Cuando el auto desaparece de mi vista corro al departamento de Gabriela. Ella abre ante mis golpes agitados, Gillian está justo detrás. Hay una incomodidad en el ambiente pero pasa a un segundo plano cuando los dos ven mi rostro. —¡Cariño! Estás pálida —apunta Gaby. —Alex —es lo único que sale de mi boca. —Le dije que habías ido por café —revela Gillian—, salió hecho una furia por ti. —¡Tienen a Alex! —explico a toda prisa después de tomar un par de respiraciones rápidas—, no sé a dónde lo llevaron… Los tipos de ayer… ¡Lo tienen y no sé dónde…! Gaby me toma de la mano y me hace entrar en un jalón, me sienta en una silla y yo me rompo en lágrimas. No soporto más esto. No han pasado ni veinticuatro horas desde que Alex regresó y todo mi mundo está de cabeza una vez más. —Cariño conc

