CAPÍTULO 4 El miedo en sus cuerpos

2179 Words
 —Alexis, toma esa escoba —le ordenó Arturo y el chico obedeció sin quejarse. —¿Yo que hago señor? —preguntó la empleada con una voz suave que daba escalofríos. —Usted se quedará atrás con la chica —le respondió dirigiéndose a la adolescente—, ¿Cómo te llamas? —Malia —respondió ella con un tono firme, pero se le notaba el miedo en todo su cuerpo. Era de baja estatura, piel pálida con cabello corto y de unos 14 años. —Bien, Malia quiero que te quedes detrás de Alexis. Arturo abrió la puerta y detrás suyo Alexis, Malia y la empleada que según su letrerito en su uniforme se llamaba Gloria y rondaba los treinta años, siguieron al hombre. Las luces seguían parpadeando y, aunque les encandilaba y los mareaba les era de mucha ayuda ya que no tenían lámparas y sus teléfonos no contaban con mucho batería y Arturo prefería que se usara para cuando hubiera señal y marcar rápido a emergencias para decirles su ubicación exacta y así salir de ese lugar que se estaba volviendo tenebroso y peligroso después de lo les había pasado a aquellas dos chicas y ha Madeley que por milagro estaba viva y también por Ángel quien fue quien actuó más rápido que los demás y la quitó del punto rojo a tiempo. Que por cierto más tarde cuando encontrara al muchacho lo regañaría pues había puesto su vida en peligro por salvar a una chica desconocida y, aunque Arturo sabía que sonaba mal y egoísta, él estaba buscando la salida para sacar a los cinco chicos y no podía permitir que corrieran ningún riesgo, más del que ya corrían estando atrapados ahí dentro. —Malia, ven —le llamó y ella obedeció pasando a Alexis hasta llegar al frente—, ve a esa esquina y asómate para que nos digas qué hay. Alexis le dio un golpe suave a Arturo, lo que estaba haciendo era cobardía. Poner a la chica como carnada era super bajo y era algo que el joven no aceptaría. Alcanzó a Malia quien ya estaba caminando y los dos juntos se asomaron. —¡Alexis, vuelve! —le gritó Arturo quien se acercó enojado. —Tranquilo, no hay nada —dijo Alexis avanzando. —Escúchame muy bien —lo tomó del brazo y lo miró a los ojos—, no quiero que ninguno de ustedes arriesgue sus vidas. —¿Y entonces pones en riesgo la de Malia por beneficio nuestro? —Alexis entiende... —Arturo. —¿Qué? —respondió de mala gana fulminando con la mirada a Malia. —La señora... — él volteó con la doña, pero esta no estaba. —¿Dónde se metió? —Se la llevaron... —¿Qué? ¿Quién se la llevó? —Arturo la tomó del brazo con delicadeza tratando de calmarla. —Un muchacho... Un... Se la llevo, le tapó la boca y se fue por aquel pasillo. —¿Cómo era? ¿Le viste la cara? —¿Qué? ¡No! ¡Claro que no! —ella gritó llevándose las manos a la cabeza—, él vestía de negro... —¿Qué? ¿Y cómo era su...? —¡Arturo, basta! Tan solo es una niña ya déjala —Alexis abrazó a la niña por los hombros—. Vamos, tenemos que encontrar a los demás. Arturo se había quedado con la boca abierta sin palabra alguna, se sentía indignado. Jamás Alexis le había gritado ni ninguno de los otros, esta sería la primera vez y se sentía muy frustrado por ello ya que él solo trataba de sacarlos a todos de ahí con vida y de ser posible sin ningún rasguño. Lanzó un suspiro en un intento de calmar su enojo y repitiéndose que lo dejara pasar. Comenzó a tirar un pie junto al otro hasta alcanzar a los otros dos quienes avanzaban con cautela. —Arturito… Todos se detuvieron de golpe y el nombrado se quedó helado con un escalofrió recorriéndole toda la espalda. Al fondo del gran pasillo donde se encontraban estaba una figura oscura, el cuerpo era corpulento y se parecía al de un hombre, pero la voz era falsa como si tuvieran un efecto de voz. Alzó algo que tenía sosteniendo en su mano derecha dejando al descubierto una gran sierra una muy grande y que se veía que estaba pesada. —A correr —susurró el individuo siendo escuchado perfectamente por los otros. Encendió la sierra y soltó unas risitas. Arturo no se la pensó dos veces y comenzó a correr con el corazón palpitándoles a lo máximo jalando a los otros dos. Alexis tomó de la mano a Malia para que no se quedara atrás y Arturo se pasó adelante guiándolos a un lugar donde no los mataran. La sierra se escuchaba cada vez más cerca y más y más cerca hasta tal punto de sentir los dientes cerca de sus orejas. —¡Por aquí! Arturo les abrió una puerta y en cuanto los dos jóvenes entraron cerró con seguro. Retrocedió lejos de la puerta respirando con dificultad, pero ya un poco mejor ya que el sonido de la sierra se había dejado de escuchar y además, se sentía más seguro ahí dentro o eso es lo que él creía. —¡Ahahahah! Malia gritó tan fuerte que Alexis la tomó en sus brazos para tranquilizarla. Él también había dado un salto y ahora tenía tantas ganas de vomitar, así como también ahora sentía Arturo espantado con tal imagen. Era una oficina de conferencias muy grande donde al menos veinticinco cuerpos desangrados yacían en el piso inmóviles. Había algunos que estaban destrozados, y a la mayoría les faltaba alguna que otra extremidad. Arturo tuvo que recargarse en la puerta para no perder el equilibrio y caer. Se preguntaba quién podría hacer algo tan inhumano como para destrozar cuerpos. —Arturo —Alexis lo llamó tapándose la nariz ya que el olor que desprendían los cuerpos no era agradable y eso que de seguro no llevaban más que una hora o menos ahí— El guardia. —¿Cuál guardia? Arturo se acercó a ver al qué apuntaba Alexis y tenía razón era uno de los guardias de seguridad quienes retenían a las fans para impedirles el paso. —¡Dios! Sigue... Vivo. Inmediatamente Alexis se arrodilló junto al guardia y trató de levantarlo, pero era imposible. Lo empezó a observar detenidamente aguantándose las ganas de vomitar por tanta sangre que estaba esparcida por todo el lugar. Tenía una herida de bala en el estómago, no tenía un ojo ni una pierna. Estaba sufriendo y mucho, se podía ver en su único ojo que le quedaba el dolor de su muerte lenta. —Co... Co... —¿Qué? Basta, no hable, tranquilo conseguiremos ayuda y... —¡Corran! —gritó escupiendo mucha sangre— ¡Corran! —¿Qué? —Alexis no entendía nada y se sentía un estúpido inútil al no poder hacer nada por esa persona—. Arturo ¿Qué hago? Él... —¡Corran! ¡Los matará a todos! —exclamó el guardia tosiendo y convulsionándose después. Alexis trató de hacer algo por él, pero casi al instante murió. Y de alguna manera todos allí presentes se sentían mal por no haber podido hacer nada para remediarlo. —Hay que salir... —¿Salir? Alexis ¡hay un loco con una sierra allá fuera! —Pues creo que es mejor que quedarnos aquí en esta carnicería. Arturo, molesto se fue a una esquina tratando de mantener la calma, todo esto era demasiado y su preocupación iba en aumento al imaginarse el peligro que corrían los demás. —Arturo, lo siento —se acercó el muchacho sintiéndose mal cuando sabía que su amigo y mánager solo quería sacarlos de ahí—, no quise que te enojaras solo que esto me está asustando. Arturo estoy asustado. El hombre se volteó a mirarlo y lo abrazó diciéndole que todo estaría bien, aunque esa no fuera la verdad, pero ¡Dios! Tan solo era un niño al igual que los otros cuatro y era obvio que debían de tener miedo. —Hay que buscar a los demás —dijo decidido el hombre y abrió la puerta lentamente. La zona estaba despejada y les hizo una señal para salir. Comenzaron a caminar con mucha precaución, pero Alexis se regresó y le quitó al guardia muerto su arma, la guardó bajo de su camisa y alcanzó a los otros quienes no se dieron cuenta de su escapada de unos segundos. … Uriel acariciaba el cabello de la chica para tranquilizarla, aunque él también estaba muy asustado. La sombra había desaparecido hace unos cuantos minutos cuando se escuchó un sonido de una sierra. Ninguno de los tres quería salir a verificar si alguien estaba ahí, mejor preferían quedarse tumbados a esperar algo, pero la situación estaba desesperando a Uriel, no quería esconderse en ese pequeño cuarto, quería ir con sus amigos y estar junto a ellos. No sabía qué había sido de ellos desde que cada uno corrió por su lado e imaginarse a alguien de ellos herido le resultaba aterrador. —Vamos, tenemos que ir a buscar a los otros... —Pero, Uriel —lo interrumpió Sam—, hay alguien allá... —Sam, basta —le detuvo Cindy ya de pie—, Uriel tiene razón y él sabe lo que hace. La chica tumbada se sintió intimidada por el semblante de Cindy, se levantó y asintió apenada, pero más que nada sentida. Uriel abrió la puerta y salió con Cindy tomándole de la mano. Comenzaron a caminar rápido casi corriendo y sus pasos se hicieron sonar por el lugar. —¡Ahah! —gritó Sam al resbalarse y caer. —Sam —Cindy se regresó y la levantó del piso— ¿Qué te paso? Ella se levantó con ayuda de la otra limpiándose el líquido rojo y espeso que tenía en las rodillas y manos. —¿Eso es...? —Sangre —terminó la oración Cindy volteando a ver a Uriel quien sorprendido y asustado miró a todo a su alrededor. —Está por todas partes —dijo al mismo tiempo que las luces se quedaron encendidas dejando a la vista la sangre luego volvieron a parpadear dejando el lugar medio oscuro otra vez. … —¡Chicos! Santiago se levantó al escuchar el grito de una chica demasiado cerca junto con voces muy bajas imposibles de reconocer. Los demás asustados se levantaron rápido poniéndose en guardia, excepto Lucas quien no podía ponerse de pie y Amanda lo abrazaba como protegiéndolo. —¿Qué pasa Santiago? —preguntó Ángel acercándose. —Gritos —susurró el moreno siendo escuchado por todos los presentes—, voces. Alguien está ahí fuera... —Es obvio, muchas personas quedaron atrapadas aquí dentro —comentó Andra ganándose miradas de desaprobación. —Andra, cierra la boca —le amenazó Madeley pasando junto a ella chocando su hombro con el de ella—. Pueden ser los demás chicos. —Puede que si —dijo Lucas—, vayan a ver yo me quedaré aquí. —No te dejaré Lucas. —¡Tienen que hacerlo Ángel! Vayan y encuentren a los demás que Amanda y yo nos quedaremos. Todos se miraron entre si sin saber qué decisión tomar, dejarlo con Amanda estaba bien, pero si se encontraban en peligro la chica no sabría cómo protegerlo, era algo flacucha y hasta daba la pinta de tonta, aunque no lo era. —Está bien —aceptó Santiago en un suspiro. —¿Qué? —Ángel se sobresaltó ante la decisión de su amigo. —Ya escuchaste —le regañó Santiago y el chico bajo la mirada—. Lucas se queda con Amanda ahora, vamos. Nadie dijo ya nada y todos salieron cautelosos, Ángel fue y abrazó a su amigo antes de salir. —Buscaremos ayuda —le dijo a su amigo con una sonrisa, luego miró a la rubia—. Amanda, protégelo. —Así lo haré —respondió ella con seguridad—, y tú protege a Madeley llevamos poco tiempo de conocernos, pero es una chica muy valiente. Ángel asintió ante la petición que lo tomo por sorpresa. Se levantó y salió junto a los otros. En realidad, Amanda tenía razón, Madeley era una chica muy valiente y no quería admitirlo porque al fin y al cabo era una fan, pero le estaba comenzando a tener cierto aprecio o tal vez era por la situación.  ...  —Te dije que por aquí no se habían ido —dijo la reportera enojada al chico de la cámara. —Yo vi que por aquí se fueron... —¡Pues aquí no están! —exclamó la reportera-—. Si grabo todo esto me ascenderán en la prensa. Caminó enojada y el chico solo sonrió, se llevó la mano al oído donde tenía un micrófono. —Sí, lo sé jefe, los tendré a la mira.
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