Contratada

1234 Words
Recuerdo cada caricia, el desenfreno que nos poseyó, la vida dejó de ser la misma y me convertí en una mujer de la cual brotaba pasión y lujuria por cada fibra de su ser. De mis poros manaba el deseo de estar con un hombre que era un total desconocido, me miro al espejo y no me reconozco, nunca me creí capaz de acostarme con un hombre sin conocerlo y mucho menos en una entrevista de trabajo. Tal parece que me convertí en otra persona cargada de locura y ganas de ser amada. Tan pronto la llama de la pasión quitó la venda de mis ojos, salí corriendo de la oficina, Darren intentó decir algo, pero no le escuché, salí disparada hecha la vergüenza en carne viva por haberme entregado así a la locura, corrí y para cuando vine a respirar en paz ya estaba en mi casa. Miro al techo, intento pensar que eso fue un sueño, ahora lo único que hago es dar vueltas en mi mente a ese momento en el que sus manos se apoderaban de mi cintura y me ruborizo al pensar en él dejando al desnudo su masculinidad ¡Qué vergüenza! No podré volver a esa oficina nunca más, no tendré cara para verle a los ojos, espero no tener que volver a verlo. Escucho el Noc, noc en mi puerta y me sorprendo, es de noche, no creo que sea Mónica, pero si es ella no puedo revelar lo que he hecho. Al menos debí salir en una cita decente antes de hacer semejante papel de mujer liberal. —¡Un momento! —tomo una bata y me dispongo a abrir la puerta, ya me he desvestido porque la ropa está impregnada de su perfume. —No puedo creer que vengas a estas horas tontita… —digo mientras abro la puerta, pero para mi sorpresa no es Mónica. —Señorita Willis, vine personalmente a disculparme. —¡¿Darren?! —ahora si muero de la pena. —Perdone que me presente aquí sin avisar, temía que no aceptara mi visita. —Yo… yo… —nerviosa no logro completar una idea, aunque intento ser fuerte y mostrarme serena. —Necesito que sea mi asistente. Entiendo que no quiera ni verme después de haberle tratado con irrespeto, le juro que no fue mi intención actuar así, repaso lo vivido y no me siento bien porque sé que usted ha de creer que soy como los hombres que acostumbran a acosarle. Mi pretensión no era actuar así, yo me dejé llevar por mis instintos más primitivos, pero esto no es más que mi culpa y estoy dispuesto a resarcir el daño. —¿Resarcir? ¿Cómo dice? —ahora hasta me siento ofendida. —Quiero que sea mi asistente, le rogaré si es necesario. El caso más importante de mi carrera será el suyo también, es mi forma de decir lo siento, no quiero que sólo sea mi asistente, en su momento tendrá la oportunidad de hablar y defender al acusado como lo haré yo. Quiero enseñarle todo lo que sé, quiero que usted haga su nombre en esta carrera, no sé cómo pagar o demostrarle que no soy aquella fiera que usted conoció, yo no me comporto así, normalmente. Se nota que está muy apenado, no soy la única avergonzada. —¿Estoy entendiendo mal o usted se arrepiente de lo ocurrido? —pregunto. —Profundamente, usted es una dama, no merece ser tratada como lo hice. Por supuesto no lamento lo ocurrido, por el contrario, pero sé que usted merece más respeto. Me lleno de furia al escuchar las palabras de Darren, cree que hizo todo él, como si me hubiera obligado o algo por el estilo. La furia me domina y le suelto una bofetada. —¡No quiero volver a verle! Usted no me obligó a nada y no puedo trabajar con un hombre tan cambiante ¡Doble ánimo! ¡Hipócrita! —Pero yo… —no le dejo terminar la frase y cierro la puerta, el portazo le sacude el cabello por el ímpetu y la fuerza que empleo. A mi puerta siguen llamando, Darren toca una y otra vez, no parece que desistirá. Guardo silencio mientras la ira se disipa, no sé porque actúo como una niña de colegio, pero me irrita que se disculpe y crea que mínimo me obligó. Camino hasta la puerta y pongo mi oído contra ella para escuchar si Darren aún está ahí. Una parte de mí desea que me quiera irrespetar más, pero otra no sabe ni qué sentir. —Señorita Willis, le rogaré, vendré cada día, tendrá que llamar a la policía y encarcelarme, tendrá que buscar unos matones y deshacerse de mí, pero usted será mi asistente, al menos le debo eso después de mis actos irrespetuosos hacia usted. Será mi asistente y colega, fin de la discusión ¿Me escuchó? Su voz suave entrecortada me provoca sentimientos de bondad, quiero abrir la puerta y decirle que seré su asistente, que no pasó nada que yo no quisiera y que todo está bien, pero callo, no me atrevo a salir. —Señorita Willis, por favor, piénselo, soy capaz de dejar el caso y olvidarme de mi carrera, el nivel de vergüenza que tengo me provoca querer castigarme. Yo me dejé llevar, no pensé, actué sin medirme y entiendo que usted no quiera trabajar con un hombre como yo, pero si me da la oportunidad le haré ver que no soy una mala persona. Piénselo, mañana en la mañana le recogeré para irnos a trabajar a la oficina, pasaré por usted a las ocho, esperaré unos minutos, le daré tiempo para que lo piense, si no quiere lo entenderé, sepa usted que si no acepta no trabajaré en ese caso, será mi castigo por no tratarle como merece ¡Otra cosa antes de irme! Le aseguro que no le faltaré el respeto, le juro que tendrá en mi un maestro y que nunca le pondré un dedo encima, seré más respetuoso que nunca, se lo puedo jurar. Escucho como sus palabras tienen tono sincero y decidido, al parecer después de todo el abogado es un hombre de buenos sentimientos que no quiere herir o hacerme sentir mal ¡Quien diría que un hombre así existe! Debe ser un papel para que yo no hable mal de él, pero nunca lo haría, no hice nada obligada o coaccionada, por el contrario estoy demasiado a gusto. Darren se marcha, escucho las pisadas, no estoy segura de qué decisión tomar, el caso más importante del momento y yo estoy jugando a las escondidas. Por un lado, quiero decirle que seré su asistente y compañera, esa es la mejor opción y lo que necesito para abrirme camino en la carrera que elegí, aunque por otro lado pienso que lo mejor es alejarme, no estoy segura de que pueda trabajar con él y olvidar que estuvimos juntos, no prometo que evite enamorarme. Tengo hasta mañana a las ocho para pensarlo. Camino a mi dormitorio, la cama es mi testigo, acostada pienso en cual es la mejor decisión, pero los recuerdos de las caricias de Darren no permiten que me concentre, creo que no podré dejar de pensar en eso, si soy honesta conmigo misma debo admitir que quiero que se repita. No debería pensar así, pareciera que me enamoro sola de un desconocido.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD