Capítulo 6 ¿Amor a primera vista?

1638 Words
Narra Alison Actualidad… Soy Alison Medina Torres, tengo 23 años, soy delgada, mi cabello es castaño claro, mis ojos son de color avellana, mi piel es blanca, mido 1.65 cm, delgada y lindo cuerpo. Desde tenía 15 años mis padres me dijeron que Mario no es mi padre biológico, que mi verdadero padre la hizo a un lado cuando se enteró que estaba esperando un bebé, que cuando se conocieron, él ya estaba casado, que le hizo promesas falsas, pero que Mario estuvo ahí cuando más lo necesitaba, y se aman como nunca, a decir verdad, no me importa que no sea mi padre, lo amo como tal. Tengo dos hermanos más, y nos llevamos muy bien, casi inseparables. Estudié administración de empresas, y ahora trabajo para una empresa muy importante, Méndez y asociados, se dedican a la tecnología de computadoras, el Sr. Roberto Méndez es una persona muy agradable, sé que tiene un hijo de casi 28 años, en este año que llevo trabajando nunca lo he visto, dicen por ahí que, al terminar sus estudios de universidad, se dedicó a estudiar un posgrado. Tengo entendido que hoy regresa al país. Su esposa, la Sra. Samira, es menos agradable, siempre nos ve a todos con superioridad, yo trato de mantenerme al margen. Yo soy la asistente personal del Sr. Roberto, pero sólo hasta hoy, la razón, a partir de mañana seré la asistente de su hijo. Mi madre se molestó tanto conmigo por escoger esa empresa para trabajar, le pregunté el por qué, ella sólo me dijo que son personas detestables. No me quiso decir más, yo le dije que siempre habría personas así, no quisimos seguir discutiendo. Estaba concentrada en unos documentos cuanto siento a alguien parado frente a mi escritorio, volteo para mirar y es un hombre muy guapo, cuerpo atlético, cabello castaño oscuro, y piel bronceada. Estaba tan embobada de contemplar a ese Dios griego, hasta que alguien más carraspea sacándome de mi trance. –      ¿terminaste de comértelo con la mirada? – dice una rubia que está parada junto a él. ¿a qué hora llegó? –      Lo siento. – me disculpo mirando nuevamente los documentos. –      Madison, no seas grosera. – dice el hombre guapo, y ella sólo bufa molesta. –      Lo siento, normalmente no es así. – lo dudo mucho. –      No se preocupe. – digo sin seguir mirándolo o más bien contemplándolo. –      ¿Está ocupado mi padre? – ahora todo tiene sentido, ¡es el hijo de mi jefe! –      No joven Méndez. – digo un poco apenada –      Dime Julián. – dice con una sexy sonrisa y su novia vuelve a carraspear más molesta. –      Tus padres nos deben estar esperando. – dice la amargada esa, lo toma del brazo y se lo lleva hasta la oficina de su padre sin dejar que se despidiera de mí. –      Que amargada. – digo en voz baja y escucho una risita. –      Veo que ya conociste a mi hermano y a la idiota de su novia. – miro y se trata de la hija de mi jefe, Esmeralda. Ella es de mi edad y es muy agradable igual que el Sr. Roberto, nada que ver con la Sra. Samira. –      Srita. Buenos días. – la saludo sin mirarla. –      ¡oye! ¿en qué quedamos? Nada de formalidades, eres mi amiga. – y eso es verdad, desde que entre a trabajar aquí, ella ha sido super linda conmigo. –      Pero esta tu mamá. – digo haciendo una mueca –      Ella sabe muy bien que eres mi amiga y lo acepte o no, no dejaremos de serlo. –      Lo sé. – ambas suspiramos. –      Te dejo, me deben estar esperando. – me da un beso en la mejilla y se va. Apenas conocí a Julián y ya no lo puedo sacar de mi mente, es tan guapo y se ve que es una persona muy agradable, pero con una madre como la de él y ahora soportar a su dichosa novia. Tal para cual. Me volví a concentrar en mi trabajo cuando veo salir del elevador a los padres del Sr. Roberto. –      Buenos días, linda. – me saluda la Sra. Rosalía, también es una persona agradable al igual que su esposo. –      Buenos días. – la saludo amablemente y pasan a la oficina de su hijo. Ya era la hora del almuerzo, y la familia Méndez seguía adentro de la oficina, así que tomé mi bolso y caminé hasta el elevador, cuando siento esa presencia nuevamente. –      ¿Iras a comer? – esa sexy voz que hizo que me estremeciera. –      Si. – digo tímidamente. –      Oye, siento mucho el comportamiento de Madison. – dice un poco apenado. –      No tiene por qué disculparse. Se ve que lo quiere mucho. – digo y sonríe sin ganas. –      Sé que es algo celosa, pero descuida, me encargaré de que no te vuelva a tratar así. – me mira fijamente y siento perderme nuevamente en sus bellos ojos. Siento que abren la puerta de la oficina y al mismo tiempo que llega el elevador, y antes de que me miren mal entro dejándolo atrás sólo miro confusión en su mirada, cuando le señalo a su familia. Voltea y se cierran las puertas, yo suelto todo el aire que estaba conteniendo. Llego a recepción y veo a mi amiga Karina, me sonríe y ya sabe que es la hora de comer. Le conté lo que me había pasado, ella me dijo que desde que llegaron, la tal Madison traía aires de superioridad, y con cara de amargada. Ya era la hora de la salida, ya había terminado de organizar los documentos, me levanto de mi silla y camino hasta la oficina de mi jefe, toco la puerta y escucho un “adelante” –      Buenas noches, Sr. Aquí le traigo los documentos para la nueva asistente. Los deposito en su escritorio. –      Muchas gracias, señorita Medina. – me agradece con una sonrisa. Me despido y salgo de la oficina. Aproveché para llevarme mis cosas a donde sería mi nuevo lugar de trabajo. Junto a Julián. –      ¿trabajando todavía? – pero… ¿Qué demonios? –      Yo… yo… vine a traer mis cosas a mi nuevo escritorio. –      Me agradó la idea de que serás mi nueva asistente. – dice sonriendo y yo siento que me puse roja. –      Será un placer trabajar para usted. – digo dejando las cosas sobre el escritorio sin mirarlo. –      ¿en qué quedamos? – dice cruzándose de brazos. –      ¿Eh? – digo sin entender. –      Que me llames Julián. – dice mirándome fijamente. –      Claro que no, usted será mi nuevo jefe. – digo un poco molesta. No quiero después malentendidos. –      ¿Y eso que? – dice un poco serio, así que, para no discutir, le di las buenas noches y salí de ahí. Este hombre me va a volver loca. Será que… ¿fue amor a primera vista? Obviamente no lo fue, y de ser así, él tiene novia y una muy guapa, por cierto. Llego a casa y saludo a mis padres y hermanos. Mi madre ya había preparado la cena. –      ¿Cómo te fue hoy? – pregunta mi padre con interés. –      Todo bien, ya conocí a mi nuevo jefe. – digo y él me sonríe tiernamente. –      ¿Quién es? – pregunta esta vez mi hermana. –      El hijo del Sr. Roberto. – digo y veo a mis padres ponerse un poco tensos, y yo sólo frunzo el ceño. –      ¿Qué pasa? – digo y me miran –      Sólo ten cuidado con esas personas, es todo. – dice mi madre y sigo sin entender su molestia. –      No te preocupes. Todo es profesional. – digo y veo que se relajan un poco. Además, dudo que Julián se fije en mí, se ve que es muy coqueto, y si fuera así, dudo que deje a su novia y su madre lo acepte. Terminado de cenar, me fui a mi habitación, si, vivo con mis padres, la verdad nunca quise independizarme, y les ayudo con mis gastos, aunque sé que les ha ido muy bien en el super mercado. –      ¿es guapo tu nuevo jefe? – dice Cristina entrando a mi habitación. –      Guapísimo. – digo suspirando –      Que suerte tienes. En cambio, en donde yo trabajo mi jefe ya es algo viejo. – dice de mala gana y yo me rio. –      ¿Qué no tiene hijos guapos? – digo y ella niega. –      Puras mujeres. – dice derrotada. –      ¿Qué me dice de Adrián? – digo y me mira feo. –      Estás loca ¿verdad? – dice fulminándome con la mirada. –      Le gustas. – agarra una de mis almohadas y me la avienta. –      ¡Oye! – me quejo y ahora es ella quien se ríe. –      Claro que no, es un mujeriego de primera. – cruza los brazos y yo suspiro. –      Parece que estamos destinadas a morir vírgenes y solteronas. – digo entre risas. –      Pues tú, querida hermana, porque al menos virgen, no. – dice y abro los ojos con asombro. –      ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Con quién? ¿Por qué nunca me has dicho? – empiezo a cuestionarla. –      ¡Tranquila! Fue hace poco, con Alberto, el de contaduría, sólo fue un pequeño acuerdo entre los dos. Y si te lo iba a contar, pero siempre llegas cansada de tu trabajo. Además, tú tienes a tu guapo jefe. - dice pícaramente y me siento el sonrojo. –      Tiene novia. – digo y ella hace una mueca de disgusto. Después de tanta platica, nos despedimos, me fui a dar una ducha, me puse ropa cómoda y me fui a dormir, mañana me espera un día largo con mi nuevo jefe, Julián Méndez.
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