Minutos después de disfrutar el viento en el rostro al llevar la capota del auto abajo, llegamos a mi departamento. Nos montamos en el ascensor y subimos en completo silencio, dándonos miradas cómplices en el reflejo de éste, mientras nos sonreímos. Entramos al apartamento, y esta vez nos comportamos como los adultos que somos, pasando a la sala. —Dame unos minutos, vengo enseguida. —pido y asiente— ¿Quieres algo para beber, mientras me esperas? —pregunto y niega. —Ve tranquila, estoy bien. —asevera y voy a mi habitación para arreglarme un poco el cabello, que está alborotado después del paseo en el descapotable. Me maquillo sutilmente y evalúo si cambiarme la ropa, pero opto por quedarme tal y como estaba, ya que traigo un pantalón ligero de tiro alto color beige y una blusa amaril

