Ahora estaba con una resaca moral del porte de un buque de guerra y un cuerpo inerte y desnudo a mi lado. Sabía que había hecho mal en utilizar a Tomás de esa forma, en utilizar el sexo como escudo y amortiguador de lo que realmente pasaba, pero todo salió de mí como si no fuese yo en esos momentos. Cualquiera diría que era una zorra, pues bien, en esos momentos lo era, una zorra que aún tenía que afrontar la realidad. Bajé los escalones para encontrarme con la fiesta tal cual la habíamos abandonado con Tomás. Nadie me prestó ni la mínima atención y logré soltar el aire de mis pulmones. Mientras caminaba y la música sonaba fuerte en mis oídos no podía juntar al Chace de hace unas horas con la versión de mi prima, nada cuadraba, nada tenía sentido. Eran dos Chace totalm

