- Mamá dijo que te dolía la cabeza.
Me senté en la cama:
- Dolor de cabeza... Cólicos...
- ¡Sé lo que se siente! ¡Necesitas ver a un médico, Clara!
- No tienes ni idea de lo que dijo papá...
- Mamá me lo dijo.
- Estaba de acuerdo con él, Renan.
- Sabemos que no tiene muchas opciones, ¿verdad? - Me alisó la mejilla-. Pero no te enfades. Te he traído medicinas.
- ¿Lo has traído tú? - Fruncí el ceño sorprendido.
Sonrió y sacó una chocolatina de debajo de la camiseta. Le cogí la mano y abrí el envoltorio:
- Ah, Renan... Si no fueras mi hermano, estaría muy triste.
Renan se echó a reír:
- ¿Qué no harías por un chocolate? Incluso te conviertes en un buen mentiroso.
- ¡Si supieras lo buena mentirosa que soy! - sonreí con tristeza.
- Tal vez debería abastecerme de chocolates para tu período premenstrual.
- No me enfadaría.
Renan se sentó en mi cama.
- Sabes que no me gustan las mismas canciones que a ti, ¿verdad? Pero cantas mucho "Trem do amor".
- Es de Sine Calmon y Morrão Fumegante.
- Sí, esta banda con un nombre super raro. Acabo de ver que estarán en Baccarath el próximo fin de semana.
- ¿De verdad?
Lo primero que se me pasó por la cabeza fue que Patrick había estado escuchando esa canción una vez mientras lavaba su tabla de surf un lunes. Si escuchaba Sine Calmon, seguro que le gustaba. Y si le gustaba, claro que iría al concierto.
- Tengo que irme. - dije inmediatamente, emocionada.
- ¡Eso es una propina! - Me besó en la cabeza.
- ¡Eh, Renan! Gracias... Por el chocolate, por las noticias... Y por preocuparte por mí.
- ¡Siempre me importarás, Clara! Y me importarás. Porque estás completamente loca. Especialmente cuando se trata de ese imbécil surfista que es nuestro casi-vecino.
- Ni siquiera le conoces para llamarle "gilipollas", Renan.
- Ni siquiera tú para idolatrarlo como lo haces.
Puse los ojos en blanco:
- Así que no empecemos esta conversación o nos pelearemos.
- Así que lo cerraremos aquí. Pero dime una cosa... ¿Ha mejorado Flora gracias al anticonceptivo?
- ¿A qué te refieres?
- Mamá comentó que tenía un flujo muy abundante y calambres, igual que tú.
- Sí, claro que no siente tanto dolor como yo, pero también es muy difícil para ella durante estos periodos. Al menos su madre se preocupó y encontró una solución. Aún no le ha venido la regla para asegurarnos del resultado, pero espero que mejore.
- ¿Crees que a su madre se le ocurrió esto como excusa para que empezara a tomar la píldora?
- ¡Claro que no, Renan! No seas gilipollas como nuestro padre, por favor.
- Sólo tenía curiosidad.
- ¿Por qué?
- Porque... ¡Flora sigue pareciendo una niña!
- ¡Es una niña!
- Imagino que un dolor que sientes todos los meses debe ser bastante molesto.
- Sí.
- Espero... Que ella estará bien.
- ¿Tan preocupado estás por Flora? - Sonreí - No me digas que...
- ¡No!" Ni siquiera me dejó terminar de hablar y se fue.
Sonreí, segura de que Renan tenía algún interés en Flora. ¿Y ella estaría interesada en Renan?
A la mañana siguiente me despertó la ventana de la habitación abierta, el sol me daba directamente en la cara, apenas me dejaba abrir los ojos.
- Vamos a levantarnos. ¡Ya son las seis de la mañana! - He oído a mi padre.
- I... Sólo tengo clase por la tarde. - me disculpo, sintiendo un fuerte dolor en el estómago.
- Una mujer que deja que el sol brille en su cama por la mañana es una golfa. - Me dijo, apartándome las sábanas.
Me levanté, mis piernas apenas me obedecían, debilitadas.
- Tú... ¿No trabajas hoy? - Pregunté.
- Estoy fuera del trabajo.
¡Maldito tiempo libre! ¿No podía encontrar un trabajo que le obligara a trabajar siete días a la semana y 24 horas al día?
Me duché y me vestí, encontrando la mesa puesta para desayunar.
Me senté y pregunté:
- ¿Por qué no ha venido Renan a desayunar? - Miré el reloj y aún no eran las siete de la mañana.
- Porque es un hombre - explicó Joaquim - A una mujer no se la puede coger al sol en la cama.
Le miré, dándome cuenta de que se moría de ganas de que le llevara la contraria para poder pelearnos. Mi madre me tocó ligeramente el brazo y respiré hondo.
Todos los fines de semana era lo mismo: teníamos que madrugar. Pero normalmente mi hermano también se despertaba, ya que nuestro padre subía la música al último volumen en cuanto amanecía o intentaba romper algo para que nos preocupáramos y nos levantáramos de la cama. Y luego estaban los días en que decidía ser él mismo, sin máscaras, y simplemente abría la ventana de mi habitación y me decía que me levantara porque "él" había decidido que no quería que siguiera durmiendo.
Un día tendría una casa. Y dormiría los fines de semana hasta mediodía. O si quería, me pasaría el día en la cama, sin preocuparme de nada... Porque eso no me convertía en un vagabundo. Y seguramente cuando eso pasara también estaría tomando anticonceptivos.... Lo que tampoco me convertiría en una golfa.
Tantas cosas hacían a una mujer una puta en su opinión... Excepto sus amantes. Ciertamente eran mujeres "decentes". ¡Y viva el cinismo! Sí, porque ahora lo necesitaba.
- Papá... - Me unté mantequilla en el pan, fingiendo que no me importaba tanto - Hay un concierto en Baccarath el próximo fin de semana, de un grupo que viene de lejos... - empecé.
- ¡Y no lo harás!
Le miré, dándome cuenta de lo enfadado que estaba. Me mordí el labio, preguntándome qué decir, ya que ni siquiera me había dejado terminar de hablar.
- Mis notas son buenas. Ayudo a mamá en todo lo que me pide...
- No". Ni siquiera miró en mi dirección, concentrado en su taza de café.
- ¿Puedes decirme por qué? - Le miré seriamente, con voz firme.
- No, no puedo. Y no tengo que hacerlo. No, porque no tengo.
- ¡Tiene que haber una razón! - Al menos dímelo.
- No!", gritó, golpeando la mesa, asustándonos a mi madre y a mí.
- Tengo... Tengo 18 años... - mi voz salió débil - Soy... mayor de edad.
- ¡No me importa la edad que tengas! - Yo dirijo esta casa. Y de ti. ¡Y no vas a ir al puto concierto!
Me levanté de la mesa y corrí a mi habitación, cerrando la puerta con llave. Cogí una maleta y metí algo de ropa dentro. Las lágrimas no me dejaban en paz, nublándome la vista mientras se derramaban. Salté por la ventana y me dirigí al final del pasillo entre la casa y el muro, mirando hacia la puerta de salida.
Respiré hondo. Era mi única opción: coger mis cosas y vivir la vida lejos de allí. Mientras estuviera bajo su mando, nunca sería feliz.
Miré la ventana abierta y recordé mis cosas... Mi habitación, mi cama, mi armario, mi máquina de escribir, mis revistas Capricho que estaban en una caja debajo de mi cama. Y lo más importante... Mi madre.
Mi hermano y yo éramos su única felicidad y las únicas personas con las que hablaba. Los fines de semana, mi padre simplemente desaparecía, fingiendo estar trabajando, cuando todos sabíamos que era mentira, incluida ella. Así que vivíamos felices, despertándonos a la hora que queríamos, comiendo lo que nos apetecía y siendo libres. Pero no era frecuente que tuviera una mujer para el fin de semana. Y cuando eso no ocurría, teníamos que estar a su merced.
Una vez fui a casa de mi tía Ruth, segura de que me acogería. Y sí, me confirmó que podía quedarme. Pero también me dejó muy claro que si me iba de casa así, mi padre nunca me dejaría volver... Ni siquiera para ver a mi madre.
En otras palabras, me escapé de casa, volví y nadie más que mi tía se enteró. No necesitaba a Joaquim Versiani para nada, excepto para mantenerme, que era su obligación. Pero mi madre... Ella nos necesitaba a mí y a Renan... Para vivir.
El jueves, en clase, Flora puso dos entradas sobre mi mesa. Eran para el concierto de Sine Calmon y Morrão Fumegante, al que no tenía ninguna esperanza de ir.
- Flora...
- Vas a ir. Ya he comprado tu billete.
- ¡No puedo!
- ¿Y si se va Patrick?
- ¡Nunca va allí, amigo! - Intenté no hacerme ilusiones.
- Pero tú mismo dijiste que estaba escuchando "Love Train". Imagínate que yo llegara a tu casa el domingo y te dijera que Patrick estaba en Baccarath y tú en casa. ¿Qué harías?
- Me pondré una soga al cuello y tiraré de ella hasta quedarme sin aire. - Risas.
- ¡Vamos, sonríe! Hablaré con tu padre y le pediré que duerma en mi casa.
- No me deja.
- No sabrá que venimos al espectáculo.
- ¿Lo harías por mí? - le pregunté.
Asintió con una sonrisa. Nos abrazamos.
- Entonces, ¿aceptó ir? - preguntó Beverly desde detrás de nosotros.
- Sí", aceptó Flora.
Los tres chillaron de alegría.
- He comprado las cuatro entradas para nosotros. - Flora dijo.
- ¿Les dijiste... ¿Sobre por qué no quería ir? - Me preocupé, preguntando en voz baja.
- ¡Claro que no! - me miró fijamente- Yo nunca haría eso, Clara.
- Gracias. - La abracé.
Y Flora realmente hizo lo que prometió. Habló con mi padre. Y aunque dijo todo lo que dijo sobre que era una golfa, me dejó dormir en su casa ese fin de semana.
Eso es porque era un falso, un cínico. Los que no le conocían de verdad pensaban que era un gran padre y un marido ejemplar. Sólo los que vivían con él más íntimamente sabían que todo era mentira... Que la familia Versiani era una mentira.
Tuve suerte de que Flora fuera mi verdadera amiga. Y la única que sabía todo lo que me pasaba dentro de aquella casa. Y sí, ella me creía, a pesar de que nunca había visto nada que demostrara lo que yo le contaba.
Esa noche nos preparamos los cuatro en casa de Flora. Y su padre nos llevó al centro de la ciudad, dejándonos delante del Baccarath antes de medianoche.
Nos sorprendió que no hubiera cola. Pero el guardia de seguridad estaba en la puerta.
- ¿A qué hora empieza el concierto? - preguntó Flora mostrando las entradas.
Cogió los billetes de la mano de mi amigo y dijo:
- Dios, chicas, este espectáculo ha sido cancelado. Sólo vendieron cuatro entradas. Y aparentemente... Son las que compraste.
- ¿Sine Calmon no viene? - pregunté, completamente sorprendido.
- No, nunca he oído hablar de esta banda, pero los propietarios esperaban vender al menos 200 entradas, que es lo que se consigue un día normal con una banda de versiones. Pero había cuatro... - sonrió torpemente, devolviéndonos las invitaciones. Seguro que os compensan por vuestra pérdida.
- ¿Y quién tocará? - preguntó Beverly, curiosa.
- Nadie... No hay banda hoy, no hay cobertura. Sólo un DJ.
- Ya estamos aquí. - Me encogí de hombros - No está de más entrar.
Entramos en el Baccarath, aunque el espectáculo se había cancelado.
- Joder, ¿sólo nos gustaban a nosotros? - Beverly se echó a reír.
- Supongo que sí. - Y nunca había visto Baccarath tan vacía en mi vida. - Miré a mi alrededor.
- No creo que la gente viniera por miedo a tener que escucharles tocar... - A Flora le dio un ataque de risa.
- Bebamos", sugirió el otro amigo.
Fuimos directamente al bar. Me senté y pedí un Blue Lagoon. Podía probar diferentes bebidas, pero la azul simplemente me enamoró a primera vista, no sólo por el sabor, sino también por la forma en que estaba decorada, con una rodaja de naranja y una cereza en almíbar. Me encantaban las cerezas en almíbar.
Sorbí mi bebida de un trago mientras miraba hacia el camarote donde había celebrado mi cumpleaños. Y me vino a la mente Pedro. Miré rápidamente alrededor de la pista de baile y no le vi. Definitivamente no estaba allí.
me reí. Hacía mucho tiempo que no veía a mi "novio". De hecho, sólo nos habíamos visto dos veces. ¿Quizá la semana que viene sería interesante que esperara a que llegara al instituto para que pudiéramos charlar? De novios mentirosos, ¡por supuesto!
Beverly no tenía noticias de Jason, ya que él trabajaba durante la semana y ella estaba concentrada en estudiar para sus exámenes. Y después de enterarme de que estaba saliendo con alguien, me daba igual lo que hiciera o dejara de hacer. Si mi amiga me hubiera dicho que Anastasia había estado en su casa, me habría disgustado mucho, ya que Jason nunca me invitó.
¡Maldita sea, Jason le había dado flores a esa chica!
"- Te llevaré a un motel alguna vez.
- ¿Sólo para poder dormir en la cama?
- ¿Crees que es tan malo tener sexo conmigo?
- Creo que voy a demostrar que soy bueno en la cama, sobre todo en la ronda".
Me encontré recordando las frases de mi novio. Pedro era delgado, pero cuando aquella noche se quitó la camisa para ponérmela me di cuenta de que no tenía un cuerpo feo. Al contrario, era un chico "muy elegible". ¿Era bueno en la cama? Bueno, eso sólo sería si lo probaba.
- ¡Qué mal se está aquí! - Flora se quejó - ¿Qué te parece si vamos a ese bar cerrado de la manzana de abajo?
- Sólo va gente mayor. - Beverly dijo.
- Y aquí no hay ni un solo chico guapo. - comentó Flora.
- En eso tiene razón. ¡Mis bragas siguen igual! No hay pérdida total. - Hice un punto de decir.
Acabamos yendo a un bar que no conocíamos, aunque habíamos oído hablar de él. Ni siquiera nos pidieron la documentación para autorizarnos a entrar.
El local era pequeño, oscuro y la música que sonaba era una mezcla de pagode y forró, pero con lúgubres letras campestres. En resumen, un repertorio para "cornudos".
- Tomemos una copa. - propuso Beverly.
- Voy al baño. - dijo Flora, cogiendo la mano de nuestra otra amiga para acompañarla.
Puse mi brazo entre los de Beverly y nos dirigimos a la barra, llena de hombres. Levanté la vista con asco. Todos parecían borrachos y nos miraban de pies a cabeza, como si quisieran comernos vivas.
Hasta que miré a la vuelta de una esquina y vi a una pareja practicando sexo prácticamente en público. El hombre estaba apoyado contra la pared y la mujer estaba de cara a él. La mano de él estaba dentro de la falda, a un lado del culo. La carne de su culo era totalmente visible y estaba claro que no llevaba bragas.
En un instante, miró por encima de su hombro. Y nuestras miradas se encontraron. Sentí que el corazón me latía tan fuerte que pensé que iba a morir allí mismo. Me flaquearon las piernas y empecé a sudar. Era mi padre.