EVENTO DE BENEFICIENCIA

2488 Words
Ajustándome la corbata en el retrovisor, estuve a nada de perderme a la chica que salía del carro frente a mis narices, este era un Shelby, no como el mío este era más… moderno, y tampoco era el mismo carro en el que le había visto irse ayer. Y jodidamente no era el mismo chico de ayer el que estaba bajando del coche para abrirle la puerta, este no tenía ningún tatuaje a la vista como el otro tipo, este nuevo chico se miraba más escuálido y más cerca de la edad de Daira. Me mordí los labios con fuerza, ¿Cuánta competencia tenia si quería llegar hasta esta chica? eso si mi edad no la asustaba antes de que pudiera hacer mi primer movimiento. Apreté los puños sobre el volante cuando vi que el chico se inclinó sobre ella y le besaba; pero no los labios si no la mejilla. Ella se alejó con las mejillas rojas y se despidió con la mano cuando el chico volvió a su coche y arranco haciendo chirriar las llantas sobre el pavimento.   Daira parecía estarse escondiendo de alguien, cuando la vi asomarse en todas direcciones a través de las barras de metal del portón por donde cabía su pequeña cabeza, antes de teclear el código en algún panel oculto y entrar por la puerta del personal. Encendí el coche avanzando hasta donde el portero eléctrico me abrió las puertas después de dar mi nombre y asunto por el cual me encontraba ahí en la mansión. Sonreí al ver a Daira correr por todo el extenso patio lateral hasta perderse por una puerta. Negué, no me gustaría meterla en problemas pero ¿Qué diría su padre si le contara lo que he presenciado? Tampoco es que fuera un soplón pero… —que estoy diciendo— es una chica joven comiéndose al mundo, después de todo yo también me cene a su prima ¿No? Apague el coche justo al lado de un Great Wall Hover H3 que tenía la marca de la empresa del señor Medici, el chofer quien estaba recargado en un costado del coche me saludo con una inclinación de cabeza.   Subí despacio los escalones de la casa deleitándome con la paz y el sonido de las aves que transmitía todo el extenso lugar sacado de un cuento de hadas. La puerta a la casa estaba abierta y entre sin contemplación, voces provenían de la sala así que me encamine hacia estas. —Que propones para esta noche —con una copa de vino en la mano el señor Medici parecía muy relajado, no estaba llevando traje de oficina si no un conjunto blanco en pantalón y camisa tipo manta junto a unos zapatos cómodos. El anillo grueso de oro brillo en su mano al estirarla para tomar un bocadillo de la charola frente a él. Asentí al hombre cuando me vio e hizo señas para que me acercara. —Deberíamos cerrar el trato, antes de que la fiesta se lleve toda nuestra atención, después de ello no recordaremos ni como tomar la pluma —soltó una risa el otro hombre quien era oculto por el respaldo del sillón en el que se encontraba sentado. Distinguí un ligero acento español en su hablado, así que este tenía que ser el socio y mano derecha del hombre, no recordaba su nombre pero al verlo de frente su rostro se me hizo conocido. —Oh, Leandro este es nuestro futuro socio —me presento el señor Medici, estreche mano con el hombre español, quien me frunció el ceño como viendo si era confiable. Le sonreí y tome asiento ignorando su mueca. ¿Le sucedía algo a este tipo? —Vera joven Cisco, Leandro es el sucesor de su padre, mi mano derecha en la empresa y quien también tiene un voto importante en las decisiones que llevaran a crecer esta misma. Hemos estado platicando con mi abogado para establecer un acuerdo entre ambas empresas, se lo que conlleva una fusión con Adalu corp. Y también estoy consciente de los grandes beneficios que tendrá esta unión… —en ese momento los jóvenes gemelos entraron lanzándose dardos de juguetes con pistolas plásticas, sus risas llenaron el cuarto y me perdí escuchándolos, mientras recordaba a mis jóvenes hermanos a quienes tenía mucho que no veía, mi padre quien había depositado todas sus esperanzas en que continuara con la sucesión en la empresa cosmetiquera y debido a mi “rebeldía” al negarme a sustituirlo en la cabecera de la empresa; había estado furibundo por mucho tiempo, entonces decidí irme de casa y encontrar mi propio camino; hoy era un gran orgullo para él y mi demás familia. —Entonces estás listo para firmar… o quieres que tu abogado le eche un vistazo a las clausulas estipuladas —parpadee mirando al señor quien esperaba mi respuesta. —Veo que aun estas un poco en las nubes —palmeo mi espalda soltando una risita.   El otro tipo frente a mi sonrió con sorna, estirando las manos en el cabezal del sillón mientras se llevaba el vaso de licor a los labios. ¿Qué había sucedido, tan repentinamente?, mire al señor Medici y le sonreí encogiéndome de hombros. —Supongo que no estaría mal si mi abogado le echara un ojo a los papeles, sé que es un hombre recto señor Medici… —Roman, llámame solo Roman hijo —el tipo al otro lado resoplo inconforme —pero está bien. Pediré a mi asistente que traiga los papeles para que los puedas tener esta misma noche. —Eso me favorecería —dije, aceptando el vaso de licor ámbar que me ofrecía el señor, chocamos vasos los tres celebrando una futura unión que nos beneficiaria a ambas empresas.   Ligeros pasos provenientes del pasillo venían acercándose, mientras nosotros manteníamos nuestra charla de negocios; una bella chica se posaba al lado del sillón del españolito quien salto al ver a la bella chica a su lado, fue una reacción obvia, el tipo seria otro más a mi lista de rivales, —¡Daira!— exclamo con asombro. Daira le sonrió acercándose a él para estrechar su mano y besar la mejilla del tipo, era bobo que se sonrojara como un adolecente por un simple rose de los apetecibles labios de la chica en su piel. —Leandro, es bueno verte de nuevo —dijo con su voz de ángel. —¡Papi! —musito besando también a su padre. Estaba hermosa con su cabello mojado hecho un nudo sobre su cabeza. Fruncí el ceño, como se había duchado tan rápido, su atuendo atrevido había pasado a ser más… sport. Mallas cortas de licra y un top n***o con el logo de un puma… y los botines fueron remplazados por simple tenis de correr. —Señor Cisco —sus labios se movieron en cámara lenta, suaves, mojados y brillantes… dulce tentación de todos los cielos, quería besarla y después bajarla a que rodeara sus pequeños labios sobre mi pene. —Es un placer volverle a ver —esta vez su voz no fue lenta arrastrando con ella mi apellido, fue rápida y concisa. —El placer es todo mío señorita —tome su mano y le bese el dorso antes de que besara mi mejilla; si lo hacía no perdería nada en correr el rostro y recibir su beso en los labios, pero esa acción no sería bien vista ante los ojos de mi futuro colega… y suegro ¿Por qué no?     Fue magnifico ver su sonrojo. Bien. Tenía un efecto en ella, y lo supe claramente cuando bajo la mirada avergonzada mordisqueando su labio juguetona. El celular en su mano brillo con una llamada «Boyfriend» que alcance a leer y mostraba claramente al tipo tatuado. Su rostro cambio en un parpadear a nervioso, apago la pantalla y se excusó con su padre saliendo de prisa. Se colocó los audífonos y desapareció por el mismo pasillo que entro. Leandro no se perdió ningún movimiento hasta jure haberlo visto suspirar. Meneo la cabeza; el tipo era tan obvio. Bien, así que tenía novio. Y era ese tipo lleno de tatuajes, no me daba buena espina y algo aria, conociéndome estaba seguro de ello. —Tengo una hija muy bella —dijo orgulloso, su pecho inflado —por ello quiero a un buen hombre con ella— ok. Eso me interesaba. De reojo vi a Leandro sonreír acomodándose mejor en su asiento, limpio las solapas de su saco y volvió la mirada hacia el señor. Me reí internamente por lo ridículo que estaba siendo el tipo; y ahora que recuerdo porque ella lo llamo por su nombre. —Uno de su edad, por supuesto. Quizá el hijo de los Cabessi sea el indicado… disculpen caballeros, estoy divagando —sonrió mostrando las arrugas que enmarcan su viejo rostro.   [. . .]   Al terminar la reunión salí de la casa encontrándome con Daira y su prima quienes caminaban tranquilamente por el lateral izquierdo de la casa, ambas llevaban vestidos similares azul mezclilla con lazo en la cintura, era obvio que una tenía más curvas que la otra, pero eso era lo que me gustaba de Daira que ella sí era natural y sus cuervas tiernas me tenían loco. Saco el celular cuando vibra dentro de mi pantalón.   Señor lamento molestarlo, Pero hay una intrusa en su casa.   Sonreí al leer el mensaje que me llego de mi doméstica, había olvidado que deje a Kass en la casa, en verdad esperaba que a esta hora ya se hubiera marchado pero a lo que decía Tami en el mensaje, ella aún se encontraba ahí.   Descuida, puedes llamarle un taxi cuando se valla. Espero y te esté tratando bien. xoxo     Esperaba y eso estuviera pasando si no, Kass no sería la primera ni la última chica a quien le prohibiera entrar a mi casa de nuevo, por tratar mal a mi preciosa Tami. Tami era muy importante para mí, llevaba trabajando conmigo más de siete años, y la consideraba parte de mi familia aunque nuestro color de piel no fuera el mismo siendo ella haitiana; era la única figura materna que tenía por estos lados y era muy importante para mí que las demás personas la trataran como un igual. Metí de vuelta el celular a la bolsa después de leer el mensaje. —Hola, Aike —Iris se aproximó, tirando se su prima con ella. —Señorita —incline la cabeza a un lado. —¡Dios, amo a este tipo! —se llevó las manos a la boca cubriéndosela. Daira no dejaba de sonreír avergonzada por su prima. —Discúlpela señor Cisco… —cubrió sus ojos del sol con la mano que no era sostenida por su prima —ella solo está emocionada por ver a su amigo esta… ¡Auch! Eso fue cruel Iris —Iris indio los hombros sonriendo amplio. —¡Oh! Me tengo que ir —gire para verla a la prima marcharse. Movía sus caderas descaradamente, sí; ella y su prima Kass eran unas provocadoras y mi amigo la tendría muy fácil y a la vez difícil si se metía con esa chiquilla. (Ambos estamos muy jodidos, por fijarnos en niñas). Sonreí volteando de nuevo a ver a Daira, tenía el ceño fruncido mientras miraba como su prima se perdía por el otro lado de la casa justo en dirección al grandísimo árbol donde un par de columpio colgaban de uno de sus brazos. —Así que te gusta escapar de casa por las noches —solté despacio mirando el cambio drástico de expresión en su angelical rostro. —¿¡Como…!? —Te vi anoche escabulléndote en medio de la oscuridad —¡Infiernos que mi plan tenía muchos pros a su favor! No era chantaje para que la niña aceptara salir conmigo, pero la idea me había golpeado en un parpadear mientras la tenía parada justo delante. A solo un par de centímetros de distancia. —No-No sé de qué habla, señor. —Aike. Y si, si sabes de qué hablo hermosa —levante su mentón cuando bajo la mirada, sus grandes ojos con la más exquisita mezcla entre verde y castaño me miraron asustados. Sus mejillas se sonrojaron y pusieron calientes cuando pase ambos pulgares por estas. —¿Le dirá a mi padre? —Por qué habría de decirle… —Si no porque me estaría chantajeando —¡u-um!, la niña era inteligente. Menee la cabeza negando su acusación, aunque por dentro me burlaba de mí mismo porque si era cierto. Baje las manos adentrándolas a los bolsillos del pantalón.   Daira me dio un escaneo rápido que la dejo más sonrojada si era posible. Le iba a soltar un: «te gusta lo que vez». Porque sin duda si me viera en un espejo me gustaría lo que vería, pero no era momento de dejar ver mi arrogancia y comodidad con mi buen cuerpo. —No es chantaje —dije al terminar de procesar mi discusión sobre si era o no un chantaje lo que sí… si lo era. —pero cualquier otra persona pudo haberte visto y dicho a tu padre. ¿Por qué no mejor pedir permiso? —molió sus labios con sus dientes dejándolos rojos y maltratados, como si hubiera tenido una larga sección de calientes besos. —El permiso no es una opción para mí, señor Cis… Aike —¿Por qué mi nombre sonaba tan sensual y en cámara lenta cuando ella lo decía? —Erika no permitiría que saliera a esas horas y mi padre, antes tendría que aprobar a la persona. —¿Erika? —Mi madrastra. —Creí que era… —negó. Bien, eso yo no lo sabía, y creo que ninguna otra persona lo sabía porque en ningún registro decía que el señor Medici hubiera estado casado antes de Erika la actual esposa. —Tengo que irme —se excusó con la clara intención de escapar de mi pero la tome de la muñeca antes de que lograra su cometido. —Sal conmigo a cenar — su desconcierto me pareció tierno. Sus cejas unidas haciendo una bella mueca. Le solté la mano, misma que llevo hasta su pelo acomodando mechones detrás de su oreja. Parecía pensarlo mientras sus ojos volvían a parar por todo mi cuerpo. Estaba sopesando los beneficios o estaba dándome una escaneada para ver si estaba a su altura, bueno no lo sabría nunca porque sus labios parecían mudos. —¿Acaso me está pidiendo una cita? Tengo novio “señor” —y se dio la vuelta y entro de nuevo a la casa. —Al menos no dijiste que no —lamí mis labios sonriendo como bobo. Abrí la puerta de mi coche estacionado a un par de pasos de ahí y conduje hasta la oficina.
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