Los recuerdos de la noche anterior me golpean fuertemente quebrándome los huesos.
¿Por qué? ¿Cómo fue capaz de dañarme de esta forma tan atroz? Él cuido de mí siempre lo hacía y de la única persona que debió de cuidar de mí fue de él mismo.
Restriego todo mi cuerpo con fuerza quitándome todo rastro de suciedad, de su maldito aroma. Aun siento sus asquerosos besos en mi piel, su toque de tan solo recordarlo me dan arcadas y cada podrida cosa que salía de su boca me hacen recordar que ahora no valgo nada.
No soy nada, soy solo un trapo sucio que mi propio hermano toco, primo, hermano ya esas palabras no valen nada para mí, él ahora forma parte de un depravado que violo a su propia prima mientras estaba inconsciente por el alcohol.
¿Por qué? ¿Que ganaba con eso? ¿Acaso no pudo buscarse a alguien más? ¿Por qué tuve que ser necesariamente yo, su propia sangre?
No sabe el daño que me causo lo odio, lo odio tanto. Lo denunciare, hare que pague por lo que me hizo.
Caminar duele como si me clavaran mil cuchillas en el cuerpo. Lentamente y con cuidado me pongo lo más cómodo y holgado que encuentro, con todo el valor que encuentro salgo de mi habitación para enfrentarme a todo lo que se viene.
Lo pensé, lo pensé todo muy claramente. No me importa que me familia se arruine, que todo se valla al caño, no me importa que mis padres se rompan al escuchar todo lo que su dañado hijo me hizo, a mí me rompieron lo suficiente y nadie estuvo para ayudarme. Pagará todo y lo pagara muy caro.
Al terminar de bajar los últimos escalones voy en busca de Merry pero algo o alguien me detiene en seco.
—Hola hermanita ¿Adónde vas? — no me gusta esa sonrisa que Lucían trae en su rostro, se ve que en ella nada bueno trama.
—A la cocina — miento, algo en mi dice que no puedo confiar en él. Retrocedo y cuando iba a dar la vuelta choco con la persona que menos quería ver, el miedo recorre todo mi cuerpo y mis lágrimas empiezan a descender.
— ¿Segura? la cocina no está por allá — miro a Lucían que se acerca a mi tocando un mechón de mi cabello oliéndolo, lo aspira y gruñe como si disfrutara su olor.
— ¿Por qué lloras cariño? ¿Por qué nos mientes? — mi respiración se estaba intensificando, sentía que en cualquier momento iba a desfallecer.
— ¿Estas con él? ¿Por qué? — sollozo.
—Lo siento cariño, pero esto te lo buscaste tú misma — negué incrédula ¿Cómo se atreve a decir que es mi culpa? —Toda esta situación es tú maldita culpa Lucia.
—Están locos, ustedes dos están completamente locos — Damián me pego a él provocando que mi espalda se pegue a su torso. Sollozo nuevamente, su aliento en mi cuello me eriza la piel.
—Por ti mi ángel y solo por ti estamos locos — no lo pienso más y le propino un golpe que le hace soltarme al instante, Lucían trata de sujetarme pero me logro zafar de su agarre, corro directo a los escalones y los escucho maldecir. Pongo todo de mi parte para poder correr directo hacia mi habitación, logro llegar y cierro la puerta con seguro.
—Lucia abre la puerta — Damián toca con desespero — ¡Eres una perra! Lo lamentaras Lucia.
Lloro a mares, tengo tanto miedo que no paro de temblar. Busco alguna salida pero las ventanas están cubiertas de barrotes. Busco mi teléfono con desespero pero no lo hallo por ningún lado.
— ¡Puta mierda! ¡Abre la maldita puerta! — Lucían grito tras ella.
Pasaron minutos o eso creo y nada más se volvió a escuchar ¿Por qué nadie en esta casa se da cuenta de lo que está sucediendo?
Cuando pienso que todo acabo un estruendoso ruido me hace saltar en mi lugar, veo a Damián y a Lucían molestos.
—Este juego se acabó cariño — noto que Lucían trae un pañuelo en su mano, me estremezco pensado lo peor —Sujétala — le ordena a Damián y este se acerca a mí.
Lucho por no dejarme dominar pero ellos me ganan en fuerza y tamaño. Lucían pone aquel pañuelo en mi boca y yo hago lo posible por no aspirar su olor, al no poder soportar más estar sin respirar termine haciéndolo y poco a poco fui cayendo en una profunda oscuridad.