Narra Gaby
– ¿Qué dijiste? – Roberto no cree lo que le acabo de decir, está más sorprendido que yo.
– Que yo estoy esperando un hijo tuyo. – comienzo a sentir las lágrimas correr por mis mejillas y veo como comienza a desesperarse.
– ¿Qué dijiste? – veo a la Sra. Rosalía entrando a la casa con el resto de la familia, y veo decepción en los ojos de Don Ricardo.
– Estoy esperando un bebé. – veo como se acerca la señora y siento su mano impactar en mi mejilla, llevo la mía poniéndola donde acaba de pegar.
– ¡Te largas de esta casa! – grita la madre de Roberto, Samira se lleva a su hijo y sólo me mira con lastima, y es quien debería esta furiosa.
– Pero… - Roberto no me deja terminar.
– Ya la escuchaste, ¡Vete! No eres más que una oportunista. – dice con rabia.
– Mi hijo tiene razón, aquí se te trató bien y te atreves a seducir a un hombre casado. – saca su cartera de su bolso y me extiende un fajo de dinero, pero al menos debo mostrar la poca dignidad que me queda. La ignoro y me voy a mi habitación a recoger las pocas cosas que tengo, me cambio y dejo mi uniforme.
– ¿Qué hiciste, amiga? – entra Amelia preocupada.
– Enamorarme, sólo eso. – nos abrazamos y salgo.
Me despido de Don Ricardo, ya que fue el único que no me insulto, me abraza, el me ofrece un poco de dinero, pero lo rechazo. Salgo de la casa y tomo un taxi, lo bueno que había estado ahorrando un poco de dinero.
Llegué a casa de mis padres, traté de disimular que había llorado, pero fue imposible, porque enseguida lo notan y se acercan a mí con preocupación.
– ¿Qué te pasó mi niña? – me abraza mi madre
– Yo… yo… estoy embarazada. – digo entre sollozos, se separa de mí, y me mira confundida.
– ¿de quién? – pregunta mi padre en tono seco.
– De… - iba a decir, pero mi padre me grita.
– ¡Habla! – está muy furioso.
– Déjala que hable. – mi madre lo regaña.
– De Roberto Méndez. – digo y los dos se quedan sorprendidos.
– ¿estás loca? – siento que mi madre también me da una fuerte cachetada.
– Te largas de la casa, no te enseñamos a meterte con casados. – me grita mi padre, y mi madre me mira fríamente.
Sin más opciones, salgo de la casa con la maleta que había hecho en la casa de los Méndez, sin tener más a donde ir, me fui a un pequeño parque que está a tres calles de donde viven mis padres, me senté en una pequeña banca y comencé a llorar sin remedio.
De repente sentí que alguien me abrazaba, alcé la mirada y se trataba de mi amigo, Mario. Lo abracé también sin dejar de llorar. Sin decir una sola palabra, me ayuda a levantarme de la banca y comenzamos a caminar, entramos a su casa y me sienta en el sillón, a los pocos segundos regresa y me da un vaso con agua. Comienzo a beber el líquido.
– Gracias. – digo un poco más tranquila, pero sin mirarlo.
– ¿Qué pasó? – pregunta un poco preocupado.
– Yo… me embaracé del hijo de mis patrones, al enterarse, me corrieron de mi trabajo, llegué con mis padres, les conté lo que pasó y también me sacaron de su casa, y ahora no sé a dónde iré… - comienzo a llorar nuevamente y Mario se acerca a mí y me vuelve abrazar.
– Ssh. Tranquila, no estás sola. – dice con tranquilidad
– No te dejaré sola, ni a tu bebé. – dice y lo miro sin creerlo.
– ¿Qué quieres decir? – digo confundida.
– Que yo estoy dispuesto a casarme contigo y cuidar de tu bebé a tu lado. – dice y niego rápidamente.
– Jamás te pediría algo así. – digo atónita y él me sonríe.
– Yo lo sé, pero sabes que siempre te he amado, aunque sé que tú a mí, no. – eso es verdad, desde que nos conocemos siempre ha estado enamorado de mí, pero nunca le correspondí.
– Lo sé, pero no quiero que cargues con esta responsabilidad. – le digo y me mira con ternura.
Y por primera vez, veo lo guapo que es realmente, ¿Cómo es que no lo había notado antes?
– Yo… acepto tu propuesta. – digo sin pensarlo dos veces y vuelve a sonreír. ¡Es muy guapo y amable!
– Bien. No se diga más en un mes nos casaremos. – nos abrazamos y sin más, lo beso en los labios, me abraza aún más, para profundizar más el beso.
Un mes después…
Mario y yo estábamos en el registro civil para casarnos, dijo que después de que nazca el bebé, me quiere dar una ceremonia que yo merezco. El juez a cargo comienza con el casamiento, y nuestros testigos, son, mi amiga Amelia, y el hermano de Mario, Samuel, que, por cierto, esos dos no dejaban de mirarse, parece que aquí huele a romance. Harían una bonita pareja. Una vez finalizado, firmamos el acta de matrimonio y nuestros testigos nos felicitan, oficialmente estoy casada con quien fue mi amigo por muchos años.
– Gaby, te prometo que en cuanto junte un poco más de dinero, te daré la boda y la luna de miel que mereces. – dice con su hermosa sonrisa y yo lo beso.
– No es necesario, cariño, siempre y cuando estemos juntos siempre. – me mira con amor, y nos abrazamos. Espero que con el tiempo lo pueda amar y olvidarme del padre de mi bebé.
Narra Roberto.
Ya han pasado 3 meses desde aquel incidente con Gabriela, al principio deseaba creer que él bebé que está esperando, sea mío, pero mi madre me dijo que la había visto en más de una ocasión con otro hombre en sus días libres, ¿Cómo es que me había ocultado algo así? Yo estaba a esperar a terminar el acuerdo con Samira, pero al enterarme de que mi esposa me iba a dar otro hijo, y luego Gabriela, en verdad eso me enfureció bastante. La primera noche de su ausencia, había entrado a la que era su habitación recordando lo que habíamos pasado ahí, pero eso ya es parte del pasado, mi familia está creciendo y mi esposa ha sido más atenta conmigo, nuca la había visto así, creo que al ver “mi aventura” con Gaby, la puso celosa, y pensó mejor las cosas, creo que por algo pasan las cosas.
– ¿Aun piensas en ella? – dice Samira sacándome de mis pensamientos.
– Claro que no, amor. – le digo mirándola y ella lo duda por un momento.
– Oye, lo puedo entender. – creo que es una mujer muy compresiva, otra ya la habría matado al enterarse de algo así.
– Yo… lo siento, siento mucho haber buscado a otra mujer. – digo con sinceridad, ella acaricia mi mejilla con su mano.
– No es tu culpa, ni mía, teníamos un acuerdo, y pues las cosas pasaron, pero lo que importa es que sigamos adelante como matrimonio, por el bien de nuestros hijos. – Samira es realmente muy comprensiva y amorosa.
Espero que con el tiempo nos podamos amar de verdad, es una mujer muy bella, pero, sobre todo, muy buena.
Narra Samira.
Soy Samira Hernández, soy rubia, de buen cuerpo, ojos verdes, mido 1.70 cm, y tengo 24 años. Vengo de una buena familia, que se dedica a la industria de la producción de las mejores telas del país. Desde pequeña siempre he soñado con un hombre bueno, pero al crecer, eso nunca pasó, conocí a Roberto porque su familia es de las más reconocidas, ellos se dedican a la publicidad mercadotecnia, y han tenido tratos con mi familia, lo veía en las fiestas desde que yo tenía 15 años, y soñaba con él, pero él nunca me miraba o simplemente no me hacía caso, a los 18 años, empecé a querer seducirlo, pero me daba mi lugar. Comencé a salir con el amigo de uno de mis primos, sólo para llamar su atención, y ni aun así lo lograba, hasta que un día Sali embarazada, le dije a Pablo, pero sólo desapareció, y como decirles a mis padres, ellos querían que su hija se casara y formara familia, así que acudí a la madre de Roberto, ella siempre deseaba que yo pretendiera a su hijo, le conté lo que había pasado, ella me ayudó a conquistarlo como se debía, así lo hice, y al mes de estar juntos, le dije del embarazo y me pidió casarnos y nos fuimos de luna de miel al extranjero, pero estuvimos ahí por tres años, la verdad es que ninguno de los dos sentía amor, pero a decir verdad, sólo fue un capricho, nunca más volvimos a tener intimidad, hasta que descubrí su romance con la empleada doméstica, Gabriela, ahí nacieron mis celos, y sentía que no quería perder a mi esposo, así que lo seduje, le hice el amor, pero aún estaba con aquella mujer, no me cuide y me embaracé para que nunca más nos dejara, pero la muchacha esa, salió también con su domingo siete, y sentí pena por ella y su bebé, pero Roberto está conmigo y no pienso dejarlo ir.
– Así que… ¿aquella mujer iba a tener un hijo de tu marido? – dice mi amiga Diana por enésima vez.
– Así es. – digo con cansancio.
– Pero según tu suegra, ella ya tenía un novio, así que no sea realmente de Roberto. – dice pensativamente y yo asiento.
– Si que la vida de ustedes es un lio. – dice riendo y yo bufo.
– Pero ya todo se aclaró y mi esposo seguirá conmigo. – digo triunfante y ella me sonríe.
– Exacto, por nada del mundo dejes que alguna lagartona se le acerque. – y así lo haré, no pienso dejarlo ir, es el padre de mis hijos y nada ni nadie nos va a separar.
En todo este tiempo que llevo de casada con él no sentía amor, sólo era un compromiso, y gracias a su aventura con esa mujer, comencé a sentir celos por primera vez, y tal vez hasta ya me estoy enamorando de Roberto.
– Hola, amor. – saludo a mi esposo entrando a su oficina.
– Hola, mi vida. – se levanta de su lugar y me abraza dándome un beso en los labios.
– ¿Cómo están mis amores? – dice refiriéndose a mí y nuestro bebé.
– Estamos bien, mi cielo. – le sonrío y el a mí.
– Venimos por ti para ir a comer. – él asiente, apaga el monitor y salimos juntos.
Realmente amo a este hombre, es un buen esposo y padre con el pequeño Julián, y sé que también lo será con el nuevo bebé.