Narra Carlos. Me quedé atónito, apoyada contra el reposabrazos de mi sofá, adorando el hermoso cuerpo semidesnudo de Nataly mientras se desabrochaba el vestido blanco. La cremosidad de su piel era magnífica. No podía esperar a sentir su suavidad bajo mis manos. El vestido se deslizó por un hombro y luego por el otro. Nataly se volvió para dejarlo caer de su torso y revelar sus pechos llenos y atrevidos. Sus pezones estaban duros, una vista que me aseguró que se lo estaba pasando bien. Continuó desnudándose, lentamente, su trasero apareció a la vista, redondo y grueso, cada mejilla se curvó a la perfección. La tanga blanca que llevaba cubría muy poco, y me encantó. Ver su cuerpo desnudo fue tan excitante que me vi obligado a sumergir mis manos en mis pantalones desabrochados y sacar mi po

