Narra Julián.
Son Julián Méndez, tengo 27 años, muy pronto 28, tengo cuerpo atlético, mi cabello es castaño oscuro, mis ojos son marrones y mi piel esta bronceada, mido 1.85 cm. Desde que era pequeño, mis padres me enseñaron a ser responsable, mi padre me contó que también es así gracias a mis abuelos. Los amo mucho, al igual que a mi madre y mi pequeña hermana. Me había ido a Canadá a estudiar mi carrera y mi posgrado, ya que la empresa está pasando de generación en generación, y algún día tomaré el cargo que fue primero de mi abuelo y que ahora lo tiene mi padre. En las fiestas de la universidad, conocí a mi ahora novia Madison Green, es una mujer muy guapa, la más popular y la más deseada. Cuando se lo dije a mi familia, mi madre y mi abuela me felicitaron, pero a Esmeralda no le agradó mucho, a mí me encanta esta mujer, es rubia y de un cuerpo hermoso.
Al llegar a la ciudad de México, Madison y yo nos instalamos en mi departamento, yo estaba cansado por el viaje, pero ella estaba con ganas de tener relaciones íntimas, no la amo y sé que ella tampoco, pero es la mujer con quien deseo casarme. Le conté a mi amigo Adrián de mi llegada y él estaba feliz por mi regreso, me dijo, que, en este tiempo, había conocido a una linda chica, de la cual se enamoró, pero ella lo rechazó porque sabe que es un mujeriego de primera y sin remedio, ojalá alguien lo ponga en su lugar.
Al día siguiente, mi novia y yo nos preparamos para ir a la empresa de mi familia, ya que nos reuniríamos ahí, y conocer mi nueva oficina y asistente, mi padre me dijo que sería una mujer muy preparada, y no lo dudo.
– La reunión, ¿no pudo ser en tu casa? – dice Madison con molestia.
– Amor, ya te dije que tengo que conocer la empresa más a detalle. – le digo con tranquilidad.
– Sino hay de otra. – dice resignada.
Llegamos y entramos, todos comenzaron a saludarme, muchos ya me conocían desde pequeño, otros son totalmente nuevos. Escucho un gruñido de molestia, y veo a Madison echando lumbre por los ojos y noté que era dirigida su molestia con la recepcionista, es muy celosa. Subimos por el elevador, ella me preguntó por los sanitarios, mientras que yo no dejaba de ver a la hermosa mujer que estaba sentada, no sabía que papá había contratado a una mujer joven, escuché de mi madre del cambio de asistente, ahora entiendo su molestia. Me acerco a ella y aún no ha notado mi presencia, hasta que me detengo frente a ella, me mira, y al verla más de cerca me dejó como burro sin mecate.
Nos quedamos mirando fijamente, hasta que alguien carraspea, y veo a mi novia aún más furiosa que hace rato, le reclama por la forma en cómo me miraba y yo la reprendo, me disculpé con la mujer delante de mí.
– No se preocupe. – dice tímidamente sin mirarme
– ¿Está ocupado mi padre? – me mira nuevamente.
– No joven Méndez. – se ve tan hermosa sonrojada.
– Dime Julián. – le giño un ojo.
Madison nos vuelve a interrumpir con el pretexto de que me están esperando, me despido de la asistente de mi padre y entramos a la oficina, mis padres me miran y mi madre se levanta de su lugar, una vez que estamos de frente, me abraza con mucho amor.
– Mi hermoso hijo, ya estás en casa. – dice mi madre con lágrimas en los ojos.
– Así es, mamá. – le digo con una sonrisa.
– ¡Bienvenido hijo! – dice mi padre también abrazándome.
– Gracias, padre. – le digo dándole una palmada en la espalda.
– ¡Hermanito! – me llama mi hermana con una sonrisa y se lanza a mis brazos, sólo miro a Madison con cara de fastidio.
– Te extrañé mucho, enana. – le digo alborotando su cabello.
– Tarado. – dice en tono infantil. La adoro.
– El sábado habrá una comida por tu regreso. – dice mi padre tomando nuevamente asiento.
– Gracias, padre. – le agradezco y siento como Madison toma mi brazo.
– Ahí estaremos Sr. Roberto. – dice ella con una sonrisa, que hasta creo que es falsa.
– Otra cosa, a partir de mañana, tendrás a tu asistente, la señorita Medina. – dice y me quedé pensativo. Ya me había dicho de la asistente, pero no conozco a la mayoría.
– ¿Quién es? – pregunto con curiosidad.
– Es mi asistente, está muy bien capacitada. – al escuchar de quien se trataba, no pude evitar sonreír.
– ¿no tiene a alguien más? – dice Madison con molestia y mi hermana la fulmina con la mirada.
– ¿Por qué lo dices? – cuestiona mi madre con curiosidad.
– Se le nota lo mosquita muerta que es. – dice y ahora soy yo quien la fulmina.
– No digas eso, ella es mi amiga y siempre se concentra en su trabajo. – dice mi hermanita con odio y Madison prefirió no seguir opinando.
– No tienes por qué preocuparte, eres muy guapa. – dice mi madre y yo bufo.
Salgo de la oficina de mi padre y veo que la señorita Medina, está por el ascensor, me acerco a ella y gira para mirarme y se pone nuevamente nerviosa, le pregunto si ira a comer, ella responde, volvimos hablar del tema de mi novia, ella me dijo que no me preocupe. Nos quedamos mirando, pero baja su mirada y me señala hacia la oficina, volteo y veo a todos saliendo de ahí, Medina ya se fue. ¡Rayos!
Nos fuimos a comer cerca de la empresa y yo seguía sin dejar de pensar en ella, es tan hermosa en todos los sentidos. Después de comer le dije a Madison que se fuera al departamento, no estaba muy contenta, que digamos, pero ni modo, debo comenzar a ponerme al corriente. Voy para lo que será mi oficina y no puedo esperar para mañana a verla nuevamente y más que de ahora en adelante será mi asistente.
La nochecita llega y ya es casi hora de irme, antes de que Madison comience a llamarme, estaba por terminar, cuando escucho ruidos afuera de la oficina, abro la miro acomodando unas cosas donde ahora estará.
– ¿trabajando todavía? – digo recargado en el marco de la puerta y ella gira para mirarme.
– Yo… yo… vine a traer mis cosas a mi nuevo escritorio. – dice tímidamente, hasta roja se puso
– Me agradó la idea de que serias mi nueva asistente. – le sonrío y me responde que será un placer para trabar para mí. ¡Y ahí está de nuevo el usted! Le digo que me llame por mi nombre y ella simplemente se niega. Y antes de cualquier cosa, se despide y sale por el ascensor.
Me acerco a su nuevo escritorio y veo las cosas que ya no pudo acomodar, gracias a que la distraje. Veo una foto suya con dos jóvenes más, deben ser sus hermanos y un florero con flores artificiales. Se ve que es una chica muy sencilla.
Suena mi teléfono y como era de esperarse, Madison, así que respondo.
– Hola, amor. – digo en tono serio.
– ¡¿Dónde demonios estás?! – dice casi gritando.
– Tranquila, estoy saliendo del trabajo. Ya voy para allá. – digo con calma para no explotar.
Cuelga, cierro la puerta de mi oficina y me dirijo al ascensor, me encuentro con mi padre. Salimos juntos hacia el estacionamiento, cada uno se subió a su carro, sin antes despedirnos. Voy manejando sin dejar de pensar en esa mujer, sé que se apellida Medina, pero aún no sé su nombre. Llego al departamento, entro y miro a Madison dentada en el sofá y me mira con molestia.
– Seguramente estabas con tu zorra. – dice con odio.
– ¿Disculpa? – digo sin entender nada.
– No me quieras ver la cara de estúpida. - ¡Dios!
– Cálmate, Madison. – digo enojado.
– Vi cómo se miraban esta mañana. – dice levantándose de su lugar.
– Según tú ¿Qué viste? – digo cruzándome de brazos.
– Como se comían el uno al otro con la mirada. – dice acercándose a mí.
– Sabes perfectamente que nunca he estado con otra mujer que no fuera tú. – le digo seriamente.
– Sé que no, pero para todo hay una primera vez. – dice alejándose de mí.
La alcanzó y la tomo de la muñeca de la mano, ella se queja diciéndome que la suelte, pero la pego a mi cuerpo y la aprisiono con mis brazos.
– Déjame. – dice tratándose de zafar de mí.
– Sabes muy bien que jamás te sería infiel. - Le digo mirándola a los ojos y veo cierta lujuria en ellos. Le arranco el vestido que lleva puesto y comenzamos a besarnos con ferocidad, ella me va quitando la ropa, y la recuesto sobre uno de los sillones y entro en ella con fuerza y ella grita de placer.
Fuimos a mi habitación a seguir teniendo intimidad, esta mujer es insaciable, casi siempre lo hacemos hasta el amanecer, pero ahora será imposible, por mi trabajo, sólo espero que lo comprenda, aunque… lo dudo y mucho.
Me despido de mi novia, y no tenía una cara de contenta que digamos, pero le dije que tratare de estar temprano para que no se moleste, no me creyó y la verdad comienza a no importarme si lo hace o no. Lo que me tiene contento, es que volveré a ver a la mujer que me cautivó con su belleza y esa inocencia que tiene en sus hermosos ojos color avellanos.
Por fin sabré su nombre, ya que en ningún momento fue mencionado. Llegó a la empresa, con nervios, nunca en mi vida ninguna mujer me ponía de esta forma, es la primera vez, no sé si pueda decir que estoy enamorado por primera vez, pero… ¿Cómo saberlo? Eso lo iré descubriendo con el tiempo, la paso bien con Madison, pero ya no estoy muy seguro de formar una familia, he tratado de hablar con ella a carca del tema, pero siempre terminamos teniendo intimidad, igual no quiere tener hijos y yo si lo deseo.
Salgo del ascensor y veo a la señorita Medina sentada en su nuevo lugar de trabajo, la veo tan concentrada, que me paro frente a ella, lo mismo que hice ayer, cuando la conocí.
– Buenos días, señorita Medina. – la saludo y me mira sorprendida.
– Buenos días, Sr. Méndez. – dice un poco tímida.
– ¿Cuándo me dirás por mi nombre? – le reclamo en tono juguetón. Ella sólo se limita a rodar los ojos.
– Ya le dije que usted es mi jefe. – dice bufando
– ¡Está bien, está bien! – digo levantando las manos en señal de rendición y veo que trata de sonreír discretamente.
– Bueno, tráigame un café y un bizcocho, por favor. – digo yéndome a mi oficina.
¡Dios! Es más necia que una cabra. Pero lo que tiene de necia, lo tiene de hermosa. Tal vez si estoy enamorado de ella, después de todo.