02. QUE COMIENCE LA GUERRA.

1370 Words
Un nuevo día recibe a la dormilona Escarlata mientras en sus auriculares con los que durmió toda la noche sonaba au revoir de One Republic, esta estaba comenzando mientras ella se despertaba, sus ojos se abrieron lentamente cuando repentinamente un fuerte rayo de luz la deja ciega, las cortinas de su habitación ya estaban abiertas, todo estaba preparado ya debido a que Maria Magdalena ya se había levantado, ella ya se había arreglado e incluso, estaba desayunando en su respectivo escritorio una taza de cereal con leche, a su lado tenía un sobre de azúcar abierto lo cual indicaba que su cereal estaba azucarado. Escarlata se movió hasta quedar sentada en la cama, estrujándose los ojos con su mano derecha una vez despierta, un vostezo salió de sus delgados y rosados pero pálidos labios, estos estaban pálidos y con algunos restos de seca saliva, lo cual delataba el hecho de que ella se babea la almohada, luego de estrujarse los ojos tocó sus labios para limpiarlos, posteriormente tocó su almohada y efectivamente... Esta estaba babeada, pero le dio igual, ya le había pasado con muchísima frecuencia. — Buen día— le dirigió la palabra a Maria Magdalena con un tono somnoliento, esta no le respondió, ni siquiera la miró, simplemente tomó otra cucharada de su cereal en su boca, comenzó a masticar del cereal, ella se comportaba como si Escarlata no estuviera ahí, lo cual la hizo molestar— ¿Qué hora es?— Le dirigió una vez más la palabra. La morena de cabellos cortos la ignoró una vez más, tragó en seco para tomar otra cucharada de su cereal, Escarlata frunció el ceño porque realmente parecía que su compañera no la escuchara— ¡Oye!— Una expresión de ira se formó lentamente en el rostro de la rencorosa Maria Magdalena, tragó una vez más y miró con unos ojos color ámbar, rencorosos. — ¡No me grites, perra!— Exclamó hecha una furia levantándose de su escritorio, subió violentamente hasta la litera para a****r a Escarlata, la cual no se sabe defender por el hecho de que nunca le gustaron las artes marciales ni las disciplinas rudas. Como defensa, Escarlata escondió su rostro entre sus brazos y sus piernas mientras temblaba, Maria Magdalena al verla de esa forma retrocedió evitando golpearla— me das asco sólo de pensar que te gustan las mujeres, pero veo que, que eres lo contrario a una asquerosa de esas, eres tan frágil que ¡Que no puedo, Escarlata Arriechi! — Ya te dije, que si tan mal te caigo que te vayas— dijo con una voz temblorosa la pelirroja, sus cabellos todavía conservaban de aquel larguísimo secado. — Ya, sal que no te haré nada— ordenó secamente la morena mientras se bajaba. — ¿Me puedes decir la hora?— Preguntó. — Van a ser las ocho— dijo secamente. — ¡¿Por qué tan tranquila?!— Preguntó muy pero muy agitada Escarlata, se bajó corriendo al baño— ¡No puede ser! No podré arreglarme— observó su rostro en el espejo para seguir lamentándose— ¡Y odio salir de esta habitación sin arreglarme! — Entramos a las diez— soltó tranquilamente— pero, mientras se te pasa esa confusión de que eres lesbiana, he botado todas tus cosas, tu maquillaje, tu secador de pelo, tus diferentes peines y cepillos, tu pinza de cejas, las cremas de tu rostro, sólo te he dejado tus conjuntos menos femeninos. Escarlata a medida que escuchaba todo aquello entró en un estado de perplejidad, esto es sólo el inicio, pensó, pero ya sentía que había sido derrotada a la primera. Desesperada, comenzó a correr por todo el cuarto, el baño de su habitación, buscó en todo rincón sus productos de belleza sin tener éxito alguno en encontrarlos. Se dirigió furiosa a Maria Magdalena, mirándola con unos verdes ojos que denotaban una clara irritación. No le arrebates a una chica femenina sus productos de belleza, sin importar si esta chica femenina es lesbiana o heterosexual o si es un chico afeminado, hacer esto es como arrebatarle la uña a un dedo. — ¡Maria Magdalena! ¿Sabes lo que hiciste? — Sí, voy a quitarte de encima esa confusión. Escarlata se acercó enojada acorralando a Maria Magdalena contra la pared, la observó con unos furiosos ojos, Maria Magdalena comenzó a temblar y a sudar debido a la notoria cercanía que había entre ambas. — Escarlata— de repente, el ambiente cambió para ambas, tuvieron una peculiar imagen en sus cabezas, ambas de cabellos largos, usando Corsets con faldas abombadas, Escarlata llevaba una sombrilla del mismo color de su vestido: Rojo cereza, Maria Magdalena tenía los cabellos hasta los hombros, nunca fue fanática del cabello largo, usaba un corset beige con un elegante bolso, ambas estaban en la habitación de una pequeña cabaña, pero, en esta imagen, esta escena ocurría al revés. Esta vez era Maria Magdalena la que acorralaba a Escarlata, la imagen saltaba entre la época y la actualidad constantemente. — Maria Magdalena— soltó Escarlata sintiéndose intimidada por lo cerca que estaban una de la otra. En ambas imágenes, tanto la real como la peculiar, hay una frase en común, al regresar a la realidad, a la habitación del internado donde ambas se hallaban, resuena una frase, una pregunta, que en esta realidad la hacía Maria Magdalena, pero en la época, era Escarlata quien temerosa preguntaba: "¿Qué estás haciendo?". — Aléjate, Escarlata, esto es repulsivo— dijo tornándose pálida. Aquella imagen de época regresó. Esta vez Maria Madgalena, era la que se acercaba a Escarlata, la que volvía peligrosa la situación que las asechaba. — Esto no tiene nada de asqueroso, sólo siéntelo— esta frase, dicha en la época por Maria Magdalena y en la actualidad por Escarlata se reprodujo. Volviendo a la realidad, aquellas imágenes dejaron de hacer interferencia, Escarlata sujetaba a Maria Magdalena por la barbilla, con su otra mano acariciaba su cintura, la morena estaba verdaderamente pálida, había perdido por completo su color natural, mareos pasaban a su alrededor y su mirada se perdía, como si dejara de estar en ese momento, a medida que se volvía más frágil, Escarlata la acercaba más a un punto en el que las respiraciones de ambas se encontraron. — Devuélveme, mis productos, de belleza— susurró bastante cerca de sus labios sin llegar si quiera a rozarlos, muy despacio, con un tono altamente amenazante, con una expresión peligrosa. Maria Magdalena se sintió desafiada y asqueada por su compañera. Fue entonces, cuando encima de la ropa de la pelirroja, vomitó desenfrenadamente, Escarlata se alejó dirigiéndose hacia el baño. — ¡No juegues conmigo! ¿Quién te crees para amenazarme? ¡Lesbiana tenías que ser! — No me creo nada— soltó alegremente guiñándole el ojo a la morena— simplemente, tocaste algo valioso para mí: Mi belleza. Supongo que ya debe haberte quedado claro que no estoy confundida, si lo estuviera no te habría hecho eso. — ¡Pero no me besaste! — Mis labios valen mucho como para entregárselos a una tipa como tú— soltó irónicamente— si no fueras como eres, quizá sí te habría besado. Aunque... Quizá cambie de opinión, ¿Sabes por qué? Porque los homofóbicos tienen que ser castigados. — ¡Castigados tienen que ser los homosexuales!— Exclamó a todo pulmón. — Acepto que inicies la guerra, Maria Magdalena, pero no vas a resistir. — La que no va a resistir serás tú, engendro del Satán— cuando Maria Magdalena dijo aquello, Escarlata cerró la puerta del baño. Escarlata se desnudó encerrada en el baño, recogió su cabello con un mechón del mismo para evitar que se mojara y entró a la ducha, mientras su cuerpo se mojaba recordó aquellas peculiares imágenes, de ellas, en otra época, en otra vida, donde Maria Magdalena era la que asechaba a Escarlata, y Escarlata, más que repulsión, miedo. — ¿Qué diablos fue eso?— Se escuchó la voz de Maria Magdalena— yo no soy una asquerosa de esas-Escarlata supo que se estaba hablando sola sobre aquella extraña imagen. — Yo no soy una chica con prejuicios— soltó Escarlata verdaderamente confundida.
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