-Déjame procesar toda la información que acabas de darme -me recojo el cabello en una cola alta y me siento en una de las sillas del comedor-. Dices haber visto a Jones cuando salías de una tienda de cosméticos y que estaba con una chica -asiente, me pasa su celular y lo señala-. ¿Se supone que tú tomaste esta foto?
-Los vi, créeme. Siento que me engaña -confiesa frustrada.
-Espera -le hago zoom al celular con la foto y empiezo a reírme-. ¡Eres una ridícula novia tóxica! Al ver la foto solo veo dos personas conversando mientras toman una cerveza. Sentados. Y comiendo alguna cosa. ¿Dónde está el agarre de mano, de cintura o el beso como para asumir que te engaña, Daila? Jones es un tipo muy simpático, apuesto que es solo una amiga.
-Yo fui su amiga y terminé siendo su novia, que te recuerde -extiende sus manos encima del comedor y tira su cabeza hacia atrás-. Los vi. Juntos. Salía de la tienda y me escondí al instante para ver qué hacían.
- ¿Viste algo más que sea de ayuda para este caso de investigación confidencial? -niega-. Entonces debes preguntarle directamente a él o seguir en tu misión de espía-tóxica-amorosa para saber si trae algo con otra chica o solo te quiere a ti.
Se queda en silencio, así que enciendo mi celular y empiezo a buscar entre mis contactos un número en particular, sin darme cuenta ya estaba marcando. Pero colgué al escuchar que me atendía la chica de recepción.
- ¿Crees que me esté engañando?
-No creo que Jones sea ese tipo de hombre -admito-. Lo conoces, ¿verdad? Entonces deberían hablar.
-Tienes razón -se levanta y me da una brazo-. ¡Te amo! ¿Ya te lo había dicho? ¡Eres la mejor amiga que podría tener! -me apretuja en su intento de abrazo de oso y le ruego que me de un poco de espacio para respirar-. Cierto… ¿Nada nuevo?
-Depende de qué estemos hablando -me acerco a la nevera y saco frituras.
- ¿Cómo te va en el insti?
-Bien, como siempre.
- ¿Y en tu vida… personal? -la miro desde la barra de la cocina mientras abro dos sodas y las vierto en vasos distintos.
-Depende de qué estemos hablando -repito, confundida.
-Digo, tu vida personal… con nombre y apellido -juega con un mechón de cabello y sonríe al verme sentar de nuevo-. ¿No te suena el nombre de alguien por alguna razón pequeñita?
-No. No me suena a nadie.
-Ya veo -agarra una funda de papas y las abre muy despacio-. Y… No quiero sonar tan atrevida y ansiosa por saber, ¿pero has hablado con Lían?
- ¿Quién es Lían? -pongo mi codo encima y acaricio mi mentón con mi mano-. No lo recuerdo.
- ¡Si le di la dirección de nuestro piso! ¿Cómo no vas a recordarlo?
-Le diste la dirección de nuestro piso -murmuro-. Creo que ya recordé. La ves que me llamaste, colgaste, él apareció en la puerta y luego de eso quería reventarle la cara… Si, ya sé de qué hablas.
- ¿Estás molesta? -hace un ligero puchero y abre los ojos más de lo que normalmente lo hace-. ¿Te molestó que lo hiciera?
-Me molestó verlo aquí -ruedo los ojos-. Fue el peor día de mi vida y no porque tenía muchos trabajos por terminar, sino porque él existió en ese momento.
- ¿Tan mal te cae? Menudo desastre que tienen ustedes dos, yo ya me hacía tía.
-No me cae mal, bueno si, pero no él, sino su comportamiento tan extrovertido. También lo odio a él, pero no tanto. Es decir…
-Ya, lo entendí a la perfección.
-Lo odio y ya. No hay una explicación para eso.
- ¿Eso quiere decir que no me tengo que hacer ilusiones de verlos juntitos como pareja?
- ¿Qué dices? Si apenas cruzamos palabra. Me refiero a hablar como personas normales, sin tener choques de modales o juegos pervertidos de por medio.
- ¿Juegos pervertidos? ¿Qué ha pasado que no me has contado, Devora? -se hecha a reír y le muestro el dedo del medio.
-No hay nada, tampoco lo habrá. Será como hasta ahora lo ha sido, cada quien por su lado sin saber del otro.
Me levanto para ir al cuarto y encender el portátil. Veo que se acuesta en mi cama con la soda en la mano, boca arriba, mirando las figuras extrañas que tengo pegadas arriba.
- ¿De verdad no te ha escrito?
-No tiene mi número.
-Pero si se lo di junto con la dirección del piso.
- ¿Y usas mi número como si nada para dárselo a alguien completamente desconocido? Genial. ¿Cuándo pensabas decírmelo, querida amiga?
-Mejor dime Daila. Lo de querida suena muy traumático y decente para mi gusto.
-Bueno, ¿cuándo pensabas decírmelo, Daila? -me giro en la silla con el portátil en mis piernas para poder verla de cabeza-. Me escriba o no, ¿crees que le iba a responder?
-Sinceramente, sí.
Cierro mis ojos y me paso una mano por el cabello, niego y sigo en lo mío que es completamente más importante que hablar de un mensaje de un tipo que prácticamente abusó de su confianza.
-Dime que al menos no piensas en él y creeré que de verdad lo odias.
No respondo.
- ¡Lo ves! ¡He tenido razón!
-Pero no lo pienso de la manera que deseas. Que recuerde las veces que deje de ser una persona pasiva por su culpa es algo muy diferente.
- ¡A Deva le gusta Lían!
-No me gusta nadie.
- ¡A Deva le gusta Lían Connor!
-Ya te dije que no, Daila. Deja de decir tonterías.
- ¿Qué pasaría si de un momento a otro se decide y te llama?
-Colgaría de inmediato -busco ropa cómoda y la guardo-. Sea lo que sea que trames de ahora en adelante estaré indisponible si tiene que ver con ese idiota.
- ¿Dónde vas? -señala la mochila que dejé en la cama-. ¿Huyes de mí?
-Tonta, iré a casa de unos compañeros.
- ¿Trabajo extra? -asiento mientras busco mis audífonos-. Cuídate de camino a casa, cada vez las calles son más peligrosas. ¿Llevas el aerosol que te regalé?
Abro un cajón del escritorio y saco una botellita pequeña que se lo enseño. Asiente convencida y se termina el refresco. Lo del aerosol fue un regalo de curso por parte de Daila, decía que era la mejor opción que había y la que más me ayudaría si en algún momento me encontraba en peligro.
-Volveré en la noche, ¿puedes preparar algo para cenar?
-Claro, tu solo anda y asegúrate de regresar con vida.
Me lanza algunos besos y yo solo me limito a reír antes de salir. Daila es una persona que está conmigo a pesar de todo. Admiro el cariño incondicional que siempre me da y la forma en que ve la vida. En cambio, a mi me gustaba ver pasar el tiempo desde las sombras, sin alterarlo. Debo admitir que, aunque tengo tranquilidad, en el fondo no la hay.
Siento un peso grande con cada paso que doy y que mis pies se están cansando cada vez más, pero la espera es lo que me mantiene de pie hasta el día de hoy. Los resultados serán mi agradecimiento por soportar hasta ese entonces. Y mis logros, desde pequeña lo he dicho, son los que le dan vida a mi vida, porque considero que la que tenía la perdí.
Todo esto gracias al abandono que sentí desde pequeña. Me decían que si quería ser alguien en la vida tenía que trabajar muy duro. Otros me decían que nada de eso servía si no tenías orígenes. Pero mantuve conmigo lo primero a pesar de creer lo segundo. Y era una gran verdad, sin orígenes no era nadie aquí.
Sin familia, sin tíos, sin abuelos… Sin una madre a quien acudir. Porque fui una niña huérfana que vivió y creció rodeada de personas vacías y que quiso ser diferente a ellos. Quise soñar y aprendí a volar. Ahora puedo decir abiertamente que mi familia es Daila. Desde que la conocí hizo que hallara un refugio.
Irme para estudiar en un mejor lugar al tener la mayoría de edad fue la mejor decisión que pude tomar en mi vida. Aunque abandoné a las personas que me vieron crecer, sé que ellos estarían orgullosos al verme y ver que he cumplido con mi promesa. Ese es mi mayor secreto… Mis orígenes no fueron perfectos, tampoco me he cuestionado el por qué, pero estoy bien así sin saber de algo que solo alteraría el curso que llevo y ocasionaría un freno en mi camino.