Nick
Sería una enorme mentira si dijera que no me gustaba ver la cara que April tenía en esos instantes, tenía los ojos abiertos como si fueran a salirse de su cara. Ella nunca había imaginado nada de lo que veía en ese momento, mi madre posiblemente la consideraba una persona inmadura, pero yo creía que mirando a estos castillos de la forma en la que lo hacía parecía una princesa entrando a su lugar de origen, estaba volviendo a casa y yo haría lo necesario para que durante el tiempo que ella quisiera estar cerca de mí se sintiera como princesa. Sus lunares la hacían ver tan bien. No era de la clase de hermosas de revista que se ven a diario y de esas que no comen nada de carbohidratos, pero tampoco fea, poseía ese tipo de belleza que es imposible de ignorar y que ha convertido en poetas a las personas más tímidas del mundo, pero que no se veía a simple vista, poseía una belleza espiritual y pocos la percibirían, pero a mí me alegraba ser de esa minoría.
-Es hermoso -me susurró April- jamás había visto algo como esto excepto en los cuentos de hadas creados por Disney.
No quería perderme una sola palabra de las que pronunciaba. Mencionó Disney, debía llevarla ahí. Necesitaba hacerla feliz a toda costa y todo por lo que había sufrido. Tenía un brillo diferente desde que llegó a Italia, pero no la culpo, ese lugar es especialista en sembrarle vida a todos. Supongo que no le gustaría ir a la versión de Disney europea aunque si quisiera ir sin el bebé era una oportunidad excelente, no es que quisiera ser malo con alguno de los dos sino que no sabía cómo tratar a una chica en esa situación y en serio deseaba tratarla de la mejor manera posible.
-No quiero ir con un bebé -dijo April y me tense ante esa confesión porque básicamente nos había puesto en el ojo del huracán, papá me volteó a verme a punto de darme un golpe y todo sucedió en cuestión de segundos, creyó haber escuchado mal- quise decir que debería ir antes de tener uno.
Todos seguíamos por el camino de adoquín, Amelia siempre había sido de las que ama que las personas caminen y cada uno lo hacía como siempre debió de haber sido, me preocupaba April y no sabía si ella se daba cuenta de eso. Mi familia no podía enterarse del bebé. Papá comenzó a gritar a modo de saludo antes de llegar a donde nos estaban esperando todos, comenzaron a saludar las primas, primos, tíos, tías y algún sobrino. Todos estaban contentos por verme ahí, esperaba que saludaran a April sin habérselas presentado, pero nadie lo hizo, nadie excepto mi tía Amelia.
-Hola -dijo aproximándose hasta April- soy Amelia Napolitano, la tía de Nick, cariño siéntete como en casa, estas en familia.
April sonrió, pero me daba miedo que se fuera a soltar riendo a carcajadas por el apellido de mi tía, después de todo, no había ninguna persona allí (excepto ella y su bebé) que no portara ese apellido. Todos nos apellidamos Napolitano, me daba miedo que descubriera que mi nombre era Nicholas Napolitano, sería doble N y ya había sufrido bastante acoso por parte de mis compañeros escolares. Mientras divagaba mentalmente April estaba roja como tomate, era obvio que estar ahí la hacía sentir intimidada pero bajo la protección de Amelia no tenía nada que temer.
-Soy April Williams -dijo dudosa y con un tono de voz tímido; fue ahí cuando todos comenzaron a querer abrazarla, pero ella se apartó entendiendo que experimentaban la misma confusión que mi madre cuando se conocieron- de los Williams de Nueva York y no, nunca he estado en Oregón.
La única que se quedó a su lado fue mi tía Amelia, tan amable como siempre, en realidad me alegraba que el castillo le perteneciera a ella y no a alguien más de mi familia. Nadie nos enseñó a rechazar a las personas, pero siempre fuimos así, era como tener un chip en el sistema que nos costaba cambiar pero estaba seguro de que April iba a lograr un impacto positivo en la familia.
- ¿Entonces que hacemos aquí? -dijo mi tía tomando del brazo a April mientras se disponía a caminar junto con ella, al parecer había conseguido la mejor compañía posible- debemos pasar porque aunque la casa tiene un exterior precioso me gusta más la decoración que logré crear por dentro, por cierto, cariño les tengo a ti y a Nick la mejor habitación del castillo, tiene una vista extraordinaria y acabo de decorarla así que si necesitas algo mas solo debes pedirlo ¿necesitas algo más? ¿quieres algo? ¿tienes hambre? Cualquier cosa en la que tengas dudas respecto a este lugar puedo ayudarte e igual si ocupas alguien en quien confiar. Me imagino que Nick no ha tenido tiempo de contarte sobre nuestro árbol genealógico pero en el momento que decidas yo te puedo poner al tanto; se puede decir que soy tan vieja como el tiempo.
Ella tuvo dudas, pero al final se preparó para hablar. Me imaginaba que April estaba demasiado aturdida para hablar después de la información que le dio Amelia, esperaba haber heredado la mitad de la amabilidad de Amelia.
-Si -dijo April lo cual me sorprendió porque ella no pedía muchas cosas, en realidad nunca pedía nada- ¿podría quedarme a vivir aquí? Es un lugar maravilloso y en verdad amaría vivir en un sitio tan pintoresco.
Mi tía Amelia la miró con amor y soltó una carcajada; April se volvió a ruborizar tal vez porque creyó que se burlaba de ella, pero yo no podía dejar de pensar que si ella tan solo hubiera tenido la suerte de haber nacido de este lado del mundo hubieran podido ser madre e hija exactas. Ambas continuaron caminando y se veían tan bien, era como contemplar un cuadro de esos que ponen en los marcos para fotografías que tienen los padres en casa y yo estaba por unirme a su lado cuando Giselle me atrajo hacia ella. Eso solo significaba problemas.
- ¿Crees que soy estúpida? -preguntó ella. En un resumen breve Giselle era mi prima la que se iba a casar y tenía una personalidad manipuladora, le gustaba descubrir la verdad de todo y usarla cuando le convenía, su costumbre era tramar y por eso siempre estaba encabezando la lista negra de Amelia- ella está embarazada, no hay otra razón para tu noviazgo repentino, de seguro tiene un mes o dos como máximo debido a que no se le ve el vientre, supongo que tiene diecisiete o dieciocho años de edad por lo que es un año menor que tu o quizá un año y medio.
La miré con ganas de romperle esa respingona nariz, pero debía respetarla porque ya no teníamos cinco años para pelearnos y porque el respeto era fundamental entre la familia, al menos así nos habían educado, pero a decir verdad tenía mis dudas porque April era de la familia y no la habían respetado como deseaba o como se supone que nos educaron. Ella estaba embarazada, sí pero Giselle no tenía derecho a enterarse, nadie de esa casa podía enterarse si no salía de la boca de la misma April, se me hacía una falta de respeto imaginarme confesando algo tan privado para ella como eso y más aun con un montón de personas que la rechazaron en cuanto la conocieron; la boda duraría a lo mucho una semana y felizmente nos marcharíamos después de eso porque no podía permitir que pasaran demasiado tiempo juntos aunque antes de eso pasaríamos a comprarle ropa bonita para el viaje así podría garantizar que si al aterrizar en Nueva York decidía dejarme al menos su vientre no tendría frío.
-No está embarazada -mentí evitando mirarla a los ojos, no me gustaba mentir y últimamente había dicho demasiadas mentiras para mi gusto- y la amo Giselle, amo a April.
Ella me pellizcó y evité gritar de dolor porque de haberlo hecho nos hubieran empezado a tratar como si tuviéramos cinco años, Giselle se iba a casar y yo traía a una chica embarazada conmigo. Supuse que era parte de crecer el quedarme callado cuando me pellizcaba, supongo que le dolía que el raro Nick hubiera encontrado a alguien aun cuando fuera una mentira planeada hace unas horas atrás.
-Sea lo que sea voy a descubrirlo y tu lo sabes ¿verdad? -amenazó Giselle- porque dejaste a una chica ilusionada aquí bajo la promesa de que volverías y estarías con ella el resto de su vida, bueno, las cosas no sucedieron precisamente así, pero sabemos que tenían una relación. Esa chica te seguía esperando, pero supongo que en cuanto esto se sepa va a dejar de esperarte y le habrás roto el corazón doble.
No engañé a nadie, habíamos terminado antes de que me fuera a estudiar a Nueva York y no creo que ella se haya quedado esperándome porque nunca fuimos de ese tipo de relación fiel. Giselle solo la protegía porque era su amiga y supuse que sería una dama de honor en la boda así que a minutos de estar en mi viejo hogar ya tenía demasiadas preocupaciones como para tomar el primer vuelo que me llevara a mi nuevo hogar. Voltee a mi alrededor buscando a la madre de Giselle pero no la veía por ningún lado, solía llegar justo al inicio de los eventos y la boda de su única hija no sería la excepción; algunas madres no habían nacido para ser madres y ejemplo de ello eran mi madre y la madre de Giselle.
-Por lo visto sigues con el mismo prometido eterno -dije poniéndome a su altura, era lo bueno de haber crecido con ella, tuve tiempo de aprender cómo ponerla en su lugar- Amelia tuvo que haber recibido un muy buen argumento para dejar que te casaras con alguien que no aprueba.
El gesto de Giselle se ensombreció pero no me arrepentí de haberme metido con esa parte tan privada de su vida, no era un misterio que Amelia había estado en contra de ese noviazgo por demasiadas razones pero la que más significaba era que el joven en cuestión antes de ser novio de mi prima había sido novio de la exmejor amiga de mi prima; según la versión oficial ellos comenzaron a platicar después de que rompieron pero solo April podría creerse ese cuento porque yo sabía que ellos platicaban desde antes de que él terminara la relación anterior con el típico "ay, andamos mal" o el "ya no es lo mismo, está distante", siempre supuse que le daba vergüenza reconocer que le había gustado alguien con novia pero yo no era capaz de juzgarla porque creía que después de tanto decir que amaba a April terminaría amándola.
-Amelia ya fue puesta al tanto de todo -dijo sin voltear a verme y eso me preocupó- así que al menos ese lado ya se lo hemos dejado en claro, te has perdido demasiado con el tiempo que no has estado, deberías de mandar a la chica de vuelta a la gran manzana y quedarte aquí, sabes que la familia siempre es lo más importante y no creo que vayas a vivir de tomar fotos porque siempre recibes puntual el cheque de Amelia.
No era un dependiente de la familia y pensaba aportar demasiado con mi buen gusto en fotografía o al menos eso creía, Amelia me daba dinero, es cierto pero porque ella me veía como un hijo y nunca tuvo reparo en ocultarlo de las miradas curiosas como Giselle, al principio parecía insignificante pero con el paso del tiempo abrió una brecha enorme entre ella y yo.
-Amelia me quiere como si fuera un hijo -dije sin a penas pensar en mi siguiente frase- y te aseguro que lo que te preocupa en este instante es que April vaya a importarle más de lo que tú le importas pero no te preocupes querida Giselle, tienes un trono que April no ocupará porque hay demasiada bondad en su corazón para algo así.
Caminamos hasta la entrada de la casa, las remodelaciones de Amelia la hacían lucir más majestuosa de lo que era; quiso hacer un cambio radical desde que mi tío falleció, siempre había pensado que esa era la manera de canalizar todo el dolor que había experimentado y lo sabía porque siempre había sido así: cada cosa que le dolía la canalizaba decorando un nuevo rincón de la casa o algún árbol frutal, incluso los arbustos. Cada cosa que tuviera potencial podía contar con la tristeza de Amelia para ser transformada.