+*+*+*+*+*+*+*+*+ Una vez que Dante desapareció por la puerta de cristal, llevando consigo la tensión más aguda, el ambiente en la oficina se relajó ligeramente. Sin embargo, la presencia de Isabella y Camille era un tipo diferente de presión: la del profesionalismo implacable que exigía la Mafia. Isabella, la logística, se acercó a la mesa de trabajo con una pila de carpetas. —Señorita Moreau. Necesitamos coordinar los detalles de seguridad. La hija del Señor Bianchi, por ejemplo, vendrá con dos guardaespaldas en un auto blindado. —Por supuesto. Que utilicen la entrada lateral y esperen en el salón de té privado —respondí, mi mente adaptándose rápidamente al lenguaje de la paranoia de lujo. El ballet no era arte; era un movimiento de fichas en un tablero de ajedrez. Camille, la socia

