—¿Eres Nicolás? —pregunta Gillian desconcertado. Maldigo mi estupidez porque él ha visto a Nicolás en las fotos de mi teléfono. Siento que pasa una eternidad y lo veo meditando su respuesta. Le ruego con la mirada como tantas veces lo he hecho para que me respaldara, pasa la vista de Gillian al departamento y a mí de regreso. Al final una media sonrisa sardónica, una que nunca había visto, adorna su maldito rostro y enarca una ceja, el característico cosquilleo regresa más fuerte que nunca, después de tanto, tanto tiempo sin verlo. —No —contesta con voz sínica, que tampoco había escuchado nunca—, soy su otro hermano, Alejandro. —¿Qué? —pregunta incrédulo Gillian pasando la mirada de Alex a mí y de regreso. Sé que debo decir algo pero las palabras no salen de mi boca. Veo a Gillian pone

