Dieciocho meses después —Deberíamos salir a emborracharnos —la voz suave con ligero acento, acariciando mi oído refleja el aburrimiento que siento. —¿Esta noche? —pregunto, porque es imposible que alguna parte de mi quiera salir del departamento o siquiera levantarse del sofá. —¡Míranos! —apunta recorriendo una de sus suaves manos a lo largo de mi pierna deteniéndose justo en el dobladillo de mi vestido a medio muslo y la otra atravesando mi estómago. El ritmo constante de su pecho subiendo y bajando detrás de mí me está relajando bastante —¿Por qué no? Te hice una promesa… Han pasado dieciocho meses desde que llegue a este mismo departamento en el que estamos Gillian y yo. —¿No? —la voz suave de Gil me regresa a la realidad. —¿Qué cosa? —Ves, no tengo paciencia para repetirte las

