Capitulo 2

1244 Words
La mansión de los Blackwood daba miedo de noche. No por las luces enormes ni por lo absurdamente rica que parecía. Por el silencio. Ese silencio raro donde sientes que alguien te observa incluso cuando estás sola. O peor. Cuando sabes exactamente quién podría estar observándote. Abrí los ojos de golpe. Oscuridad. Miré el reloj del móvil. 02:13 AM. Genial. Insomnio. Otra vez. Giré en la cama soltando un suspiro frustrado. La habitación era enorme. Demasiado enorme. Blanca, elegante, fría. Parecía sacada de Pinterest si Pinterest estuviera obsesionado con hacerte sentir pobre. O atrapada. Me incorporé y agarré el móvil. Sin mensajes. Sin amigos. Sin nada. Perfecto. Llevaba dos días viviendo ahí y ya sentía que estaba en una especie de reality tóxico donde dos hermanos ricos intentaban volverme loca. Uno me odiaba. El otro parecía querer besarme o destruirme. Aún no decidía cuál. Me levanté. Llevaba un short gris y una camiseta enorme. Fui hasta la ventana. La lluvia golpeaba el cristal. Todo estaba oscuro excepto una luz encendida al otro lado del jardín. La habitación de Ryder. Obviamente. El psicópata del hielo no dormía. Apoyé la frente en el cristal. ¿Qué hacía despierto a las dos de la mañana? Seguramente practicar cómo mirar personas con odio. Rodé los ojos. Entonces lo vi. Parpadeé. No. No. No. Mi respiración se cortó. —Dios mío… La ventana de enfrente estaba medio abierta. Y Ryder Blackwood acababa de entrar al baño. Sin camiseta. Mi cerebro dejó de funcionar unos tres segundos. Vale. Objetivamente. Solo objetivamente. El chico estaba ridículamente bueno. Cabello oscuro mojado. Espalda ancha. Tatuajes. Esa forma de caminar como si el mundo entero le molestara. Odio admitirlo. Muchísimo. Pero parecía salido de una serie de chicos ricos traumados. Entró a la ducha. Mi cerebro normal decía: Ashley, aléjate de la ventana. Mi cerebro curioso dijo: Solo un segundo más. El vapor comenzó a empañar el cristal. Se pasó una mano por el pelo mojado. Yo iba a ir directamente al infierno. Lo sabía. Entonces giró la cabeza. Y me vio. Congelada. Completamente congelada. Sus ojos se clavaron directamente en los míos. Mi corazón se detuvo. —Mierda. Retrocedí de golpe. Pero demasiado tarde. Porque él ya me había visto. Perfectamente. Su expresión pasó de cansancio a… Cabreo. Cabreo puro. Frunció la mandíbula. Caminó hacia la ventana. Mi corazón empezó a golpearme las costillas. —No, no, no… Y cerró la cortina de golpe. Con violencia. Como si quisiera estrangularme con ella. Me quedé mirando el cristal. Con las mejillas ardiendo. —No estaba espiando —murmuré sola—. Bueno… un poco sí. Mi móvil vibró. Salté. Número desconocido. “¿Te divierte mirar?” Abrí la boca. ¿Qué demonios? “¿CÓMO TIENES MI NÚMERO?” Tres puntos. Respuesta inmediata. “No vuelvas a mirar mi habitación.” Pausa. Otro mensaje. “Psicópata.” MI BOCA SE ABRIÓ. —¿YO? Escribí rápido. “TÚ ESTABAS EN UNA VENTANA GIGANTE.” Visto. Nada. Dos minutos. Nada. Cinco. Luego apareció un último mensaje. “Duerme, vecina.” Y me bloqueó. ME BLOQUEÓ. —¿ESTÁS BROMEANDO? Un golpe suave sonó en mi puerta. Di un salto. —¿Ashley? Jaxon. Claro. Abrí apenas. Cabello despeinado. Sudadera negra. Sonrisa peligrosa. —¿Por qué sigues despierta? —preguntó. —Insomnio. Él inclinó la cabeza. —¿O estabas espiando vecinos? Se me congeló la sangre. —¿Qué? Sonrió. Lento. Peligroso. —Tu ventana da directo a la de Ryder. Oh. No. —No estaba… —Relax —rió—. No juzgo. Se apoyó en el marco de la puerta. Demasiado cerca. Siempre demasiado cerca. —Aunque entiendo perfectamente por qué mirarías. Rodé los ojos. —Tu hermano es insoportable. —Sí. —Me odia. —Sí. —Creo que quiere matarme. Jaxon soltó una carcajada. —Eso significa que le importas un poco. —¿Qué? —Ryder solo odia intensamente cuando algo le afecta. Fruncí el ceño. —No quiero afectarle. —Lástima. Me miró unos segundos. Demasiados. Después bajó la vista a mis piernas. Volvió a subirla. —Por cierto… Se inclinó un poco. —No deberías abrirme la puerta vestida así. Mi cara se calentó. —¿Perdón? —Podría empezar a tener pensamientos peligrosos. —Eres un idiota. —Pero guapo. —No tanto. Sonrió. —Eso ha dolido. Antes de responder, una voz fría atravesó el pasillo. —Jaxon. Los dos giramos. Ryder. Camiseta negra. Cabello aún húmedo. Mirada asesina. Dios. Parecía más enfadado que antes. Perfecto. Su mirada pasó de Jaxon a mí. Luego a la puerta. Luego otra vez a Jaxon. —¿Qué haces? Jaxon sonrió. —Hablando con Ashley. —Son las dos de la mañana. —Y tú estabas duchándote dramáticamente. Silencio. Tensión. Muchísima. Los ojos de Ryder se volvieron puro hielo. —Vete a dormir. —¿Celoso? El ambiente cambió. Literalmente cambió. Algo oscuro cruzó la expresión de Ryder. Un paso adelante. —Lárgate. Jaxon sonrió aún más. —Buenas noches, Ash. Ash. Ni siquiera me gustó cómo sonó. Me revolvió el pelo antes de irse. Idiota. Ryder seguía ahí. Mirándome. Como si fuera un problema. —No vuelvas a mirar mi habitación. Abrí la boca. —¿Tú me escribiste eso? —¿Creías que era Santa Claus? —¡No estaba espiando! —Claro. —Fue accidental. Levantó una ceja. —¿Diez minutos accidentalmente? ME QUEDÉ QUIETA. —¿QUÉ? —La luz estaba apagada en tu cuarto. Mierda. Me observó. ¿Él me había visto antes? Eso me molestó más de lo necesario. —¿Me estabas mirando tú? Silencio. Sus ojos bajaron un segundo a mi ropa. Volvieron a subir. Mandíbula tensa. —Buenas noches. Y se giró. —¡Oye! No respondió. —¡Ryder! Se detuvo. Solo un segundo. —¿Qué? No sabía ni qué decir. Porque lo odiaba. Muchísimo. Pero había algo raro. Algo que hacía imposible ignorarlo. Algo en cómo siempre parecía enfadado con el mundo. Con él mismo. Conmigo. —Nada —murmuré. Se quedó inmóvil unos segundos. Después: —Cierra con llave. Fruncí el ceño. —¿Qué? —La puerta. —¿Por qué? Miró hacia donde se había ido Jaxon. Luego a mí. Expresión ilegible. —Solo hazlo. Y se fue. Cerré la puerta lentamente. Mi corazón seguía raro. Muy raro. Me tumbé otra vez en la cama. Miré el móvil. Abrí el chat bloqueado. Idiota. Arrogante. Antipático. Ridículamente atractivo. Esperé. No sé por qué. Como si fuera a desbloquearme. Nada. Entonces escuché pasos afuera. La puerta de mi habitación. Silencio. Después algo suave golpeó el suelo. Fruncí el ceño. Abrí la puerta. Nadie. Solo una botella de agua. Y una nota. Pequeña. Letra horrible. “No bebas café otra vez a las 10 PM. Idiota.” Me quedé quieta. Mirando el papel. No había nombre. Pero sabía exactamente quién había sido. Y eso me molestó muchísimo más de lo que debería. Porque Ryder Blackwood me odiaba. Pero acababa de dejarme agua en la puerta. Y no entendía por qué eso me dio ganas de sonreír. Arriba. Una sombra apareció detrás de la ventana. La cortina se movió apenas. Como si alguien estuviera mirando. Mi móvil vibró. Número desconocido. “Y deja de sonreír sola. Das miedo.” Mi corazón dio un salto. Miré hacia arriba. La cortina se cerró lentamente. Ese imbécil. Y por primera vez desde que llegué a esa casa… Sonreí.
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