ALEXANDER La noche anterior… El aire de la noche es frío y húmedo. Bajo del auto, un Mercedes n***o reluciente que no manejo, por supuesto; uno no ensucia sus manos en el volante cuando puede permitirse un chofer. Me giro hacia el callejón oscuro a mi izquierda, donde me espera un hombre que no veo desde hace años, y sin embargo, en cuanto mis ojos se posan en su figura, lo reconozco al instante. Su piel es pálida, casi grisácea bajo la luz tenue de la luna, y está envuelto en una chaqueta de cuero desgastada que apenas logra cubrir su cuerpo esquelético. Su sonrisa torcida revela unos dientes manchados, un recordatorio de sus muchos vicios y de lo poco que le importa su apariencia. —Alexander Kensington, el hombre que nunca pensé volver a ver en esta vida. —Se ríe entre dientes, una ri

