bc

Amiga, duerme con mi esposo

book_age18+
3
FOLLOW
1K
READ
revenge
love-triangle
family
HE
forced
curse
heir/heiress
drama
serious
city
soul-swap
like
intro-logo
Blurb

«Amiga, dormir com meu marido» cuenta la historia de Ana Clara, una joven impulsiva y soñadora que decide tomar las riendas de su vida amorosa reclutando al desconocido Pedro para una falsa aventura. Su objetivo: despertar los celos de su ex novio, un tipo que la engañó de forma sórdida.

Ana Clara, llena de planes y vivacidad, contrasta drásticamente con Pedro, un hombre reservado y pragmático. Entre situaciones embarazosas y cómicas, se sumergen en una relación de fachada, donde lo único real es la flagrante diferencia entre sus personalidades. Sin embargo, mientras escenifican su romance ante el mundo, ocurre algo sorprendente: entre ellos comienza a formarse una conexión inesperada y genuina.

Pero el año 1998, que parecía eterno, no duró para siempre como ellos deseaban. De repente, todo cambió. La chica llena de sueños hizo realidad el más imposible de ellos, sólo para arrepentirse amargamente de lo que una vez había deseado.

Huyendo del sueño que se convirtió en pesadilla, Ana Clara regresa a su pueblo natal después de años y se estremece cuando su mejor amiga le hace una petición insólita e inquietante: que se acueste con su marido.

chap-preview
Free preview
CAPÍTULO 1. PRÓLOGO
En cuanto Ana Clara entró en la cafetería donde hace más de veinte años había una tienda de alquiler de CD, sintió que le flaqueaban las piernas y se le aceleraba el corazón. Si cerraba los ojos, aún podía recordar todos los momentos que había pasado en aquel lugar y aún podía ver las estanterías que ocupaban todas las paredes, decoradas de colores con carátulas de CD de los mejores grupos nacionales e internacionales. Miró la pared blanca y vacía. Sonrió para sus adentros al recordar que allí estaban sus favoritas: "Surf Music". Hizo una mueca y sintió ganas de vomitar. - ¿Clara? Oír la voz de su amiga tanto tiempo después era como volver a casa... Aunque "casa" ya no existiera. Se acercó lentamente a su amiga, observándola de cerca. La mujer no había cambiado nada en todos aquellos años. Su piel seguía siendo hermosa y no se le notaba ni una sola arruga. Su pelo seguía siendo largo, con el mismo corte que antes. Y no había engordado ni un gramo. No sabía cómo actuar. ¿Debía abrazarla y preguntarle qué quería para siempre? ¿O darle la mano, fingiendo que apenas sabía quién era después de tantos años? Hubo un día en que compartieron sueños, planes, comida, secretos y una vida. Ahora eran meros conocidos. Cada uno había seguido su propio camino, aunque el de aquella mujer les había robado parte del suyo. Antes de que pudiera decidir qué hacer, la otra mujer se acercó a ella y le dio un fuerte abrazo. Ana Clara respiró hondo, sintiendo el aroma del perfume caro que emanaba de su cuerpo. La diferencia era que hoy en día ella también podía permitirse usar los importados y no tenía que pedirlos prestados. No debería haber sentimientos heridos... Pensó que todo estaba superado. Pero, al parecer, se equivocaba. - ¡Cuánto tiempo! - El otro sonrió sinceramente. - Sí... Mucho. Ambos se sentaron y permanecieron en silencio durante un rato. - No has cambiado nada, Clara. Por el amor de Dios, ¿has dormido en formol? Los dos se rieron y Clara no pudo evitar decirlo: - Yo pensaba lo mismo de ti. - I... Hace años que no vengo por aquí - confesó el otro - Y no pensé que entrar en este lugar me haría echarlo tanto de menos. Ana Clara suspiró: - Incluso recuerdo dónde estaban mis CD favoritos. - Se oyó confesar, como si aquella mujer siguiera siendo la persona en la que más había confiado a lo largo de los años. - ¡Allí! - Señaló a la morena de pelo liso, sin flequillo, justo por encima de la cintura. Y, por supuesto, no se equivocaba. La estantería de música surf estaba exactamente debajo de la ventana actual. - Lo he visto en internet... Y en algunas revistas. - Sabes, el otro día estaba en la consulta de un médico y leí una entrevista contigo ¡y se la enseñé a todos los que esperaban en la sala! - Sonrió - Estaba orgullosa de ti... - ¿Y qué has estado haciendo? - quiso saber Clara, tratando de no ser entrometida ni parecer curiosa. - Me licencié en arquitectura. Pero no trabajo en ese campo. - ¿En qué trabaja? - Me ocupo de la empresa de mi padre. Clara se rió, sacudiendo la cabeza. En el fondo se lo imaginaba, ya que era hija única y el negocio familiar siempre había sido muy prometedor. - He visto a tu hermano. - Comentó, fingiendo desinterés. - Sí... I... Estoy con él. - Le pedí que me diera su número cuando supiera que habías vuelto. Pero cuando Renan me explicó que aún no tenía su número, decidí concertar una cita. No podía esperar. Tenía miedo de que te fueras otra vez... de la nada. - Estoy tomando prestado un teléfono... de un amigo. - expliqué, mostrando el móvil de última generación, que en realidad no era mío y ni siquiera sabía el número. - ¿Cuándo volvió Renan? - Hace un mes, creo. - ¿Aceptaste volver al mismo tiempo? - No, fue una coincidencia. Está en la casa que era de nuestros padres. Y pensé que era mejor quedarme allí con él. - Renan... ¿Casado? - Sí. Bajó la cabeza. Ana Clara dudaba de que su antigua amiga pudiera seguir sintiendo algo por Renán. Se rió para sus adentros, pensando que era cínico si fuera cierto. Podría decir que su hermano se había casado, sí, pero que ya estaba divorciado por segunda vez y tenía un hijo. Pero aquella mujer no merecía oír eso. - No ha habido día en que no haya pensado en ti. - Sus ojos azules parecían sinceros. Y podría haber sido cierto, ya que Clara también la echaba de menos. Pero, por el contrario, ni una sola vez tuvo tiempo de pensar en su amiga, porque su vida era una caja de sorpresas, una bomba atómica a punto de estallar en cualquier momento. Tanto que estalló y Ana Clara estaba allí, en aquella cafetería, que alguna vez había sido la tienda de CD más caliente de la ciudad de Laranjeiras, en el interior de Noriah Norte. - ¿Cómo está? - se oyó preguntar Clara, con el corazón latiéndole tan fuerte que podía sentirlo en la garganta, en la palma de la mano e incluso en la circulación de la sangre. Podría haber fingido que no sabía nada, pero pensó que era mejor jugar limpio. No es que quisiera saber qué pasó realmente durante el tiempo que estuvo fuera, pero esperaba recibir al menos una explicación... Sólo una. - Está bien. ¿Qué esperabas? - Sólo era una pregunta. En realidad, no esperaba nada. Miró el dedo anular de su amiga, que lucía un hermoso y grueso anillo de oro. - ¿Está divorciado? - preguntó la morena, aparentemente igual de curiosa. Ana Clara se miró el anillo solitario del dedo corazón, la marca de la alianza había desaparecido hacía tiempo. - Soy viuda. - Intentó no parecer tan feliz y aliviada al decirlo, tratando de evitar la amplia sonrisa que quería esculpir en su rostro. - Lo siento. ¡Oh, si supiera que Ana Clara no lo siente! Por un momento, Ana Clara miró a su alrededor, temiendo que alguien la estuviera observando. Respiró hondo, llamó a la camarera y pidió un capuchino. No esperaba estar allí mucho tiempo. En realidad, los planes eran ver a parte de la familia que se había quedado en la ciudad y marcharse para siempre. Se rió para sus adentros. ¿Qué sentido tenía fingir? Podía engañar a todos menos a su propio corazón. Sólo volvió por él... Para verle por última vez en su vida, para poder seguir por fin su camino, sin las sombras del pasado. - ¿Seguimos siendo amigos? - preguntó el otro con seriedad. - ¿Tengo que contestar? - Ana Clara se mostró sarcástica, intentando dejar claro que la respuesta era "no". - Quiero que te acuestes con mi marido. Ana Clara miró a su vieja amiga, que estaba apoyada tranquilamente en el respaldo de la silla, sin una sonrisa en la cara. Pensó que no acababa de entender y se puso a mirar la carta, pensando en un dulce para acompañar su capuchino. Estaba nerviosa y cuando eso ocurría sólo un chocolate podía calmarla y... - ¡Amiga, quiero que te acuestes con mi marido! - Lo dijo tan claro como el nombre de Clara. Ana Clara se echó a reír. Si había algo que su amiga no había sido en su vida, era divertida y juguetona. Siempre decían que era la rubia loca y la morena sensata. Pero había pasado mucho tiempo y tal vez la otra había cambiado y había adquirido sentido del humor. - Hablo en serio. ¿Por qué crees que te pedí que vinieras? - Ni siquiera sabías que estaba en la ciudad. - Pero lo supe en cuanto vi a tu hermano. E hice la cita para hacer esta petición. - ¿Estás diciendo que viste a Renán y decidiste en el acto que querías que me acostara con tu marido? - Ana Clara rió libertinamente - Vale... ¿No puedes tener hijos y quieres que lleve a tu bebé en mi vientre? O... Déjame ver la otra hipótesis... Has conocido a otro hombre y quieres divorciarte, pero no te apetece compartir la herencia, ya que es de tu familia, así que le acusas de adulterio y... El teléfono de Clara sonó, haciéndola callar inmediatamente. Sólo una persona tenía ese número. Y ella tenía que contestar. - ¡Me debes este puto favor! - La mujer habló en voz alta, atrayendo la atención de otra pareja que estaba allí. Ana Clara nunca la había visto cambiar la voz ni decir palabrotas. Se quedó estupefacta e impresionada no sólo por la petición, completamente loca e insensata, sino también por la mujer que tenía delante. - I... No te debo nada. - Clara habló en voz baja, casi inaudible, mientras un mar de recuerdos inundaba su mente. El sonido del teléfono ya no parecía existir cuando todo salió a la luz: la gran suma de dinero, la prueba de embarazo... Por no hablar de las noches en el refugio, las mentiras no reveladas tanto como las verdades. Aquella mujer había mentido a sus propios padres para ayudar a Ana Clara en el pasado, comprando una pelea con su familia a favor de su amiga. - Nunca pedí nada a cambio. - La voz le salió resentida y los ojos se le empañaron. - ¿Cuánto tiempo planeaste esto? ¿Esperaste a que volviera un día para pedirme todos los favores que me hiciste en el pasado? - ¿Y si lo fuera? Clara, hice todo por ti. Y nunca pedí nada a cambio. - Está preguntando ahora. Es completamente absurdo. Nunca lo haría. Por cierto, ¿sabe "él" lo que me estás preguntando? - No... Sólo sabe la parte en la que voy a morir. Ana Clara miró a su amiga con incredulidad. Su móvil volvió a sonar con insistencia. No sabía si contestar o dejar aflorar sus emociones tras la revelación. - Contesta, por favor. - pidió, dándose cuenta de que el sonido ensordecedor no cesaría nunca. - ¡Habla!" La voz sonaba sin emoción. - ¡La cagaste, Clara! No está muerto. - Como... ¿Así? Clara sintió que le ardía la cara y un escalofrío recorrió su espina dorsal, deteniéndose en su estómago, con el cuerpo completamente helado, como de costumbre. La otra, por su parte, vio en los ojos verdes de su amiga de la infancia todo el pánico que había tras la noticia de aquella llamada: - Clara, ¿va todo bien? - No... No es... - Clara dejó caer el móvil de sus manos, estrellándose contra el suelo - Yo... necesito ayuda. La mujer se rió sarcásticamente: - ¿Una vez más? ¿Atrás en el tiempo? Clara no dijo nada. Parecía que el destino le estaba jugando una mala pasada. Toda su vida aquella mujer la había ayudado y justo cuando le pedía un favor, por absurdo que fuera, Clara se negaba. Ahora volvía a necesitar ayuda desesperadamente. Y no tenía a quién recurrir. - ¡Te necesito! - suplicó Clara, despojándose de toda la altivez y el orgullo que antes tenía. - Te ayudaré. A cambio, harás lo que te pedí. Te acostarás con él. - ¿Será sólo una vez? - se oyó preguntar Clara, aunque su mente le rogaba que ni siquiera pensara en esa posibilidad. - Una vez es suficiente. Clara miró el teléfono tirado en el suelo. Y luego a su amiga. Durante tanto tiempo, había dejado sus recuerdos atrapados en una caja, a la que había puesto tantos candados para evitar que se abriera, guardándola en un lugar profundo de su corazón, donde nunca imaginó que podría recuperarla. Puso su mano sobre la mesa y la otra envolvió sus dedos en los de él, con los medios corazones de cada uno de sus dedos formando uno solo, el tatuaje que se habían hecho juntos con la promesa de que serían amigos para siempre y siempre se ayudarían mutuamente. - ¡Necesitas oír la verdad sobre lo que pasó, Clara! - No quiero oírlo... Por favor, ¡no quiero oírlo! - Clara cerró los ojos, apretando con fuerza la mano de la otra mujer - ¡Me acostaré con él! Sólo necesito que me ayudes... No puedo más... ¡No puedo más! - Se oyó confesar, sintiéndose, después de tantos años, por fin acogida. Entre tantos enemigos, los antiguos parecían amigos. En su cabeza resonaba la conocida frase, leída miles de veces en la soledad de su habitación: "Muchas veces, por un acto irreflexivo de mi parte hacia una persona, terminé distanciándome de otras que me eran queridas."

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Crónicas de una Ninfómana

read
17.6K
bc

Quiero ser tuya!!!

read
3.6K
bc

Infelizmente Casados

read
3.7K
bc

Hermanastros +18

read
17.0K
bc

Un café para el Duque. (Saga familia Duque Libro 1)

read
15.9K
bc

¡Serás mío querido hermanastro!

read
8.9K
bc

Bodas de Odio

read
5.7K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook