Capitulo 5

1148 Words
Viernes por la noche. La mansión Blake parecía haber explotado. Música demasiado alta. Luces rojas. Alcohol. Gente desconocida entrando y saliendo como si aquella casa fuera un club privado. Claire estaba fuera de la ciudad. Daniel seguía trabajando. Y claramente nadie controlaba nada cuando los Blake estaban solos. Me quedé frente al espejo unos segundos. Vestido n***o simple. Nada exagerado. Solo algo normal. Algo que me hiciera sentir menos fuera de lugar. Respiré hondo. Podía bajar. Sobrevivir dos horas. Y volver arriba. Fácil. Mentira. Porque apenas bajé las escaleras— Un silbido largo atravesó el salón. Jaxon. Claro. Apoyado contra el sofá. Botella en mano. Sonrisa torcida. Ojos demasiado brillantes. Ya había bebido. Mucho. —Joder… —murmuró sin apartar la mirada—. ¿Tú bajas así y pretendes que me comporte? Rodé los ojos. —Buenas noches para ti también. Se acercó. Demasiado rápido. Demasiado cerca. —Ese vestido debería ser ilegal. —Y tú deberías aprender espacio personal. Sonrió. Lento. Peligroso. —Qué maleducada estás hoy. Miró alrededor. Luego volvió a mí. —Ven conmigo. —No. —¿No? —No quiero fiesta. —Pues yo sí te quiero en la fiesta. Su mano rozó mi cintura. Me aparté. Algo cambió en su cara un segundo. Pequeño. Oscuro. Como si no le hubiera gustado. Nada. Vi movimiento al otro lado del salón. Ryder. Apoyado contra la cocina. Sudadera negra. Cara de funeral. Brazos cruzados. Mirándonos. Sus ojos bajaron donde Jaxon acababa de tocarme. Mandíbula tensa. Luego giró. Y desapareció. Idiota. Las horas pasaron lentas. Muy lentas. Jaxon estaba pegado a mí. Todo el tiempo. —Baila conmigo. —No. —Cinco minutos. —No. —Ashley. —No quiero. Él soltó una risa rara. Más alcohol que humor. —Desde cuándo mandas tú. Fruncí el ceño. —¿Perdón? Se inclinó. Muy cerca. —Llevas días evitándome. —No te evito. —¿Ah, no? Silencio. Porque sí. Un poco. Mucho. Después de “eres mía”. Después de cómo me miraba. Después de todo. —Estás borracho —dije. —Y tú preciosa. —Jaxon… —No me gusta cómo mira Ryder. Perfecto. Otra vez eso. —No empieces. —Te mira demasiado. —Es tu hermano. —Exacto. Su mandíbula se tensó. —Y sé perfectamente cómo mira cuando quiere algo. Mi estómago se revolvió. —No soy un objeto. —No he dicho eso. —Actúas como si me poseyeras. Silencio. Peligroso. —Te dije que eras mía. —Y te dije que no. Me fui. Directo. Sin escuchar nada más. Necesitaba agua. Aire. Cinco minutos sin él. Entré en la cocina. Vacía. Gracias a Dios. Abrí la nevera. Respiré. Uno. Dos. Tres— La puerta se cerró detrás de mí. Fuerte. Mi cuerpo se tensó. Jaxon. Otra vez. —¿Puedes dejarme tranquila? No respondió enseguida. Se acercó. Lento. Ojos oscuros. Demasiado oscuros. —No me gusta cómo me hablas hoy. —No me gusta cómo me tratas. —Ashley— —Estoy cansada. Retrocedí. Hasta la encimera. Perfecto. —Jaxon, sal. Él apoyó una mano al lado mío. No me tocó. Pero demasiado cerca. —Te dije algo. —No vuelvas con eso. —Te dije que eras mía. —No lo soy. Silencio. Algo cambió en su cara. Rabia. Alcohol. Celos. Todo mezclado. —¿Es Ryder? Mi corazón se aceleró. —No tiene nada que ver. —Claro que sí. —Aparta. —No. —Jaxon. —Solo mírame una vez y dime que no sientes nada. —No. Mentira. Pero tampoco era asunto suyo. Él soltó una risa rota. —Mentirosa. Y entonces pasó demasiado rápido. Se inclinó. Yo giré la cara— Pero sus labios rozaron los míos igual. Breve. Incorrecto. No querido. Mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza. Lo empujé fuerte. —¿Qué coño haces? Respiración pesada. Él parecía confundido. Borracho. —Ashley— SLAP. La bofetada resonó en toda la cocina. Silencio. Mi pecho subía rápido. —No vuelvas a tocarme. Sus ojos cambiaron. Oscuros. Heridos. Peligrosos. —No me pegues, princesa. Me agarró de la muñeca. Fuerte. Demasiado fuerte. —Suéltame. —Solo escucha— —¡ME HACES DAÑO! Y entonces— Una voz. Fría. Vacía. Mortal. —Suéltala. El aire cambió. Literalmente. Giré la cabeza. Ryder estaba en la puerta. Quieto. Inmóvil. Pero daba miedo. Muchísimo miedo. Porque no parecía enfadado. Parecía peor. Mucho peor. Sus ojos fueron a mi muñeca. Roja. Marcada. Después a Jaxon. Demasiado cerca. Demasiado encima. Silencio. Uno. Dos. Tres segundos. Nadie respiró. Jaxon soltó mi muñeca. —No es lo que parece. Error. Gigante error. Porque Ryder cruzó la cocina en dos pasos. Y— PUÑETAZO. Brutal. Seco. Directo a la cara. Jaxon cayó contra la encimera. Sangre inmediata. Un vaso explotó en el suelo. —¡¿Qué coño—?! Ryder ni parpadeó. —Te dije que no la tocaras. La voz era hielo. Jaxon escupió sangre. Rió. Loco. —¿Ahora juegas al héroe? Nada. Solo silencio. Ese silencio horrible. Ryder giró hacia mí. Su mirada bajó a mi muñeca. La agarró. Suave. Demasiado suave comparado con el golpe de antes. Pulgar rozando apenas la marca roja. Mandíbula tensa. —Te hizo daño. No era pregunta. Tragué saliva. —Estoy bien. Mentira. Jaxon se levantó. Tambaleándose. —Es mía. Silencio total. Ryder giró lento. Peligroso. Como si ya hubiera tomado una decisión. —Tócala otra vez. Pausa. Mirada vacía. Fría. —Y te mato. Jaxon sonrió con sangre en los dientes. —¿A tu hermano? —Hermano o no. Silencio. Pesado. Feo. Roto. Ryder volvió hacia mí. Tomó mi mano. —Nos vamos. No discutí. Ni una palabra. Solo salimos. La música seguía. La fiesta seguía. Pero nadie nos detuvo. Porque la sangre en los nudillos de Ryder hablaba sola. El coche estuvo en silencio. Lluvia suave. Oscuridad. Bosque. Yo temblaba un poco. No sabía si por rabia. Por susto. O por cómo Ryder seguía respirando como si quisiera romper algo. Sus nudillos sangraban sobre el volante. —Te sangra la mano —murmuré. —No importa. Silencio. Miré la ventana. Después a él. —¿Por qué me defendiste? Nada. Cinco segundos. Diez. Solo carretera. Luego habló. Sin mirarme. —Te dije algo. Mi garganta se tensó. —¿Qué? Mandíbula apretada. Vista fija al frente. —Que eras mi problema. Mi corazón hizo algo estúpido. Muy estúpido. Él respiró fuerte. Como si aún quisiera volver y golpear a alguien. —Y los míos no se tocan. El coche giró. Camino de tierra. Árboles. Oscuridad. Hasta que apareció una cabaña pequeña entre el bosque. Luz encendida. Aislada. Segura. Fruncí el ceño. —¿Dónde estamos? Ryder apagó el motor. Se giró apenas hacia mí. Serio. Frío. Protector. —Dormirás aquí hoy. Miró hacia la noche. Como si pudiera ver la mansión desde ahí. —Lejos de él.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD