Narra Gaby.
Ya casi se cumplen los 9 meses de mi embarazo, y tanto yo, como mi esposo, estamos felices por su llegada. Nunca pensé que un hombre como él, me iba a querer con todo y un hijo, aun cuando no es suyo, eso demuestra lo mucho que realmente me ama, mis padres se pusieron felices a saber de la noticia de mi matrimonio con Mario, pensé que después de lo que había pasado, jamás me iban a volver hablar, mi madre me dijo que tengo mucha suerte de encontrar un hombre como él, porque no cualquiera lo iba hacer, y tiene mucha razón, y tanto ella como mi padre, están felices por la llegada del bebé, aún no sabemos si es un varoncito o una niña, pero lo que sí es casi seguro, es que viene saludable y eso es lo que importa.
– Ven amor, siente. – le hablo a mi esposo y se sienta junto a mi para tocar mi vientre muy pronunciado.
– ¡se está moviendo! – dice con emoción y yo sonrió ante su felicidad.
– Sabes… - digo y me pone atención.
– Te amo, te amo porque eres un buen hombre y no me dejaste desamparada con mi hijo, como los demás lo hicieron. – veo una sonrisa y una mirada llenas de amor.
– Yo también te amo, y jamás lo haría, porque eres la mujer de mi vida, y aunque ese pequeño que ya casi está con nosotros, no lleve mi sangre, siempre lo voy a amar como si lo fuera, porque un padre no es el que engendra, sino el que cría. – mis ojos se llenan de lágrimas de felicidad ante esas hermosas palabras, él las limpia y nos damos un beso lleno de amor.
Mi bebé ya está por nacer, nos encontramos en el quirófano del hospital, él no se separa de mí, tomo su mano, y comienzo a sentir un dolor muy fuerte que pareciera que me romperé. El doctor dice que puje más, que ya está listo, repite sus palabras mientras que yo grito del dolor, y aprieto más la mano de mi esposo, y de repente se escucha su llanto y yo lloro de la felicidad al igual que Mario.
– ¡felicidades, es una niña! – doblemente felicidad.
– Lo hiciste bien, amor. – mi esposo me mira y ambos sonreímos.
– Sólo la limpiaremos y en un momento se las damos para que la conozcan. – dice una de las enfermeras. Una vez que me la dan, la veo y es muy hermosa, tiene los ojos de su padre, algo que me va a perseguir, pero no me importa, es mi hija y la amo con todo mi ser.
Estábamos en una de las habitaciones del hospital, mis padres y mi esposo están conmigo, conociendo a la nueva personita.
– Es idéntica a ti, hija mía. – dice mi madre con la pequeña en brazos.
– Tu madre tiene razón. – dice mi padre mirando la escena y abrazando a mi madre.
– Bueno, tiene parecido con ustedes también. – me miran y me sonríen con amor.
– Gracias Mario, por cuidar de nuestra hija, eres un buen hombre. – mi madre le da a la bebé a mi esposo y él la recibe con mucho cariño.
– Eso siempre, doña Cecilia. – dice Mario con educación, pero sin quitar su sonrisa.
– ¿y como la llamaras? – me pregunta mi madre.
– Alison. – digo mirando a mi bebecita.
– Es un hermoso nombre. – dice mi padre y mi mamá le da la razón.
– Lo es. – dice mi esposo entregándome a mi pequeña. Mis padres se despiden de los tres, porque saben que ya debe dormir.
Después de un día en el hospital que para mí parecía eterno, nos encontrábamos en casa, mi esposo siempre consintiéndome, y yo a él, y no mentía cuando le dije que lo amo, porque es la verdad, Roberto sólo fue… un error. Será el padre biológico de mi hija, pero hasta ahí.
Narra Roberto.
Mi esposa estaba a punto de dar a luz, todos estaban pendientes de lo que se necesite, no nos da tiempo de llegar al hospital, así que tendrá al bebé en casa, lo bueno que tenemos a una partera cerca de aquí, además es amiga de mi madre.
Mientras que ellas están atendiendo a mi mujer, mi padre y yo estamos esperando afuera de la habitación, a mi hijo Julián lo tenemos entretenido con la televisión, aun es pequeño para entender bien.
Pasa mas de una hora, sólo se escuchan los gritos de Samira, hasta que se escucha un llanto.
– ¡Al fin nació mi hijo! – digo con emoción y mi padre me felicita, la partera sale con el bebé en brazos y me lo entrega.
– ¡Felicidades, Roberto! ¡Es una niña! – dice y tanto mi padre, como yo, nos miramos y sonreímos.
– Hola, hermosa. – saludo a mi bebita, es idéntica a Samira.
Entro a la habitación y veo a mi esposa descansando, pero al sentirme, abre sus ojos y me mira con amor.
– Es idéntica a ti, amor. – le digo y ella me sonríe. Lo que me hace recordar. ¿Qué habrá pasado con el bebé de Gaby? Ya no importa, tan sólo recordar que tenía novio al mismo tiempo que andaba conmigo.
– ¿Cómo las vas a llama, amor? – me pregunta y tengo el nombre ideal.
– Esmeralda, como el color de sus ojos. – digo y ella me alza los brazos para que le dé a nuestra hija.
– Es un bello nombre. – la toma y me recuesto con cuidado a su lado y comienza a darle de comer. Es una hermosa escena.
– Te amo. – dice sin mirarme
– También te amo. – le doy un beso en su mejilla y ella voltea a verme y me besa en los labios.
Creo que mi lugar es con mi esposa y nuestros dos hijos, creí haberme enamorado de Gaby, pero no fue así, la buscaba porque Samira no me buscaba y ni yo a ella, no es justificación para mis acciones hacia a mi exnovia.
Estaba camino a la empresa, cuando la veo pasar con su bebé en brazos, pero no iba sola, sino con un hombre, con eso me confirma que ella ya estaba con alguien más, aunque a decir verdad ¿Quién soy yo para reclamarle hasta cierto punto? Ella sabia muy bien que era casado, ahora entiendo porque se negaba estar conmigo, pero si yo fui el primero en la intimida, aun así ¿por qué no me dijo que ya tenia novio? Ni hablar, lo mejor es dejar las cosas como están y le deseo la felicidad al lado de esa persona que supo valorarle y responderle.
Todos en la empresa me felicitan por el nacimiento de la pequeña Esmeralda, hasta me invitaban a celebrarlo a una disco, pero por ahora no podía, tenia que estar pendiente de mi esposa y mi bebé, pensé que no lo iban a comprender, sin embargo, lo hicieron.
– ¡en hora buena hermano! – me felicita mi amigo Juan al entrar a mi oficina.
– Gracias. – le agradezco y se sienta en sofá.
– Ya dos hijos, se te acabó la diversión. – ríe y yo sólo ruedo los ojos.
– Muy gracioso. – digo con sarcasmo.
– ¿ya no viste a tu ex? – y sé a quien se refiere, él es el único que le pude confiar mi relación con Gaby.
– Justamente la vi antes de llegar al trabajo. – me mira sin poder creerlo
– ¿y? - pregunta con curiosidad.
– Estaba con el padre de su hijo. – digo restándole importancia.
– Entonces… ¿en verdad no crees que sea tuyo? – dice pensativo y lo miro con irritación.
– Esta mas que confirmado. – digo y el me da la razón.
Hubo un momento en que pensaba que, si era mío, pero cuando me dijeron que ya tenia novio, desheche esa idea de la cabeza. Pero siempre la recordaré con mucho cariño, fue especial para mi en su momento. Ahora mas que nuca me debo enfocar en mi esposa y mis hijos.