Allegra Estoy perdida entre sus brazos. Dios, siempre trato de alejarme de él, pero cada vez es más difícil. Mierda, si es momento de hacerlo, sé que no será fácil, pero creo que después de todo lo que ha pasado, merecemos ser felices; merecemos estar juntos. Mi respiración es agitada. Él me toma por la cintura y me sienta en el escritorio. Se acomoda en medio de mis piernas y quisiera olvidar dónde estamos, pero no es posible. Cuando escucho que tocan, trato de separarlo de inmediato, pero él no me suelta. De pronto, se abre la puerta y es cuando él se separa, pero con una sonrisa en su rostro. Yo miro a Rosi en shock y muy apenada. —Lo lamento, señorita Allegra, no sabía que estaba ocupada. Yo alejo a Mateo y me bajo del escritorio, acomodo mi falda y le sonrío un tanto avergonzada.

