»Capítulo 7«

918 Words
Él está aquí. Asmodeo esta aquí y no para ayudarme, sino, para ayudarlos. Verlo otra vez fue un golpe al estómago que no espere recibir, pero lo que más duele es verlo departe de esos monstruos. Aún recuerdo la vez que se fue y me dejó. No puede evitar ver dolor en su mirada, como si no hubiera querido dejarme. Aún recuerdo la primera vez que lo conocí, inmediatamente nos hicimos unidos, era tan atento y cariñoso, en ese tiempo me llevaba mejor con él que con Damián y Lucían. Pero todo eso cambio, empezó a ser distante, frío, me hablaba de una forma tan seca como si mi presencia le molestará y luego una mañana tenía sus maletas hechas y se marchó dándome una última mirada. Verlo aquí me llevo al pasado, a los momentos buenos y malos que pasamos juntos. Aún recuerdo esa frase que me dijo; “Subiría al cielo por ti. Atravesaría el mar y la tierra por ti. Lucharía con el diablo por ti. Desataría el caos si alguien te lastimara. Te amare hoy, mañana y siempre, hasta la eternidad. Y si he de morir nos volveríamos a encontrar en la otra vida” Ese día sentí una inmensa felicidad. Sus palabras para mí significaron algo más, pero se que para él su amor por mí no iba más halla de hermanos. […] *Asmodeo Pearce* —Hicimos que parezca un escape. Recogimos varias cosas de ella y dejamos una nota, diciendo que se iba con un chico. Pero al parecer nuestros padres no lo creyeron, decían que ella no era capaz de eso, así que terminaron llamando a la policía y ahora la buscan por cielo, mar y tierra — ruedo los ojos por tal tontería que cometieron ¿Quién iba a creer tal estupidez? Lucía no era el tipo de persona que se iba así por así. Par de inútiles. —No sabíamos que otra cosa inventar, así que elegimos la más sencilla — está vez comento Damián. Cierro los ojos dando un largo suspiro. —Lo resolveré, pero esto lo haré solo. Ustedes dos son solo un estorbo en mí camino, ni siquiera pueden secuestrar a alguien como se debe — digo a secas sin mirarlos. —Hablo el mejor secuestrador — Damián soltó con una risa de burla. Me levanto de dónde estoy, y voy directo hacia los escalones. Si me quedo un minuto más con ellos los mataré. —¿A dónde vas? — cuestionó Lucían. —Eso no es de tú incumbencia, hermanito — digo con arrogancia y sin siquiera darle una mirada. Volver a verla, fue como caer aún profundo abismo. Todo los recuerdos volvieron a mí, los sentimientos que he tratado de retener intentaron salir. Solo quería lanzarme hacia ella y devorarla. Aún seguía siendo hermosa, perfecta, un ángel digno de admirar. Abro la puerta de aquella habitación donde se encuentra mi tesoro más preciado, la veo atada con una cadenas a uno de sus tobillos. Está tan perdida en su mundo que no se da cuenta de mí presencia. Me siento a su lado en la enorme cama, se sobresalta y se va directo a una esquina de la habitación con notable miedo. En ningún momento supo que era yo, me di cuenta de eso al instante cuando abrió sus ojos de sorpresa. ¿Tanto daño le han hecho, que tan solo sentir la presencia de alguien la asusta? Esos hijos de puta me la pagarán. —Acércate — ella titubeó pero al final lo hizo. Se sentó a mi lado mirando al suelo. ¿Por qué no me miras? Necesito que lo hagas. Necesito volver a sentir esos hermosos ojos posados en mí. —¿Estás con ellos? — se a lo que se refiere, aunque la verdad, yo no estoy con nadie. —No — digo firmé, siento como tiembla al escuchar mi respuesta. —¿Y por qué no me sacas de aquí? — está vez me mira, sus ojos están conteniendo las lágrimas que se quieren escapar —¿Dejarás que ellos me sigan haciendo daño? — susurra con la voz rota. Molesto acerco mi rostro al de ella y la tomo del mentón sin añadir presión. —Ellos no volverán a tocarte, porque el único que puedo hacerlo soy yo. Nadie puede destruirte porque el único que es capaz de verte caer seré yo — su respiración está acelerada, rozo mis labios con los de ella y la escucho suspirar. Aún tengo el poder sobre ella. —Eres mía hoy, mañana y siempre, hasta la eternidad — ella hala de mí y estrella sus labios contra los míos. El beso era desesperado, como si ambos necesitábamos de esto. La levantó y la coloco en mis piernas, nuestras lenguas chocan y gruño por lo bien que se sintió eso. Bajo a su cuello, la recorro dejando leves marcas por el camino, la siento temblar en mis brazos y pronunciar en un susurro mi nombre. Lucía busca con desesperó mis labios y nuevamente nos profundizamos en un salvaje beso. Ella es mi maldita droga, ella causará un caos en mí y está vez no me iré. Estoy dispuesto a quemarme en el infierno solo por ella. Y ellos se van arrepentir, tocaron lo que es mío y le prometí que desataría el caos si alguien la lastimaba, lamentablemente ellos lo hicieron, no me importa que sean sangre de mi sangre, jugaron con fuego ahora que se abstengan a las consecuencias.
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