Tal como lo predijo, pasada la media hora los dos se encontraban subiendo las maletas al taxi que él contrató para que les llevara hasta el aeropuerto. Adele sonreía triunfante, aunque no había logrado casi nada todavía. Sabía que lo tenía doblegado y que él complacería sus deseos solo para tenerla en su cama como Dios la trajo al mundo. Adele le solicitó a Ryan que solicitara solo su boleto de avión, que ella se encargaría de pedir el propio. Ryan la miró extrañado, no entendía y ella tampoco le explicaría. No perdería el tiempo, Adele ya tenía otros planes y no dejaría que él se los cambiara pero aparentemente Ryan adivinó sus pensamientos, o eso era lo que él creía. Cuando estuvieron ya frente al recinto, ella le dio una sonrisa de complicidad, haciéndole creer que todo saldría como

