ROMA, ITALIA. ¿Cuántos pasos podría dar un hombre antes de abrir una zanja debió a su ir y venir? Luca no estaba contando sus pasos pero llevaba media hora caminando de un lado a otro mientras esperaba que alguien le dijera que era lo que había pasado con su esposa. Había llegado al hospital tan rápido como el motor del auto lo permitió y terminó depositando su cuerpo en una camilla para que después fuera enviada a urgencias debido a la frialdad de su cuerpo. —¿Cuánto tiempo más? —No deben de tardar, señor. —¿Qué demonios pasó? Primero había tenido una discusión acalorada con él y después se había desplomado al suelo, dejándole con el corazón en la boca porque la culpa de alguna forma le consumió. Él era culpable de eso, lo presentía. —Solo se puso pálida y se desvaneció. No

