La rubia

1106 Words

Me quedé inmóvil en el umbral, una estatua de piedra que no podía respirar. No era un espectáculo privado; era una ejecución. El hombre de n***o me había enviado aquí, no para informarle a Dante de mi llegada, sino para que yo fuera testigo. * La mujer estaba totalmente enfocada, su cuerpo se balanceaba hacia adelante y hacia atrás. No era un movimiento apasionado; era una coreografía de obediencia. Podía escuchar los gemidos húmedos y bajos que escapaban de la mujer, ahogados por el trabajo de su boca. Eran sonidos de esfuerzo y sumisión, no de placer mutuo. Su espalda estaba ligeramente arqueada, sus manos estaban firmemente agarradas a los muslos de Dante, como si temiera ser empujada. Dante abrió los ojos lentamente. Y me vio. No hubo sorpresa. No hubo un parpadeo. Solo la más míni

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