CAPÍTULO 1

2207 Words
“Se solicita a la Doctora Miller, favor dirigirse a U.P.C”   Escucho a lo lejos, por lo que doy un respingo de la camilla donde me encontraba recostada.    “Se solicita a la Doctora Miller, favor dirigirse a U.P.C”    —¿Qué sucede? —espeta Isaac aún adormilado.  —Me llaman de la U.P.C —rebato, mientras me pongo rápidamente la ropa, abotono mi delantal, tomo el estetoscopio y lo pongo alrededor de mi cuello. —No te vayas así. —dice sin quitarme la vista de encima— Al menos déjame un beso de despedida ¿no? —Reclama y sonrío. —Isaac… nosotros no tenemos una relación. Sólo somos adultos con necesidades y sin tiempo para ello. —espeto rehaciéndome la coleta alta que traía antes de venir aquí.  —Pero podríamos… —Lo interrumpo y niego. —No podemos. Te quiero como amigo, no quiero estropearlo ¿sí? —digo mientras me dirijo a la puerta.    “Se solicita a la Doctora Miller, favor dirigirse a U.P.C”   —La tercera es la vencida. —bufa y sonrío. —Nos vemos. —espeto guiñándole un ojo y salgo del pequeño cuarto.   Camino por los pasillos a paso veloz hasta llegar a la Unidad de Paciente Crítico. Observo al doctor Craig y unos internos junto a él, por lo que me acerco a ellos.   —Buenas noches. —Saludo observando mi reloj, ya que a penas son las dos de la mañana. —Doctora Miller, buenas noches. —Saluda Damián— Estamos en un debate, por lo que necesitamos su opinión profesional. —Claro. —digo mientras uno de los internos me acerca la ficha clínica de un paciente.    Comienzo a leer la epicrisis y el historial médico del paciente, reviso los resultados de sus exámenes y veo uno de los escáner que ya le han realizado.   —Esto es muy operable, pero es delicado. —rebato finalmente, por lo que tengo la atención de todos. —¿Podemos contar con usted si la familia accede? —inquiere Damián y asiento. —Esto se debe hacer lo antes posible, o el paciente quedará vegetativo o morirá. —rebato y el doctor Craig me mira con cara de pocos amigos. —Igual podríamos hacer unos análisis y esperar para ver si tiene algún tipo de evolución. —rebate y simplemente lo miro sería. «¿Para qué me piden la opinión si van a salir con otra cosa?» bufo internamente. —Estamos a tiempo de hacer algo y darle calidad de vida, si usted lo quiere tener dependiente de una maquina sin una vida para vivir, es su decisión. —espeto y me doy media vuelta para hacer una ronda en mi área. —¡Doctora Miller! —exclama. Me detengo y me vuelvo a girar para escucharlo— Le sacaré la firma a su familia, le aviso para que esté atenta y entremos a pabellón. Éste es un paciente VIP y no podemos estropearlo. —Asiento y camino a Neurología.    Luego de checar algunos pacientes hospitalizados, ayudar en la urgencia en algunos casos que requerían de mi presencia, logro volver a mi oficina y descansar unos minutos.    Cierro los ojos, y estoy realmente agotada, este turno de 24 horas es fatal, aunque sé que estos turnos me los impongo yo, ya que no debería realizarlos.   Suena mi móvil avisando la entrada de un mensaje, chequeo y es del doctor Craig.   Damián: Nos dieron la firma, la cirugía está programada para las 06:00 am. Amber: Ok. Dormiré un poco. No sabemos cuántas horas nos tome.   Miro mi reloj, son las 04:00 am, por lo que tengo dos horas. Espero no haya algún acontecimiento que requiera de mi presencia. Me recuesto en el berger de mi oficina y cierro los ojos, para descansar algo.   『 Dos horas después 』   Camino hacia el pabellón. Lavo mis manos y una de las asistentes me ayuda a ponerme los guantes, el traje, gorro, mascarilla y antiparras. Entro a la sala de operaciones y saludo al personal.   Observo la hora: 06:15 am. —Buenos días. Soy la doctora Amber Miller, y esta mañana haremos una remoción de absceso distal encapsulado. —comento y comenzamos con la cirugía.   Después de cuatro horas de cirugía, salgo derrotada para ir a cambiarme y marcharme a casa. Me despido de todos con los que me encuentro en los pasillos.    Me pongo el abrigo y bajo al estacionamiento subterráneo. Enciendo las luces del auto y pongo algo de música para no dormirme en el trayecto.    Llueve torrencialmente, por lo que la visibilidad es casi nula. Es un día muy oscuro, tanto que parece que fuera más tarde. Avanzo un par de kilómetros, a una velocidad moderada, ya que no se ve nada en absoluto, la lluvia es tan densa, que parece que estuvieran tirándome agua con una manguera de alta presión.    En un momento pierdo el control del auto, dando vueltas en la carretera, sin saber a dónde me dirijo, algo impacta en la cola del auto y siento cómo de pronto todo se va a n***o.   Siento a lo lejos murmullos, pero no entiendo lo que dicen. Todo se vuelve ir a n***o.    El sonido constante de un “beep” interrumpe mi sueño, «debe ser la alarma» me respondo. Con dificultad intento abrir los ojos, poco a poco, pero la luz me molesta demasiado «¿Cuánto tiempo he dormido, que me siento tan fotofóbica?», siento la garganta seca. Nuevamente intento abrir los ojos, y esta vez escucho con más nitidez los beep, que aumentan su ritmo, consigo abrir los ojos y la luz blanca me quema la vista. Una vez regulo la luz, observo a mi alrededor y me veo en una habitación de hospital «¿En qué minuto me vine a dormir acá?» me pregunto, pero al intentar moverme, la incomodidad en una de mis muñecas me hace dar cuenta que estoy conectada a un monitor de frecuencia cardiaca, además de tener una vía puesta en mis muñecas con algún suero o medicamento. «¿Qué carajos pasó?» me pregunto y lo primero que hago es llevar las manos a mi cabeza, la cual está vendada.    Escucho que abren la puerta y logro ver a Isaac que corre hacia mí para abrazarme.   —¡Despertaste! —exclama emocionado— ¿Cómo te sientes? —inquiere y no sé qué cara debo tener, que me sonríe ampliamente. —Agua. —Logro decir y me pasa un vaso con agua y una pajilla. Bebo como si hace años no lo hubiera hecho. Una vez más repuesta logro preguntar— ¿Qué me pasó Isaac? —inquiero, ya que no me acuerdo de nada. —Tuviste un accidente en la carretera. —explica y abro los ojos como platos— El día después de la cirugía en la que ayudaste a Craig. —comenta y frunzo el ceño. —¿Cuánto tiempo ha pasado? —inquiero y sonríe, tomando una de mis manos. —Tres semanas. —contesta y no lo puedo creer. «¿Tan grave fue?» me pregunto.  —¿Qué tan grave fue? —pregunto, se pone de pie y toma la epicrisis que está en la ficha a los pies de la cama. Comienzo a leer, traumatismo encefalocraneano, hemorragia y algunos huesos fracturados. —Pensé lo peor Amber. —confiesa y lo miro incrédula.  —Pero ya estoy mejor, o eso creo… al menos estoy despierta, no babeo y sé quién eres. —comento sarcástica y emboza una sonrisa.   La puerta se vuelve a abrir y es una de las enfermeras.   —Bienvenida doctora Miller. —Saluda y hago un asentimiento en respuesta— Doctor Frederick, lo buscan en urgencias. —Comenta y éste se pone de pie. —Iré a ver qué necesitan. Vengo luego. —comenta Isaac dejándome un beso en la frente y asiento. —¿Cómo se siente? ¿Necesita algo? —pregunta la enfermera y le extiendo la ficha para que la vuelva a poner donde estaba. —¿Quién está viendo mi caso? —inquiero y sonríe. —El doctor Craig, ¿Quiere que lo llame? —rebate y asiento.   Luego de que Damián me visitara y me explicara lo que sucedió, hacerme un chequeo preventivo, pedí que me dieran el alta, para terminar mis días de reposo en casa. Llamé a mi madre para comentarle, por lo que no dudó en tomar el primer vuelo para venir a cuidarme los días que necesitara.   —Mañana te daremos el alta. —dice Damián y bufo, ya que quería irme ahora mismo a casa.   『 Una semana después 』   Al fin vuelvo al trabajo, aunque a pesar de que estuve al tanto de las noticias del hospital, por las constantes visitas de Isaac a casa, necesitaba sentirme útil nuevamente.   —Buenos días doctora Miller, bienvenida. —espeta el director del hospital, el señor Morris. —Buen día señor Morris. Me alegra mucho volver. —contesto saludándole de mano. —Espero que no se sobre-exija. —rebate y simplemente sonrío, ya que, si el caso lo amerita, me quedaré lo que sea necesario, como siempre lo he hecho.   Camino hacia mi oficina, entre saludos del personal, enfermeras y algunos colegas.  Entro a mi oficina y me encuentro con un ramo de flores con una pequeña nota en él   «Para la mujer que me volvió a la vida» leo con el ceño fruncido, porque no se me ocurre quién pueda ser.    Tocan a la puerta y es Isaac.   —¡Bienvenida! —exclama y sonrío. —Gracias. —contesto— ¿Tu me enviaste estas flores? —pregunto y niega. —Qué más me gustaría que llenarte de rosas, y todas esas cosas, pero tu no quieres nada de esas cosas de mi parte… —rebate cabizbajo. —No seas melodramático, esto ya lo hemos hablado antes, somos amigos y ya. No tenemos tiempo para algo más. —asevero. —Que tu lo hayas decidido así, no significa que yo lo acepte a cabalidad. Amber, tu eres mucho más que una amiga para mí… —explica y no quiero que tiremos a la basura años de amistad. —No te confundas. Sólo me quieres mucho y ya. —digo quitándole seriedad a la conversación. —Como tú digas. —dice cabizbajo y se da media vuelta para salir de la oficina.   Luego de unas horas, de haber hecho un recorrido por las habitaciones visitando pacientes, vuelvo a llegar a mi oficina y me encuentro a un hombre bastante alto, de traje, que mira por el ventanal de mi oficina hacia fuera.   —¿Buenos días? ¿En qué lo puedo ayudar? —saludo amablemente, por lo que se gira y me sorprende ver lo guapo que es. Debe medir alrededor de un metro noventa, ojos grises y es prácticamente perfecto. —Buenos días doctora Miller, mi nombre es Luciano De la Croix, y vengo a darle las gracias por haberme salvado la vida. —dice acercándose peligrosamente a mí para dejarme un beso en cada mejilla. —Tome asiento por favor. —rebato amable, mientras ambos nos sentamos— Disculpe mi mala memoria, pero no lo recuerdo en absoluto. —comento y él se sonríe. —Era de esperarse, ya que por lo que me enteré, el día que participó en mi cirugía, tuvo un accidente de tránsito. —comenta y me escudriña con la mirada— Espero que se haya recuperado en su totalidad. —dice amable, mientras nuestras miradas se chocan y me pone nerviosa como nunca nadie. —Lo estoy, muchas gracias. —rebato firme, poniéndome un mechón de cabello tras la oreja— ¿Entonces usted es el paciente de mi colega el doctor Craig? —inquiero y él asiente inmediatamente. —Así es. Y como puede ver, gracias a su intervención, estoy de maravillas. —dice en un tono un tanto arrogante, por lo que sonrío de lado— ¿Le han gustado las rosas que le he enviado? —inquiere y asiento. —Fue usted. Muy amable señor De la Croix. No era necesario. —asevero y bufa— Además no lo hice sola, hay un equipo que trabajó conmigo. —rebato finalmente y sonríe.  —Claro que sí. Es lo mínimo que puedo hacer por la persona que me devolvió la vida. —dice— Así como lo hice con todos los demás y con el hospital también. —espeta poniéndose de pie y sonrío. «Engreído» pienso, mientras me pongo de pie para despedirlo. Lo veo como me mira de arriba abajo, cosa que me incomoda mucho— Espero que nos volvamos a ver ¿señora o señorita? —inquiere y sonrío con suficiencia. —Doctora Miller. —rebato y sonrío ampliamente— Adiós y gracias. Un gusto conocerlo y saber que se encuentra bien. —Me despido caminando hacia la puerta para que salga. —El placer es mío. —dice caminando hacia la salida. —Nos volveremos a ver. —espeta saliendo a paso rápido por el pasillo. Cierro la puerta y me tiro en el berger con una sonrisa adolescente.   «Vaya hombre, demasiado guapo para ser real» pienso y sonrío. 
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