Capítulo 5 mi felicidad

1402 Words
Narra Gaby Dos años después, Mario y yo estábamos esperando otro bebé, quien resultó ser un varoncito, ahora le tocó ponerle nombre, Carlos, como su abuelo. Estábamos felices de nuestro segundo hijo, y para entonces, mi esposo y mi padre pusieron un negocio de abarrotes, les ha ido muy bien. La casa de mi esposo es bastante espaciosa para criar bien a nuestros hijos, adora mucho a sus hijos, es un buen padre con Alison, mi familia es mi felicidad. Ya no supe más de Roberto, y es mejor así, a decir verdad, si esperaba por lo menos su apoyo, no le estaba pidiendo separarse de su mujer, eso ya era su decisión, pero todos me dieron la espalda, excepto don Ricardo y Mario, antes de que naciera la pequeña, mis padres se disculparon conmigo, y eso me hizo sentir feliz. – ¿en qué piensas amor? – dice mi esposo entrando a la habitación. – En lo feliz que estoy contigo y nuestros hijos. – le digo acariciando su mejilla, me mira con amor, y comienza a besarme. Realmente lo amo, es un buen hombre. – Yo también lo soy. Te amo. – nos abrazamos, nos quitamos lentamente la ropa, mientras reparte besos por todo mi ser, se acomoda y comienza a hacerme el amor. Es muy tierno, me encanta cono lo hacemos. Un año después… Mi esposo y yo, estamos más enamorados que nunca, y nuestra familia creció, tenemos a otra hermosa bebé, la llamamos, Cristina, como mi abuelita, la mamá de mi madre. Ella estaba muy feliz que su nieta llevara ese nombre, mi esposo estuvo de acuerdo llamar así a nuestra tercera hija. El negocio también creció, ahora la tiendita que teníamos, la hicimos un mini super, la verdad no me imaginaba una vida con… el Sr. Roberto, sólo fueron palabras al aire, en cambio con Mario, todo fue más real, sus palabras, y demostró todo ese amor que aun siente por mí, no me había dado cuenta, hasta que pasó todo eso de mi embarazo, pero ya estoy muy feliz y no me arrepiento de nada. Me encontraba en la plaza comercial, venía a comprar ropa para mis hijas e hijo, cuando de repente, veo salir de una tienda a la Sra. Samira, me mira sorprendida. Yo reacciono y comienzo a caminar, cuando siento que me jalan del brazo. – ¿Por qué huyes? – giro y la miro, pero su mirada ya no es como antes, es más fría. – Tengo cosas que hacer. – digo sin mirarla – Sólo te quiero agradecer, que, si no fuera por tu aventura con mi esposo, no tendríamos otro hijo. -Dice con superioridad. – Lo que pasó con su esposo, sólo fue un error. – digo y me mira con odio. – Pues te diré, que él nunca ha sido un mujeriego, así que deberías sentirte alagada que te hiciera suya, aun siendo casado. – seguramente… – Como usted diga, Sra. – la ignoro y comienzo a caminar por la plaza. Recuerdo que ella era más gentil, incluso cuando se enteraron de mi embarazo, nunca me reclamó nada, pero como dicen, la gente cambia con el tiempo o más bien dicho, el tiempo demuestra como son las personas realmente. Después de comprar lo que necesitaba, me fui para la casa, tenía que preparar la comida para mi esposo y nuestros hijos. Aun no puedo creer que la Sra. Samira sea realmente muy fría y, además, creo que después de todo, dudo también que la Sra. Méndez haya sido también una buena persona conmigo, sé que me trató bien, pero al haber visto su reacción con lo de su nieta, me da a entender que siempre ha sido una persona fría también. Pero eso ya es pasado, y, a decir verdad, no deseo tener ningún contacto con nadie de la familia Méndez, yo soy feliz con mi familia y los amo mucho, y mi esposo me ha demostrado lo mucho que nos ama también. Narra Mario Soy Mario Medina, tengo 30 años, mido 1.80 cm, mi cabello es castaño claro, mis ojos son color miel, tengo cuerpo atlético. Desde que era joven, siempre estuve enamorado de Gaby, pero nunca me hacía caso. Supe que no podía pagar sus estudios de la universidad, así que tuvo que entrar a trabajar para ayudar a sus padres con los gastos. Ella siempre me decía que sólo me quería como a un amigo, y que algún día llegaría la indicada para mí, pero no deseaba perder las esperanzas de que algún día estaríamos juntos, porque siempre la he amado con todo mi corazón. Pasó un año, cuando la vi llorando, dirigiéndose a un parque, me acerqué a ella, la abracé y cuando estaba mas tranquila, me contó lo que le había pasado, no dude ni un segundo en apoyarla cuando más lo necesitaba. Ella al principio se negaba, pero jamás la iba a dejar sola y menos con un bebé en camino. Desde que comenzamos a vivir juntos, amé a su bebé, nos casamos y al nacer y saber que sería una bebita, fue mi perdición. Al paso de estos años, tenemos dos hijos más, a quienes también amo demasiado. Y mi hermosa esposa, también me ama como yo a ella. Llego a la casa después de un día ocupado en el negocio. Veo a mi hermosa esposa – Hola, amor. ¿Cómo te fue en la plaza comercial? – pregunto y veo que pone mal cara. – Mas o menos. – dice aun de mala gana. – ¿Qué pasó? – digo sin entender su expresión. – Me encontré con la Sra. Samira. – dice mientras acomoda las cosas para nuestros hijos. – Y fue muy cínica, diciendo que debería sentirme halagada por lo de la aventura con su esposo. – dice y me quedé sorprendido. – Tienes razón amor, fue muy cínica de su parte. No vale la pena personas así. – la abrazo y beso sus hermosos labios. – Te amo, Mario. – dice aun en mis labios. – También te amo. – digo sin romper el beso, ella lo intensifica más, nos vamos quitando lentamente la ropa, nos recostamos en la cama, me pongo un preservativo y entro en ella con delicadeza, la escucho gemir, y comienzo a moverme. Ella me toma por detrás del cuello para besarnos nuevamente. Nunca perdí las esperanzas de que algún día pudiésemos estar juntos, siempre anhelaba estar casado y criar a nuestros hijos, ese deseo se cumplió, y no voy a permitir que nada ni nadie arruine lo que he construido a su lado. Narra Samira. Esa… señora, debería sentirse halagada por tener a un hombre como mi esposo, aunque fuese una pequeña aventura, pero que malagradecida, pero no importa, como le había dicho, gracias a eso, despertaron mis celos, y por primera vez me siento amada por él y también me enamoré de mi esposo que ahora tenemos una hija, y muy hermosa. En cuanto al supuesto hijo que tendría con mi marido, al principio estaba dispuesta a ayudarla, pero mi suegra me hizo ver, que ella ya tenía novio y andaba al mismo tiempo con Roberto. Así que no era una santa paloma. – Amor. ¡llegaste! – últimamente mi esposo ha tenido demasiado trabajo, y casi no llega temprano, pero al parecer hoy no tuvo tanto. – Así es mi cielo. – me abraza y nos besamos. – ¿ya cenaste? – pregunto y él niega. – Vente, Amelia hizo espagueti como a ti te gusta. – me sonríe y ambos bajamos a cenar. Después de cenar, estuvo revisando unos documentos, mientras que yo lo esperaba, para darle un masaje, debe estar muy estresado. Después de media hora llega y me mira con lujuria, me puse un babydoll sexy, él se va quitando la ropa, se acomoda arriba de mí y comienza a besarme con pasión, siento su erección en mi intimidad, me sigue besando mientras que me quita la lencería, también le voy quitando la ropa, nos recostamos y entra en mi con fuerzas, como sabe que me gusta. Lo amo y no pienso dejarlo ir de mi lado. Así que rompimos aquel acuerdo en donde al cumplir 6 años de casados nos separaríamos, pero ahora las cosas se dieron diferentes. Y deseo una vida para mis hijos y espero que siempre estemos juntos por el resto de nuestras vidas.
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