El camino por el continente de Orbür fue extremadamente difícil y lleno de problemas. Andar con una camada de 7 cachorros era muy complicado, ya que eran presa para el 70% de animales que habitaban en el continente. Estaban casi llegando al oeste de Orbür; tierra natal de Dante, todos estaban ansiosos ya por llegar y conocer por primera vez a la abuela, tíos y primos.
—p**i ¿Cuándo aprenderemos a convertirnos en humanos? — pregunta Diana.
Dante suspira, no estaba muy contento con la idea de que sus hijos aprendieran a convertirse en humanos, pero en algún punto sería necesario, ya sea para salir del continente por alguna razón (Dante desea que nunca llegue ese día donde tengan que salir) o para poder presentarse ante humanos que entren al continente. —Algún día aprenderán a convertirse en humanos, pero eso no es muy necesario ahora, no necesitan comunicarse con esa r**a—dice y lame su cara.
—Solo pasamos esta colina y ya llegamos donde los abuelos—habla su madre y toma la delantera en la fila.
Las siguientes dos horas fueron tranquilas, el Oeste de Orbür era tranquilo, llamado la tierra de la paz, la mayoría de sus habitantes eran herbívoros (menos la familia de Dante, una gran manada que también acoge a otros lobos), esos animales se reproducen por montón, por lo que la carne en ese lugar es abundante.
—Hay que cruzar el rio, dos de ustedes súbanse en mi lomo, es peligroso este rio para cachorros—habla Dante. Su esposa Mirna asiente y ayuda a dos de sus pequeños a subir en su lomo, esperando a que el deje a sus crías en el otro extremo y venir a buscar a los otros. Era muy arriesgado dejarlos al otro lado solos mientras se transportan a los demás. Solo el centro del lado Oeste era herbívoro, un gran bosque de herbívoros donde carnívoros reinan, pero, en el valle donde el rio cruza, hay muchos carnívoros de múltiples razas diferentes capaces de comerse hasta sus mismas especies.
Unos minutos después todos estaban al otro lado del rio, siguen su camino en dirección al bosque; los lobos de aquel continente no son de estar en áreas abiertas. Unos gruñidos alertan a nuestros lobos, detienen su caminar y olfatean el aire. Los pequeños meten el rabo entre las patas y se cobijan bajo sus padres.
—Tranquilos niños, es común que el aire traiga sonidos y olores, no necesariamente estamos en peligro—habla la madre—Dante, deberíamos seguir, es peligroso si nos emboscan lobos sin manada—comenta, él asiente y siguen su marcha.
—Aceleren el paso—dice Dante y empiezan a trotar.
Coyotes. Los persiguen coyotes. Los lobos son más rápidos así que le sacan una buena distancia.
—¡Posición de defensa! —grita Dante.
Ahora los niños trotan en el centro y Dante y su esposa van a los lados.
—Todo como en el entrenamiento niños, ya casi llegamos al territorio de los abuelos y ahí no podrán seguirnos—anima la madre a sus cachorros.
—Sigan adelante, Mirna, posición de ataque—comenta su esposo, él se detiene en seco y aúlla. La madre no se detiene a cuestionar la acción de su marido y siguen adelante con unos cuantos coyotes pisándoles los talones. Él era el lobo más fuerte que conocía así que no se preocupaba mucho.
El aire se encargó de transportar ese aullido a unos kilómetros más lejos. La manada se puso alerta, el hijo del jefe estaba siendo atacado y su camada corría peligro; era hora de actuar. Una docena de lobos robustos y ásperos corrían en dirección a donde provino esa advertencia y ayuda.
En fracciones de minutos los lobos vieron a varios cachorros correr en una formación protectora perfecta, con una líder atrás guiándolos y lista para a****r si algo pasaba. Tres lobos de doce se quedaron con los pequeños, ahora era una formación potente, dos de ellos iban uno a la izquierda y otro a la derecha, el ultimo iba adelante, para cortar el viento y ayudar a las crías en la carrera. Era una formación de rombo, los cuatro adultos eran las esquinas del rombo y los cachorros iban al medio.
Los otros nueve lobos siguieron corriendo en dirección a Dante, quien estaba peleando contra seis coyotes, aunque él le doblaba el tamaño, era complicado porque estos eran pequeños y atacaban sin cesar. La ayuda no se hizo esperar y terminaron cambiando el tablón.
Un aullido, Mirna. Informándoles que han aparecido más coyotes a tan solo un kilómetro de llegar al territorio. Todos se pusieron en marcha dejando de lado a los otros con quienes peleaban, ahora es una carrera donde esos coyotes le caían atrás a Dante y al grupo, les pisaban los talones, Dante tenía que reaccionar más rápido, pero estaba herido.
Otro aullido, era de Diana. Eso bastó. Es como si una fuerza superior hubiese poseído a Dante, el alfa que yacía dormido dentro de él despertó. Aulló mientras corría a galope a una velocidad increíble, casi alcanzando a su esposa y crías que estaban parados cubriéndose. El aullido de dante detuvo a los coyotes a su alrededor y a los que veía a****r a su familia. La sangre le hervía y sus ojos estaban cegados de ira, parecía un perro rabioso. Su aullido había dado a entender que un alfa estaba presente y que estaba en plan de asesinar a todos los que se metieron con su familia y así fue.
Con la nueva fuerza obtenida, dante asumió el papel de alfa en el grupo dándole nuevas fuerzas a los adultos que estaban de su lado. Una batalla se alzó, Mirna no perdió tiempo y salió corriendo con sus hijos de camino a la manada donde venían más guardias, nada más y nada menos que los mejores guardias, los que obedecen solo al alfa, el llamado airado de Dante había dado una advertencia de pelea a muerte y salieron en la ayuda. Tres coyotes que salieron de la nada tenían intención de arrastrar cada uno a un cachorro lejos de; Mirna, pero no se les dio el plan. De los lobos que venían a la ayuda tomaron uno cada uno a los coyotes por el cuello y los mataron instantáneamente.
Diana retrasaba al grupo, su pata estaba con una fractura muy fea. Su madre la tomó por el cuello y corrió con ella. Unos metros para entrar a los territorios de la manada y listo. Los niños entraron primero, varios lobos los recibieron preocupados. Mirna saltó por encima de unos cuantos, y dejó a Diana en el suelo para volver a salir de ahí en busca de su esposo, todos estaban atónitos con ella y era normal, era una loba majestuosa, bella y fuerte, con un gran sentido de liderazgo.
Los cachorros estaban recelosos, y tomaron una formación de protección manteniendo a Diana que estaba herida en el centro, mientras gruñían bajo, tratando de mantener la distancia con los lobos que los veían con atención. Los abuelos que eran los patriarcas de esas tierras llegaron abriéndose paso ante la multitud curiosa, acercándose un poco más a los pequeños que gruñeron más alto.
—No te acerques más o atacaremos—comenta Samuel, el mayor de todos. Los demás aumentaron sus gruñidos.
—Cálmate—dice la abuela erguida. Ellos no sabían que ella era su abuela, pero ella quería saber hasta donde podían llegar. Se acerca lentamente.
Camilo gruñe; es el que nació de segundo—Estamos calificados para a****r, anciana, no des un movimiento más—dice y se engrifa.
—Nuestros padres no están y tenemos ordenes de a****r a todo aquello que nos desobedezca y tú no eres la excepción— dice Diana y se yergue en su lugar, desafiándola con la mirada.
—Estás herida pequeña…—
La abuela retrocede dos pasos en un movimiento rápido, samuel le había tirado a morder su pata. Su hocico cerró con un sonido sordo, estaba dispuesto a fracturar su pata.
—Ten cuidado como le hablas a nuestra hermana vieja—gruñe mostrando todos sus dientes.