09

1640 Words
Esta noche debería ser mía. Es tan oscura y fría, a la vista de todos aquellos me permitía sonreír a gusto al pasar por las calles de la ciudad. Todos me apodan como el ejemplo a seguir ya que no había rastro de desperdicio en mi vida. Un adulto con clase, de los que visten casual, pero que trae consigo un buen futuro. Las señoras cuchicheaban y, en algunos casos, se acercaban por saludarme. Nadie cuestionaba mi vida y el que se atrevía hacerlo sería condenado a los malos comentarios de todos. La vida para él es fácil, decían. Es un gran tipo y un buen partido para mi hija, oía. No le hace falta más nada porque es un tipazo, escuchaba. Pero todos aquellos que hablaban eran ciegos aun viendo con sus propios ojos lo que en sus narices pasaba... Si, se trataba del hombre con más valores que jamás hayan visto, pero también del monstruo con más talento que había imaginado. Era un clásico. Mi pregunta era si de verdad aquella chica que tuvo agallas para gritar abiertamente que era el peor del mundo me conocía… Debería ser así, ¿no? Pero ahí estaba. Caminando con toda la tranquilidad del mundo en la calle del frente. Deteniendo su paso junto al grupo de personas esperando para cruzar la calle. Tenía una mochila en sus hombros y en sus manos un cuaderno gastado. Era de esperarse. Avanzó sin fijarse en los lados y sin percatarse del semáforo en rojo. Semáforo en rojo… - ¡Devora, quédate ahí! -avance apresurado hasta legar a la esquina y detenerme en su dirección-. ¡Devora, deja de avanzar! -pero no me escuchaba. Sus audífonos. ¡Tiene los venditos audífonos puestos! - ¡Devora, maldición! -seguía avanzando. Las personas también le gritaban que se detuviera, pero algo me golpeó el pecho sabiendo lo que iba a pasar. La calle estaba casi vacía, pero un auto n***o iba directo a ella. Sin saber qué hacer sentí mis piernas moverse con la esperanza de que se diera cuenta de lo que iba a sucederle, que abriera bien los ojos y viera el peligro que corría. - ¡Devora! -la tomé por los hombros y giré con ella hasta caer. El auto n***o no tenía intenciones de frenar, no lo hizo, se fue de largo, pero vi su placa perfectamente cuando estaba en el suelo con ella encima. Tiro mi cabeza para atrás y respiro. Veo que alza el rostro y se queda perpleja. - ¡¿Qué te pasa?! ¡Suéltame, idiota! - ¡Lo mismo te pregunto a ti! -reacciono muy rápido que no tengo tiempo de pensar en el posible accidente, sino en su reacción-. ¡¿No te han enseñado a mirar antes de cruzar?! Se levanta y las personas corren a ayudarnos cuando el semáforo ya cambió a verde. Recoge su cuaderno del piso y me mira seria. Le agarro la muñeca y la obligo a ir conmigo hasta el otro lado. - ¿Me puedes decir en qué estabas pensando? -pregunto, más tranquilo-. Devora. -No me di cuenta. - ¿No te diste cuenta del semáforo en rojo? ¿O no te diste cuenta de que casi te atropellan? -No me di cuenta de ambas cosas -sostiene con ambas manos su cuaderno y evita mirarme-. ¿Qué hacías aquí? -Si, Devora, no hay de qué. Me alegro que me agradezcas el salvar tu vida hace cinco minutos -ironizo. Suspira y me mira, cansada. -Gracias, Lían. Me paso las manos por la cara y me cruzo de brazos. - ¿Dónde ibas a esta hora? -pregunto. -Eso no te interesa. -Claro que me interesa -confirmo-. ¿Dónde ibas a esta hora? -A coger el autobús. - ¿Ibas a casa? -asiente-. Te llevo, entonces. -No es necesario, se me hace tarde -intenta girarse e irse, pero agarro su mochila y detengo sus pasos. Irritado. - ¡Suéltame! - ¿Por qué te caigo tan mal como para que no aceptes que te lleve a casa a esta hora? -No voy a ir contigo. -No te lo he preguntado así que vamos -no mueve sus pies y suspiro-. ¿Me vas a tener así toda la noche o vas a ir conmigo? -Ya te dije que no. - ¿Tienes otra opción? -Si. El autobús. -Esa no es una opción. -Es mi única opción -gira y la suelto-. Gracias por salvarme la vida, ahora ya puedes irte y hacer como que no me has visto porque haré lo mismo. Me limito a verla. Ni siquiera hay rastro de susto en su cara. - ¿Ya comiste? -pregunto al verla esperando. - ¡¿Qué tiene que ver eso con lo otro?! -Yo no, mejor vamos a comer -agarro su mano-. Mi auto no está muy lejos, si miras al frente te darás cuenta que a dos calles hay uno estacionado color azul. Ese es el mío. -No tengo hambre. - ¿Cómo no? Son las nueve. Luego me encargo de llevarte a casa. Escucho sus pasos y sonrío al ver que no pone fuerza. -Lían. - ¿Mmm? -Gracias. -No hay de qué. Era lo menos que podías decir luego de gritar, como siempre. Giro mi cabeza y observo que mira al frente. -Creo que comer no estaría mal… después de todo, como agradecimiento. Asiento y abro la puerta del copiloto, espero que entre para hacer lo mismo. Enciendo el auto y manejo en dirección a un restaurante. Me detengo al ver el semáforo y miro disimuladamente por el espejo derecho solo para verla. Está con su mochila en su regazo y el celular con sus audífonos envueltos. Avanzo y giro en la siguiente cuadra hasta ver el edificio al que quería llegar. -Hemos llegado -aviso y estaciono en la calle, le abro la puerta para que salga y le doy las llaves al del servicio. - ¿Hemos llegado hasta aquí para comer o para servirnos un aperitivo? -la miro extrañado-. Los restaurantes caros son los que menos comida te sirven. -Eso ya lo verás -agarro su mano para ponerla en mi brazo e ingresar. Inmediatamente nos ofrecen una mesa para dos y toman nuestras cosas para estar más cómodos. Nos ofrecen la carta y veo que Devora arruga sus cejas mientras la ojea. -Disculpe -ella me mira y yo me dirijo al mesero-. Dos platos principales, uno fuerte, un postre y el mejor vino que tengan a su disposición. Por favor. - ¿De qué desea el postre, señor? - ¿Hay de vainilla? -pregunta, al verla baja la mirada, nerviosa. -Tenemos de vainilla con chocolate y fresas. Veo apretar sus labios sin mirarme. -Ese está bien, gracias -el mesero recoge las cartas y nos deja solos. Pongo mis brazos a los lados de la mesa y la miro buscando sus ojos, pero ella solo mira sus manos debajo de la mesa. -Devora -la llamo-. ¿Te sientes cómoda? Asiente y alza la cabeza. -Todo es muy caro. -Por eso no te preocupes. Es lo de menos. -Hasta la cuchara se ve que es costosa -señala los cubiertos. -Es lo de menos -repito-. Pero quiero aclararte algo. -Soy toda oídos. Busco las palabras adecuadas. -Me gustaría empezar de cero. Acepto que no fui muy amable aquella noche. En realidad, no soy así, solo aproveche un muy mal momento de una forma incorrecta. -Fuiste un completo… -Si. No hace falta repetirlo. Pone sus brazos a los lados de la mesa. Me doy cuenta que nuestros dedos están separados por unos cuándos centímetros y eso me pone nervioso de alguna manera. -Yo no te odio -aclara. - ¿No? Niega. -Solo no me caes bien. O no me caías bien. -También me disculpo por mi comportamiento aquella tarde. No fue muy caballero de mi parte -solo se limita a mover su cabeza de arriba abajo-. Es ahora. Dime todo lo que tengas que decirme. No diré nada al respecto. Si empezar con el pie derecho significa escuchar tus insultos, no me opondré. -Muy bien -se aclara la garganta y continúa-. Tengo algunas reglas. Primero, no quiero que vuelvas a acercarte a mi sin mi consentimiento. Ruedo los ojos. -Todo será con permiso de ahora en adelante. -Segundo, que ni se te ocurra volverme a faltarme al respeto. -Seré muy respetuoso contigo siempre y cuando no me grites o insultes. -Tercero, no te aparezcas en mi piso. Niego, divertido. -Avisaré en una próxima ocasión. -No habrá una próxima ocasión -afirma, muy segura. -Siempre hay una próxima -bebo poco de agua. -Cuarto -sigue hablando-, deja de sonreír así. - ¿Sonreír así? -Como si estuvieras coqueteando. Estoy muy segura de que esa es una de tus tácticas para obtener algo. -Ese es mi objetivo -me acerco un poco y roso mis dedos con los suyos-. Soy muy directo cuando quiero algo. Ella hace lo mismo. -Es una pena tener que rechazarte. Puedo sentir el calor de sus yemas. El simple rose hace que mi cuerpo tiemble y algo dentro ocasione un montón de descontrol. Esto es hechizante. Y verla… me hizo dar cuenta que su piel es delicada. Un perfecto y blanco rostro hermoso. -Entonces está todo bien. -Claro. Todo bien. Su mirada. No puedo con ella. -Si me disculpas, vuelvo enseguida -me levanto y voy directo al baño. Es increíble. Devora, esa chica, es muy diferente. No es posible que cerca de ella no tenga el control en mis manos. ¿Qué está pasando? ¿Qué es lo que está haciendo? Solo es una universitaria, Lían. No puedes fijarte en ella de esa manera. Ese no debe ser tu objetivo porque lo tienes claro. Tu único trabajo no debería tener ese rumbo. Debes deshacerte de esto antes de que cometas algún error. O antes de que la involucres a ella también.
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