AVERY Para mi buena suerte, la semana se pasa volando. Me encuentro sola en mi habitación mientras desayuno esta comida insípida. Seguramente esto enferma más a los pacientes de lo que ya están. Deseo poder salir a comer una hamburguesa y un montón de papas fritas con una Coca Cola extragrande sin tener que preocuparme por ninguna odiosa enfermera que hace caso omiso a mis quejas. No voy a mentir, me he sentido muy sola, no solo porque no tengo a nadie que me visite, nadie viene a ver si estoy bien y si ya estoy muerta. Tal vez así sea mejor, cuando corté lazos con toda mi familia les juré a ellos y a mí misma que no volvería a verlos. Ni en esta vida ni en la otra. Pero en estos momentos extraño hablar con ellos. Los dolores en el pecho no cesan, a veces siento punzadas en mi corazón

