—Exigo una junta con el Alfa y todos los miembros de la manada—dice aquel lobo de aspecto poco amigable, mirando a todos los de su al rededor. Debajo de él estaba la pequeña Diana, con el rabo entre las patas.
Nadie decía nada, nadie hacía nada. Estaban plasmados viendo a Dante, era muy raro verlo por la zona y/o hablando con alguien que no sea de su familia. Dante al ser primer cazador y guerrero, vivía centrado en su trabajo y como antes mencioné, rara vez se le veía por el lugar.
—¡Busquen al alfa!—ladra. Unos de los lobos más jóvenes corre en busca del líder de la manada. —Me parece indignante que ustedes traten con rechazo a mi niña ¡mi única niña!—grita encolerizado.—¿Como no me dí cuenta antes? Sus niños no juegan con mi niña, no la invitan a juntarse con la manada—dice paseándose por el lugar, mirándolos a todos. Los lobos que estaban dispersos se acercaron a ver que pasaba, a ver por qué Dante estaba hablando con los otros a puro gruñidos.
—Dante, amigo ¿que pasa?—pregunta el Alfa confundido de encontrarlo 'socializando' con los demás.
—Pasa, que me dí cuenta de que TODOS son unos racistas—dice recto y con el odio inyectado en su mirada.—¿Cuando has visto que incluyen a Diana? Es solo una cría, pero los niños se burlan de ella por su pelaje—comenta con cólera. Mira a los demás lobos—sus hijos actúan así porque ustedes, sus padres son así. La educación empieza desde el hogar—señala.—¿Acaso no saben que Andira viene de otro continente llamado América? Mi niña es una hermosa pelinegra por sus valientes ancestros.—dice y se coloca detrás de Diana.
—Dante, entiendo tu situación, pero eso es solo juegos de chicos... —comenta el Alfa.
Aquellas palabras fueron como un torpedo a la ira de Dante. Sus ojos se tiñeron de rojo, si, a pesar de que no es un alfa, sus ojos raramente se tiñen así. Sube la mirada lenta hacia el Alfa.
—Amigo, lamento decirte, que mi familia y yo ya no serviremos a tu manada—dice entre dientes—perdieron a su primer cazador y guerrero, al igual que potenciales cazadores de mi descendencia pura—añade. Toma a su niña y se marcha.
Los llamados del Alfa y los quejidos y riñas de la manada no lo hicieron retroceder. Llegó hacia su cueva, con un aullido llama a sus hijos y esposa. Deposita a Diana en el suelo y la lame con amor.
—p**i, ¿por qué hiciste eso?—le pregunta bajito Diana.—Ya no importa que me digan así—dice bajando sus orejitas.
—Diana, animal, persona o cualquier cosa que te ofenda, me está ofendiendo directamente a mi—dice y continúa bañandola.
El resto de la familia se reúne, sin hablar, comunicándose sólo por miradas, están de acuerdo en partir inmediatamente.
—Sabía que este no iba a ser un buen lugar para Diana, inmediatamente nació—comenta Dante. —Estaba preparado para que algo así pasase, no se preocupen, se donde viviremos ahora. Iremos al Oeste de Orbür, a mi tierra natal, la van a amar—comenta mirando a su familia. Su mirada se detiene en su esposa, quien le dió esa hermosa camada, haciéndolo sentir orgulloso, orgulloso de todo lo que tiene. Desacelera su paso y camina a la par de su mujer.
—Lo que dijiste fue muy valiente—comenta ella mirándolo a sus ojos verdes. Se acerca a él y se acaricia con su pelaje. Él ronronea y hace lo mismo.
—Prometí cuidarlos y protegerlos mucho antes de pensar siquiera que ibas a ser mi chica—dice él y ella ríe.
—¿Entonces ni bien nos conocimos y diste un salto al futuro? —pregunta riendo mientras ve a sus niños.
—Si, la primera vez que te vi dije para mis adentros, ella será la madre de mis hijos y velaré por su seguridad cueste lo que cueste—comenta.
—Vaya, al final de cuentas si resultaste más amoroso de lo que tu fachada mostraba—comenta burlándose.
—Tenía que mantenerme rudo, además, sabía que te gustaba verme así, no despegabas la vista de mi—comenta con pose de galán.
—¡p**i, p**i mira!—dice Diana corriendo hacia él.—Mira que mariposa más grande—dice emocionada.
Dante mira al cielo y se alarma—FORMACIÓN—grita y los niños corren hacia sus padres. Los grandes cuerpos de Dante y Andira sirvieron como escondite para sus hijos.—permanezcan debajo de nosotros—demanda el padre.
Aquella mariposa era enorme, una mariposa nativa de la isla de Orbür, comunmente conocida como la mariposa carnívora. Su dieta se basa en comer crías de otros animales, ya que los adultos de Orbür están listos para pelear y hasta convertirla en presa, pero las crías no.
Los gruñidos grotescos de los lobos adultos fueron captados por los sensores auditivos de la medio ciega mariposa, informándole que donde están los niños hay dos potenciales cazadores. Tres revoloteos fueron suficientes para que la mariposa se vaya.
—Hay que estar atentos—comenta Dante. Rompieron formación y siguieron su camino en silencio.