La corbata me apretaba. Mi frente sudaba. Y estaba a punto de desmayarme. No sabía cómo sentirme, estaba tan malditamente nervioso. Juraba que si me hubieran dicho antes que estaría donde estaba, no le creería a esa persona. —Oliver, relájate —Damián llegó y golpeó mi espalda, haciéndome perder el equilibrio. —Chúpala. —No seas grosero, Jesús —murmuró. — ¿Hablaste con Jacob? —Cambié de tema. Necesitaba saber que todo estaba bien. —Sí, Amelia dijo que estaba incluso peor que tú. Emily ha llegado y dijo que quería ver al chupa pollas de Oliver. Mis ojos se abrieron un poco y recordé la vez que estábamos en el hospital por Jacob y ella me encontró haciéndole un oral. Inmediatamente mis mejillas se tiñeron de carmesí y aclaré mi garganta, avergonzado. — ¿Te lo dijo así? —Sí, —Damiá
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