, me llamo Oliver, Oliver Murphy.
― ¿Tienes los libros o no? ― No me importaba su maldito nombre, solo quería los libros y largarme de ahí lo más rápido posible. El chico rodó los ojos y chasqueó la lengua. Entonces lo reconocí, era el chico que leía en el bar. De cerca pude notar cómo levantaba su cabello castaño hacia arriba y como sus ojos azules brillaban tras el cristal de sus lentes. Interesante.
― Los tengo, solo tiene que esperar un poco, su “alteza”. ― Dijo, con el toque de sarcasmo en cada frase. También noté que seguía igual de idiota que en el bar. Estúpido, estúpido, estúpido. Caminamos cerca de seis estantes repletos de libros y recién en el séptimo estante entrabamos a lo que yo estaba buscando. Oliver acomodó sus lentes y se puso a mirar entre cientos de libros que había dentro del mueble, casi como si estuviera buscando el indicado haciendo uso de rayos x.
― ¿Puedo hacerte una pregunta?
― Estás preguntando, Einstein. ― Respondió. ¿Y a este que le he hecho yo para que me trate así? Repito, es un estúpido.
Ignoré su estupidez y pregunté (de nuevo) de todas formas: ― ¿Tú eras el chico del bar?
― Depende a que bar te refieras, duh. ― Dijo, aún con la mirada en los libros, perdido entre el mar de conocimiento que nos rodeaba. Respiré hondo, intentando no poner mis manos en su cuello y matarlo. Se adentró en las estanterías y comenzó a seleccionar libros en silencio.
― El pirata Jack, ayer por la noche, tomab…―El castaño me cortó, se dio vuelta con los brazos llenos de libros para ponerlos en mi pecho. ―Sí, creo que era yo. Toma, estos son tus libros. Adiós.
Se hizo a un lado y siguió su camino. Los libros pesaban. Mal educado, estúpido, idiota, ugh. Me senté - como pude - en una mesa desde donde se podía ver al nerd sentado en el escritorio de la bibliotecaria, leyendo un libro el cual titulaba “Hijo de Satanás” de Charles Bukowski. El chico fruncía el ceño mientras leía hasta que de pronto, dejó el libro en la mesa, se cruzó de brazos y puso su mirada en mí.
― ¿Quieres jugar a las quemadas de ojos?
― ¿Disculpa?
― No me has dejado de mirar en todo lo que llevas aquí. No te he visto ni escribir ni siquiera un número, por eso ¿Quieres jugar a la quemada de ojos? Te apuesto que ganas.
― Deja de ser malditamente estúpido.
― Deja de mirarme entonces, pareces fenómeno.― El chico soltó una risa. — Es irónico porque es lo mismo que me dice tu novio a mí, así que…
Nunca en mi vida me habían dicho fenómeno. Nunca. A lo largo de mi vida había recibido un montón de sobre nombres: Nena, hermosa, preciosa, cielo, cariño. Pero nunca alguien en esta escuela, en todos estos años, me había llamado “Fenómeno”. ¿Quién demonios se creía este tipo?
― ¿Por qué eres tan malo?
― No te soporto.
― Eres grosero, que no me soportes no significa que tengas que ser grosero. — El chico se quedó callado por un momento. Finalmente, se levantó, tomó su mochila y se encaminó hacia la puerta.
― Me haces un favor y dejas los libros en ese estante cuando termines, no quiero ordenar este lugar otra vez. — Apuntó en dirección a un estante grande antes de salir y perderse de vista por el pasillo.
Wow. Sin palabras.
Hice los primeros ejercicios con relativa facilidad pero después de una hora y media apenas llevaba diez, ¡de cien! Era horroroso pero ya no tenía energía mental y ya había hecho suficiente tiempo como para volver a casa y rezar porque mis padres hubieran salido o algo así.
Guardé los libros y salí de la biblioteca, bajé por las escaleras a la cancha donde había un gran círculo formado por estudiantes. Una pelea. La teoría se confirmó a medida que me acercaba al centro donde como mismísimos monos, los estudiantes agitaban los brazos y gritaban '¡Pelea, pelea, pelea!'. Una vez encontré una posición ventajosa pude ver quienes eran los contrincantes y mi mandíbula casi tocó el piso en ese instante.
Josh se encontraba con los puños rojos y ensangrentados, con una sonrisa macabra mientras Oliver mantenía sus puños cercanos a su cara, en una actitud defensiva.
― Ven aquí nerd, ¿O ya te rendiste? ― Dijo Josh burlón. Oliver tosió y escupió a un lado para luego limpiarse el sudor con la mano.
― No pienses que te la voy a hacer tan fácil, idiota. ― No pude evitar taparme la boca de la impresión. Listo. Oliver estaba muerto. Toda la multitud quedó en shock al ver al nerd insultar a Josh, nadie nunca lo había hecho. De la sorpresa, Josh bajó la defensa dispuesto a responder con alguna otra estupidez pero en ese momento Oliver se incorporó, lanzándose sobre él y tirándolo al piso, se montó encima de él y comenzó a golpearle la cara con fuerza una y otra vez. Unos chicos entraron y los lograron separar pero ellos seguían con sus instintos de pelea.
Superado el shock, supe que ese era mi momento de interferir.
― ¡¿Quieren parar?! ¡Parecen animales! ―Grité, mientras me ponía en medio.
― ¡Él comenzó! ¡Te voy a matar, hijo de puta! ― Escupió Oliver, totalmente fuera de sí.
―Te arrepentirás, nerd, te lo juro. Me las pagarás caro. ― Dijo Josh.
― ¿Enserio? Ven, aquí te espero, tontito. ―Se trató de abalanzar nuevamente hacia Josh pero lo alcanzaron a mantener. Ambos mantenían el ritmo de sus respiraciones bastante alto.
― ¡Los dos se callan! ― Grité lo más fuerte que pude, haciendo que ambos cerraran la boca por un par de minutos. ―Josh ve a la enfermería y tú Oliver, vete.
Los chicos llevaron a Josh a la enfermería mientras Oliver se sacudía la ropa y se volvía a poner los lentes - o al menos, lo que pudo rescatar de ellos. -. El castaño se encaminó a la puerta, pero antes de irse susurró a mi oído: ― ¿Ahora lo entiendes mejor? Nosotros no podemos convivir juntos, no si te relacionas con ese tipo de gente.
Y simplemente se largó. Me quedé helada. Sacudí la cabeza y regresé a la enfermería, pero al ver a Connie a su lado - la rubia que trabajaba en la enfermería y que estaba enamorada de Josh desde primero. -, decidí volver a casa con las palabras de Oliver aún dando vueltas por mi cabeza.
Oliver.
Apenas metí la llave y abrí la puerta, Sam se abalanzó sobre mí preocupado y curioso sobre lo que me había pasado y me interrogó como si fuera mi madre. Pasé directamente hacia la cocina y abrí la heladera para sacar hielos, meterlos en un paño de cocina y finalmente ponérmelos en la cara para evitar quedar como un pez globo. Josh Frayd, maldito imbécil.
― ¿Qué demonios te pasó, Oliver?
― Pelea.
― ¡Dios! ¿Con quién te metiste? Te hizo pedazos. ― Sam se agachó un poco para llegar a mi altura y con una mano movió mi rostro a un lado para poder observar con mayor detalle los golpes.
― Créeme que él también salió mal parado. Es un idiota del equipo de basquetbol, el irresistible del instituto, bla, bla, bla.
― ¿Y por qué se pelearon? ¿Le dijiste algo? ¿Le hablaste a su novia o algo así? ― El pelirrojo se cruzó de brazos mientras yo asentía con la cabeza lentamente.
― Algo así.
― ¿Cómo es la chica? ― Consultó Sam. Fruncí el ceño mientras aún sostenía los hielos contra mi cara. Cerré los ojos para intentar recordar con detalle a Grace e intentar dar una descripción.
― No lo sé, es bonita, tiene bonitos ojos, bonito pelo. Se viste bien, es igual a él. Si bien Grace Jones no me agradaba demasiado, había que admitir que era especialmente bella en comparación a las demás chicas que andaban en los pasillos del instituto. Tenía los ojos color café claro y el pelo le llegaba más abajo de la cintura, haciendo un baile bastante atractivo cada vez que caminaba. ― Déjame ver... ¿Grace Jones y Josh Frayd? ¿Me equivoco? ― Sam, en oposición a mí, conocía a casi todo el mundo, era amigo de todos gracias al carisma innato con el que había nacido. Desde el jardín de niños que era así y nuestra relación siempre había funcionado de la misma manera: yo era el marginado, él era el sociable. Por eso mismo no fue una sorpresa que conociera a Grace y a Josh sin necesidad de ir al mismo instituto. ― Los conocí en una fiesta hace bastante tiempo, digamos que no son el uno para el otro pero ese no es el punto, la verdadera pregunta es... ¿Cómo conociste a Grace?― La chica fue a la biblioteca me pidió unos libros de la segunda guerra y ahí la conocí, digamos que Mónica no estaba y me dejo a cargo de la biblioteca, como siempre.― Expliqué.― ¿Eso es todo? ― También la vi en un bar, ya sabes, cuando voy a leer… ― ¿El pirata Jack? ― Sí, estaba leyendo y no dejaba de mirarme, es realmente intimidante. Sam soltó una carcajada. ― Para ser un nerd eres bastante rudo y tienes bastantes pelotas. ― Dijo Sam.― Josh no es cualquier popular, es el popular, tiene contactos, podría… ― Es cierto, le di una golpiza al tal Josh, para que aprenda a comportarse. Es un imbécil. Sam escupió la Coca-Cola que estaba tomando. ― ¡¿Lo golpeaste?!― Lo dejé en la enfermería. ― Dije orgullosamente. Sam me miró preocupado.― Josh Frayd puede arruinar vidas.― No lo sé, no me importa―Dije, encogiéndome de hombros.― En todo caso, eres un héroe, golpeaste a Josh, nadie se atreve a hacerlo, ya quiero ver las consecuencias, ese chico no es de los que se quedan quietos, cobran venganza, amigo mío. El lado bueno es que si mueres muchas personas van a ir a tu funeral por tu valentía. Sam me revolvió el cabello y le aparté la mano de un manotazo. ― Cállate, no tengo miedo. ―Sí, ya quiero ver cuando te deje en la cama postrado. Por cierto, se me olvidaba, tenemos una fiesta en la casa de Savannah Asher.― ¿Cuándo? ― El viernes. ― Dijo Sam, mientras hacía un puchero y juntaba las manos como si estuviera rezando. De inmediato hice una mueca; lo mío no eran las fiestas. ― Vamos, será divertido.― A veces detesto las fiestas, son tan rutinarias. Siempre lo mismo: Alcohol, drogas y sexo. Sam se dio cuenta de que lo estaba pensando y puso cara de perrito, siempre tiene que ir solo o conmigo, pero casi siempre solo. ― Okey, voy ya que no tengo nada que hacer, tengo que cuidarte de que no hagas nada estúpido. ― Gracias amigo. Hoy te levantaste siendo mi héroe. Tomó su Coca-cola y salió de la cocina, dejándome solo con la cara hinchada y con una maldita fiesta para el viernes. Demonios.