Madeley, Ángel, Andra, Santiago, Amanda y Lucas caminaban en silencio por muchos pasillos, subían y bajan escaleras sin saber dónde se encontraban. El aeropuerto era muy grande y de varios pisos y áreas diferentes, de hecho, la construcción duró mucho tiempo y también se gastó una gran suma de dinero. Bajaron unas escaleras eléctricas, que no servían, todos nerviosos de lo que pudieran encontrarse.
—Está derrumbado —comentó Santiago quien iba hasta delante.
Había varias partes en las que hubo una explosión ya que no solo era en la entrada principal, también en la de emergencia y ahora ahí donde estaban. Alguien quería asegurarse de que no hubiera ninguna posibilidad de salir.
—Ángel —la chica morena se estaba muriendo del miedo quería mantenerse firme, pero a lado de Ángel era diferente ya que ahora le debía la vida además de ser su crush, era la razón por la que estaba ahí en primer lugar. Si no fuera por eso en ese momento estaría en su casa.
—¿Sí? —la volteó a ver y, aunque las luces parpadeaban rápido y era todo algo borroso aun así Madeley podía admirar sus perfectos ojos y sonrisa.
—Gracias... Por lo de hace rato —dijo algo tímida y con la cara roja. Agradecía que estuviera algo oscuro para que él no la viera.
—No es nada —respondió como si no fuera algo importante, pero claro que lo era para Madeley, le había salvado la vida, pero ya sabría como agradecerle de otra forma.
—Chicos...
Todos se voltearon hacia atrás y haciendo caso a la voz de Andra quien estaba algo asustada.
—¿Dónde está Amanda? —preguntó frotándose los hombros—, ella estaba junto a mi hace un rato...
Lucas pasó a lado de la chica y la empujó con el brazo sin mala intención. Estaba tan preocupado por la chica rubia que no se dio cuenta de lo que estaba pisando.
—¡Amanda! —gritó el chico preocupado.
Su voz hizo eco en el lugar haciéndolo más tenebroso de lo que ya era. El silencio se vio interrumpido por llantos, de niños, mujeres y hombres.
—¿Qué es eso? —Madeley retrocedió tomando del brazo a Ángel.
—Llantos...
—¡Chicos, corran! —gritó Madeley a todo pulmón— ¡Corran!
Jaló a Ángel y los demás no tardaron en darse cuenta a lo que se refería la chica. Lucas miró a sus pies y estaba un gran charco de sangre y a unos cuantos metros personas heridas, pero todas con armas peligrosas en sus manos.
—¡Lucas! —Andra lo jaló del brazo y los dos fueron detrás de los otros tres quienes ya estaban alejándose.
Sudaban mucho y el aire era pesado, todos estaban cansados y eso que apenas era el principio. Sus corazones amenazaban con detenerse y causarles un paro cardiaco, pero sus ganas de vivir eran más fuertes.
—¡Entren! ¡Corran! —gritó Santiago, el mayor de todos, abriendo la puerta de una sala.
Todos entraron menos los dos últimos chicos, Andra y Lucas. Las personas detrás de ellos que los parecían estar locas o más bien desquiciadas. Un señor lanzó un martillo con fuerza chocando con la pierna de Lucas, este cayó al suelo lanzando un grito de dolor quedando en el piso donde a su lado había dos pasillos. Andra siguió corriendo y, aunque escucha los gritos del chico pidiendo ayuda no se detuvo hasta entrar a la sala donde estaban los demás.
—¡Lucas! —Ángel lo vio y salió a ayudarlo, pero Madeley lo empujó justo a tiempo cuando del otro lado del pasillo alguien había lanzado una pala golpeándola a ella en el brazo, pero que si no hubiera intervenido le hubiera atinado a Ángel.
Justo en eso Amanda apareció por pasillo derecho cubierta de sangre y levantó a Lucas, ella no tenía tanta fuerza, pero como pudo lo arrastró con la ayuda de Santiago quien llegó corriendo y lo cargó en brazos.
—¡Vamos!
Santiago entró corriendo con Lucas y detrás Amanda. Madeley cerró las dos puertas rápido y puso la pala que le lanzaron atravesada en los agarres. Las personas comenzaron a golpear y golpear mientras lanzaban gritos y sonidos extraños.
—Lucas, oye amigo reacciona —Santiago le dio de palmaditas y el chico parecía reaccionar.
—Me duele mucho —susurró Lucas cuando reaccionó y Amanda preocupada le tomó la pierna izquierda ganándose un quejido del chico.
—Perdón...
Le levantó el pantalón tratando de no lastimarlo tanto, pero apenas y le tocaba y él ya estaba gritando. Cuando pudo levantarle todo se vio lo mal que estaba tanto él como su pierna.
Amanda tuvo que apartarse para no tener que vomitar. Madeley se acercó y también se volteó topándose con el cuerpo de Ángel y se aprovechó de ello para recargarse en su pecho.
—¿Cómo se ve? —preguntó Lucas con la frente empapada de sudor.
—Bien...
—Parece como si se te fuera a pudrir —susurró Andra tirada en el piso agitada.
—Si no vas a apoyar lárgate —le reprendió Santiago enojado luego le devolvió la atención a su amigo.
—Santiago, no me mientas... —le pidió Lucas con los ojos cristalizados.
Tenía una herida debajo de la rodilla por la parte de atrás. Le sangraba, pero no mucho, pero eso no era lo peor. Lo peor y que se veía asqueroso era que tenía toda esa parte de la rodilla y alrededor por atrás hinchado como una gran bola y las venas saltadas. El color era verdoso con morado y se veía como tiritas de sangre por dentro de la pierna, como sangre molida.
—Está algo mal —confesó Santiago volteando a otro lado—, pero tranquilo Lucas saldremos pronto de aquí, ya verás.
Madeley se separó de Ángel y se tocó el brazo discretamente quería ver cómo se encontraba la parte donde le pegó la pala, pero al ver al chico en el suelo con la pierna así, tenía hasta miedo a que ella tuviera igual el brazo.
—¿Amanda?
Ella estaba quitándose su ropa, ahora estaba en ropa interior en una esquina detrás de un escritorio. Con su blusa se limpiaba todo el rostro.
—¿Qué te paso? —le preguntó Madeley.
—Nada...
—Hay un baño ahí creo.
Amanda volteó a la puerta que estaba a unos metros y corrió a ella metiéndose al baño. La sala era larga como un pasillo grande, pero con muchos escritorios. Amanda tomó agua del grifo y lavó todo su cuerpo con asco. Lloraba en silencio y, aunque sabía que Madeley estaba recargada en la puerta, no le importaba que la escuchara llorar ya que no podía evitarlo. Una vez que quitó toda la sangre de su cuerpo, le pidió a la morena que le consiguiera algo para ponerse, minutos después ya estaba envuelta en un saco oscuro grande que le llegaba un poco más arriba de sus rodillas, se puso sus tenis y se dispuso a ir con los demás junto a Madeley.
—¿Dónde te metiste Amanda? —preguntó Andra con una ceja levantada.
Ella cerró los ojos y negó con la cabeza.
—Escuché voces y me acerqué, había una puerta y... Y... Había sangre dentro y me resbalé llenándome toda de sangre.
Su voz le tembló y era obvio que ni Santiago ni Madeley le habían creído, los demás parecían conformes, pero los dos primeros sabían que había pasado algo más. Amanda ignoró las miradas acusadoras y se arrodilló a un lado de Lucas acariciándole la mejilla. Le pone un puso un trapo húmedo en la frente que había traído del baño y con papel le secó el sudor del cuello y rostro.
—Gracias —susurró Lucas y Amanda solo le sonrió.
—¿Ya se han ido? —preguntó Andra levantándose y caminando a la puerta ya que ya no se escuchaban ruidos desde hace un rato. Pegó su oído a las puertas y alguien se estrelló provocando que Andra cayera al piso y gateara a donde estaba antes.
—Iré por agua —avisó Madeley.
—Vamos —susurró Ángel.
Encontraron un garrafón y vasos desechables, los llenaron de agua y se los entregaron a sus amigos.
Madeley se regresó por más y sintió los pasos de chico detrás suyo. Las luces seguían parpadeando mucho y eso ya la estaba mareando.
—Gracias —le susurró Ángel agradeciéndole por lo de la pala.
—No fue nada —le respondió la chica sonriente y caliente de la cara. Ya estaban a mano.
Regresaron juntos con los demás y se sentaron en el piso.
—Hay que esperarnos un rato, para descansar —dijo Santiago pensativo también en el piso— Lucas tiene que estar tumbado un rato. Luego buscaremos a Arturo, Uriel y a Alexis para salir de este maldito aeropuerto.
Todos asintieron y se dispusieron a descansar un poco. Andra cerró los ojos y se acomodó cerca de un escritorio. Lucas descansó en el pecho de Amanda y ella le acarició el cabello con los ojos cristalizados.
Ángel estaba acostado en el piso y Madeley a su lado a unos cuantos centímetros con los ojos cerrados aguantando el dolor. Su brazo le dolía y mucho. Ángel lo notó y la atrajo a hacia él tocándole la parte lastimada a lo que ella suelta un quejido.
—Lo siento —es lo único que dice Ángel sintiéndose culpable antes de abrazarla y quedarse junto a ella acariciándole el brazo sin lastimarla.
Santiago no podía cerrar ni un poco los ojos, tenía sus ojos bien abiertos y atento a cualquier sonido y movimiento. Sabía que algo estaba pasando, esas personas no eran normales. Todo lo que sucedía era raro, pero de algo estaba seguro... Fuera lo que fuera, él estaría preparado para atacar y defender a sus amigos. Nada lo podría sorprender, ni esas ¿personas? Si así se les podía llamar. Era el mayor de los integrantes, tenía 21 años y tenía una hija de un año en casa a la que cuidar a su regreso y por ello también iba a sobrevivir a como diera lugar así tuviera que matar, lo haría, para cumplirle la promesa a su hija de volver a casa.